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Entrevista realizada por JOSÉ ALCARAZ Espiritual de Chicago Con Espiritual de Chicago Ignacio Borgoñós (Cartagena, 1975) nos sorprende pasando de la narrativa a la poesía con asombrosa naturalidad. Autor de cinco novelas hasta la fecha (Hotel Mandarache, Un hombre desnudo, entre otras) y varios cuentos, se presenta como poeta en un libro donde se congracia con la inspiración y la autenticidad. A su modo, parte de los spirituals que entonaban los esclavos del sur de Estados Unidos, y lo hace para ofrecernos su propia cosmovisión a través de Chicago, «una metrópoli que aparece en su grandiosidad y en su a veces descarnada inhumanidad», como apunta Ramona Sánchez Aparicio en el prólogo. Así, Borgoñós es testigo de los mayores contrastes y proclamador de las grandes preguntas, que traslada constantemente a La Providencia. No en vano, el libro ha obtenido el Premio Albacara de Poesía Mística San Juan de la Cruz 2024. Espiritual de Chicago (Gollarín, 2025) es un viaje que transcurre entre el delirio y la sensatez, donde el poeta lo mismo disfruta de la belleza más exquisita en el Art Institute que atraviesa un mar oscuro de adictos al fentanilo. Sólo en un libro así podría explicarse el encuentro alucinado y feliz de su autor con Walt Whitman en un Dunkin’ Donuts. Charlemos ya con Borgoñós sobre algunas de nuestras impresiones. —IGNACIO BORGOÑÓS: Digamos que era consciente de que se trataba del viaje de mi vida. La cultura americana siempre me ha atraído y nunca había estado en América, así que llegaba con cierta predisposición a esa celebración de la vida, deseando el encuentro con el lago Michigan, con los Chicago Bulls, con las obras del Art Institute como las de Jackson Pollock, David Hockney, Van Gogh, y el America windows de Marc Chagall, un lugar pletórico de recogimiento que me sorprendió; deseando el encuentro con los vagones del Loop y toda esa estética de las estructuras elevadas y remachadas que tantas veces hemos visto en las películas, con Union Station donde se rodó Los intocables de Eliot Ness, y otros muchos lugares míticos relacionados con la política, la música, el ocio, etc. Para mí fue un viaje muy literario que colmó todas mis expectativas y que, además, tuvo continuidad por otras ciudades y espacios de los Estados Unidos, tales como Milwaukee, Las Vegas o el Gran Cañón del Colorado. —ECP: ¿Tomaste notas durante el viaje o las palabras llegaron después, cuánto tiempo después? —IB: Ya antes de viajar allí sabía que escribiría sobre Chicago. Por eso llevaba un cuaderno de notas que completaba puntualmente cada vez que llegaba al apartamento turístico que tenía alquilado allí, junto a Harold Washington Library, anotando las vivencias, las sensaciones que había tenido o los lugares visitados. Era una gran oportunidad para escribir de los Estados Unidos y tenía claro que iba a ser así. Todas esas anotaciones, añadidas a las fotografías, las guías de viaje y a mi experiencia personal conformaron un material de lujo para poder escribir después tranquilamente desde casa. En cuanto tuve oportunidad empecé a escribir una novela que todavía tengo entre manos, y justo ahí fue cuando me venían flashes del viaje que enseguida tomaron forma de poemas. Además, como una confluencia de astros, acababa de leer el poemario de Miguel Sánchez Robles, Confesión de la sed, que había ganado el San Juan de la Cruz un año antes de que ganara Espiritual, y fue cuando se me ocurrió que podía hacer poesía mística y participar en ese premio que ya había ganado Miguel. Así que tuve que interrumpir la escritura de la novela para ponerme con la escritura de Espiritual. En realidad fue todo muy fluido, los poemas surgían porque estaba todo muy trabajado, muy vivido, tenía ilusión para llevarlo a cabo. Allí estaba Walt Whitman, estaba el vagabundo que vi en los vagones del Loop, estaban las escaleras de Union Station y estaba Ness, estaba la melancolía que encontré al asomarme por la ventana de mi apartamento de madrugada y que reflejo en el poema ‘04:00 A.M.’, estaba todo aquello de sentirme muy pequeño en un lugar tan grande, estaba ya todo ese proyecto vital y metafórico que es comenzar en el kilómetro cero de la Ruta 66, que está en Chicago, y terminar la ruta en las playas de California, como reseño en el último poema del libro. Escribí todo eso. Y tan sólo transcurrió un año desde el viaje hasta recoger el premio por Espiritual de Chicago. —ECP: En el libro abundan grandes preguntas de dimensión espiritual. ¿Te ayudó su escritura a encontrar respuestas? —IB: Hay una correspondencia entre los escritores Philip Roth y Milan Kundera, donde dicen que vivimos en un mundo donde nadie se hace preguntas y en donde todo son certezas. Esto que comentaban Roth y Kundera me inspiró la estructura del poemario, que debía estar plagado de preguntas. Creo firmemente que la curiosidad, hacerse preguntas o tener inquietudes es la mejor manera de aprender, de progresar, de crecer. Desgraciadamente, hoy en día todo el mundo parece tener sólo certezas. Lo tenemos todo claro. Y así no se puede avanzar. Por eso Espiritual está lleno de preguntas, porque tengo ansias de aprender, de saber, al modo kantiano, qué debemos hacer, cómo debemos actuar. Lo que sucede es que, como bien dice, esas preguntas se adentran en una dimensión espiritual porque cuando uno está en Chicago se siente muy pequeño y a mí me surgieron preguntas, y a mí me surgió una especie de conversación con el absoluto, donde planteo las dudas que tengo, tales como: qué va a ser de esos vagabundos del Loop, qué se va a hacer con toda esa gente rica que quema sus tarjetas de crédito, con la gente que va a lo suyo. ¿Respuestas?, tal vez lo importante sea preguntarse todo eso, el camino que recorremos, la obligación de plantear las preguntas al menos. Las enseñanzas entonces llegan por sí solas. Podría decir que este libro me ha ayudado a ser mejor. Pero lo realmente importante es si he sido capaz o no de hacer pensar a quien lo lee, de hacer disfrutar con todas esas reflexiones a quien lo lee. Me llega un buen feedback y eso para mí es suficiente. —ECP: Que somos seres insignificantes frente a la grandeza del universo queda patente en el poema ‘Un vídeo de Carl Sagan’. Sin embargo, a la misma vez, se percibe en todo el poemario un desbordamiento de los versos y del sentimiento del propio ser. ¿Qué reflexión haces de ello?
—IB: Sí, el poema al que te refieres es uno donde reflejo, emulando un vídeo del afamado divulgador científico Carl Sagan, una situación donde una cámara se va alejando poco a poco hacia arriba desde una casa con piscina, y enseguida ya no se ve la ciudad, ni el país donde se encuentra esa casa con piscina, ni el continente al que pertenece, ni el planeta Tierra; hasta llegar a un color negro absoluto. Es un poema donde reflexiono sobre nuestra insignificancia en términos absolutos, que es lo que dejo ver allí. Pero lo interesante de ese poema es lo que no dejo ver, que es la postura individual de la gente una vez que es consciente de su insignificancia. ¿Se comportarán entonces de la misma manera o tal vez cambien su comportamiento? Ahí está el peso del poema. Nuestra existencia puede ser gozosa en términos individuales si sabemos jugar nuestras cartas, si nos sabemos rodear de gente que nos aporta, de afectos, de ilusión, solidaridad, bondad. Ése es el éxito vital. Si la insignificancia es para todos por igual, para qué matarnos entre nosotros, para qué ser insolidarios, para qué andar sufriendo o amargados. La insignificancia puede traer consigo algunas conclusiones interesantes, incluso la euforia, la celebración de la propia vida. —ECP: El imaginario cultural está muy presente en el libro. En él, ante todo, sobresalen escritores con nombre propio. ¿Es la lectura una suerte de oración para ti? —IB: Es una forma de respuesta. En los libros está todo. En la poesía está todo, a modo de último refugio o salvación, como esa brutal cita de Joan Margarit con la que abro Espiritual, que dice «No hay nada más. La poesía es hoy la última casa de misericordia». Yo busco respuestas en los libros. En los libros se puede encontrar un recogimiento muy parecido al de la oración, porque también se hace generalmente en soledad, aunque también se pueda hacer en voz alta y en público. En Espiritual hay poemas que tienen muy presente a Hemingway, a Whitman, o a los anteriormente citados Roth y Kundera; todos ellos admirados por mí. Se me ocurre que la oración puede ser este tipo de lecturas, por qué no. Esta intimidad con sus escritos, esta reflexión conjunta escritor/lector, esta sensación de plenitud tras leerles, esta constancia, esta sed de saber, de conocer. Podría serlo. Es más, una circunstancia a la que tú aludes en la introducción a esta entrevista, esto es, «el encuentro alucinado y feliz de su autor con Walt Whitman en un Dunkin’ Donuts», podría reflejar mejor que cualquier otra cosa, lo que quiero responder aquí. Porque tal vez esa aparición de Whitman signifique la importancia que tiene la literatura en mi vida, pues veo literatura por todas partes. Es mi forma de vivir, de orar. —ECP: «La civilización no podrá salvar al ser humano», anuncias en uno de los versos. Pareces tenerlo muy claro, además. Sin embargo, también hay lugar para la celebración y la euforia. —IB: Claro. Todo esto ya está en Immanuel Kant, con todo aquello de que debemos intentarlo aunque resulte infructuoso. Es una obligación moral. Comparto el pesimismo que profesó Saramago y, a la vez, ese tesón de Kant. Debe ser compatible todo ello. No tengo muchas esperanzas en el ser humano al modo del propio Saramago o Dostoievski, pues hacer algo recto con algo tan torcido e imperfecto como el ser humano es difícil. Sin embargo, estamos pletóricos de humanidad, y con ello se abre espacio la celebración de la vida e incluso la euforia. Espiritual de Chicago es en cierta manera esa celebración de la vida, donde hay espacio para la reflexión, pero también para la plenitud del baloncesto de los Bulls, de la música de Bob Dylan, del encuentro con América, espacio para disfrutar de las obras de Jaume Plensa. Todo eso me pasó allí: pelos de punta en el United Center viendo a los Bulls en un partido de la NBA con todas esas banderolas de sus seis títulos, con las camisetas retiradas de Jordan y Pippen; pelos de punta con Crown foutain de Plensa, con todos esos rascacielos junto al río, con mi encuentro con el lago Michigan, con las obras exhibidas en el Art Institute, con el brutal grafiti del bluesman Muddy Watres. Es eso, diferenciar entre el absoluto y la mundanidad. —ECP: Una sensación de extrañamiento constante atraviesa toda la obra. A un espíritu sensible no le queda otra que llevarlo con aceptación, ¿cierto? —IB: Por supuesto. Me defiendo con la literatura, al modo de Manuel Vilas, «contra la ferocidad del mundo», de un mundo que me produce extrañamiento, donde aflora el egoísmo, el odio y todo lo peor del ser humano. De ahí la poesía y la cita anteriormente mencionada de Margarit, que abre el libro. Pero es que en Espiritual se refleja todo eso, por este motivo allí aparecen esos adictos al fentanilo, esos vagabundos que muestran las grandes diferencias sociales de los Estados Unidos, por eso tantos y tantos heridos por el mundo. No me gusta lo que veo en pleno siglo XXI, no hemos aprendido nada. Por eso en muchas ocasiones me repliego a la lectura, a la escritura, al mundo de curiosear en las librerías de segunda mano en busca de pequeños tesoros a los que ya nadie les hace caso, que es una forma de sobrellevar ese extrañamiento que me produce el mundo. —ECP: Y hablando de extrañamiento, no pareces haberlo experimentado al pasar de la narrativa a la poesía. ¿Cómo te has sentido? —IB: Muy a gusto. Soy un narrador que siempre ha leído poesía. He asistido a muchas presentaciones de poemarios donde nunca he encontrado compañeros narradores, y ahí estaba yo. En todas las librerías consulto la sección de poesía. Por eso siempre me he sentido cercano al gremio poético, aunque no había escrito nada al respecto hasta Espiritual. Esa acumulación de lecturas me ha ayudado. En este trabajo el buen lector sabrá adivinar mis lecturas e influencias de Julio Llamazares y de Gamoneda, para algunos de los poemas. Influencias de Sánchez Robles y de Vilas, en otros. La verdad es que me apetecía mucho escribir poesía y demostrar de alguna forma que se puede hacer poesía mística 2.0 para actualizar el género. Son muchas las personas que se echarían para atrás si les proponemos leer poesía mística a día de hoy, porque la asocian a Santa Teresa, a San Juan de la Cruz, al bachillerato, incluso me atrevería a decir que a algo caduco y aburrido. Por eso Espiritual, en el fondo, era una gran apuesta, una apuesta para ver si era capaz de hacer algo respetuoso con el misticismo y, a la vez, algo completamente moderno y cosmopolita. El proceso de escritura de Espiritual ha sido muy gratificante y el resultado final tremendamente satisfactorio. Es más, haré una pequeña confesión aquí para terminar: todo aquel que me conoce bien sabe de mi querencia por la obra de Miguel Sánchez Robles, pues bien, tras la publicación de este libro recibí un whatsapp del escritor caravaqueño muy elogioso para con Espiritual. Este hecho lo considero uno de los mejores momentos en mi carrera como escritor, quizá el mejor.
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Entrevista realizada por IGNACIO BORGOÑÓS «Escribir un libro es dejar en la Tierra una vela encendida» Premio Torrente Ballester 2019 Hace ya bastante tiempo que el nombre de Miguel Sánchez Robles (Caravaca de la Cruz, 1957) es todo un clásico en el palmarés de los premios literarios más afamados de novela, cuento y poesía. Este escritor incombustible cada vez afila más el colmillo y sus textos son más desgarradores, más profundos, más existenciales. Cuando lees un poema de Miguel parece que alberga cuanto otros dirían en las trescientas o cuatrocientas páginas de una novela, cuando lees una novela de Miguel parece que todas aquellas páginas son poesía. Ese es el encanto de un tipo capaz de haber creado un estilo propio, un estilo acertado que sabe tocar el alma de los lectores, acariciarla, incluso jugar durante un tiempo con ella, para luego dejarla allí, por los suelos, condolida, cegada por la luz de la razón; un alma ya de por siempre triste y contenta a la vez, reflejo de la vida que todos intentamos explicar pero que ninguno lo consigue. Su humildad fascina, cualquier otro con la mitad de los premios que él ha ganado estaría postulándose para dar clases en Berkeley, hablaría ex cátedra o miraría con desprecio al resto de escritores de su tiempo. Sin embargo, Sánchez Robles va a lo suyo, premio a premio, sin quebraderos de cabeza por llegar a publicar en Alfaguara o alzarse con el Planeta, cuestión que por otro lado proporciona cierta tranquilidad. Jubilado ya de la Enseñanza, se contenta con escribir a diario, que es probablemente el mayor regalo que le ha dado la vida y, para sus incondicionales, que siga haciéndolo es como que la existencia decidiera besarte en la boca. Nada tiene que envidiar a los grandes, él ya es uno de ellos. Y si me apuran, podríamos estar ante el mejor escritor español vivo. ¿No me creen? Que el más pintado se presente a un premio literario —eso sí, de los limpios— donde también lo haga Miguel. Mis condolencias, porque no tendrá ninguna posibilidad ante este caravaqueño que ahora nos presenta su última novela, Algo pasa en el mundo, premiada, como no podría ser de otra forma, esta vez con el Torrente Ballester 2019. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Qué demonios pasa en el mundo, Miguel? —MIGUEL SÁNCHEZ ROBLES: Que la humanidad se ha enamorado de que lo fácil calme su cerebro y fuera de internet todo ha comenzado a oxidarse. El mundo se ha convertido de pronto en un delirio y cada día parece funcionar más como una vieja máquina de desgranar panizo. Quien haya visto trabajar alguna entenderá mejor lo que digo. Se ha acelerado en su metabolismo y ha desbordado a la ficción, casi ha conseguido hacerla ya superflua. Muchas de las cosas que en él suceden son demasiado esperpénticas y demasiado complejas a la vez, un engrudo difícil de tragar. Pero también está lleno de retos y de motivos para fundar nuevas esperanzas que sustituyan a las promesas caducadas. En ese sentido, comparto estas palabras de Paul Auster: «Lo que realmente asombra no es que todo esté derrumbado, sino la gran cantidad de cosas que siguen en pie». Es apasionante lo que va a suceder en las próximas décadas, aunque existan muchos peligros latentes, mucho temor y un riesgo enorme de que todo puede ir a peor. A mí me asusta la posibilidad de esa muerte del pensamiento que se ve venir y esa desconsideración a la dignidad humana que conlleva, el apayasamiento de lo trascendente y el auge del oprobio y de la bobería de los que hablaba Borges. Pero también sé que el ser humano, en situaciones así, casi siempre ha tenido valor de hacer algo nuevo por la vida. Ese es el tema: Hacer algo bueno y nuevo por la vida. Se podría empezar por una lista de cosas, de “propósitos de enmienda”, por ejemplo, pero creo que ni siquiera esa ingenua y básica idea exista en la cabeza de nadie porque todo parece estar en shock. A veces pienso que el mundo es una especie de castillo de naipes o de torre de copas de cristal tan delicada y tan enormemente frágil que los ministros, los presidentes, los asesores y los reyes no pueden en realidad hacer otra cosa más que darnos la mano y sonreír. Y otras veces pienso que el mundo es hermosísimo y su idiotez atractiva. —ECP: El personaje principal de Algo pasa en el mundo es un tipo muy quemado, con la angustia vital a flor de piel. Pero resulta que el protagonista de cualquiera de tus cuentos también es así, la voz de tu poesía igualmente. Todos esos seres quieren expresar algo que los quiebra por dentro. ¿De qué se trata? —MSR: Bueno, esta pregunta es de nota. Requeriría la ayuda de un gabinete multidisciplinar de psiquiatras y filósofos, y tal vez de algún oftalmólogo. Responder a eso es muy difícil. ¿De qué se trata? ¿Qué nos quiebra por dentro? Yo creo que la vida misma a veces nos quiebra como a un fémur. Casi todos tenemos experiencias humanas en las que sentimos esa quiebra, incluso casi podemos notar en el alma ese sonido con que se parten un hueso o una rama en el momento mismo de un desengaño o una desgracia. Tarde o temprano todos llegamos a esa zona en donde no hay respuestas o a ese día en que nos damos cuenta de que casi todos los pájaros que había en nuestra cabeza se han ido para siempre. Unos llegan antes y otros después. El protagonista de mi novela llega muy pronto. El libro es también una confesión sobre ese “porqué”, como cuando alguien muere muy joven y llega al Cielo y se ve impelido a preguntarle al primer ángel que encuentra o a Dios en esos tres segundos que dicen que tendremos para hablar con él: “¿Por qué tan pronto?”. En la novela existe una minuciosidad escrupulosa y lírica sobre ese “tan pronto”, y sobre qué le ha llevado a Manu a ser así, a pensar así, a comportarse así, a amar así a quienes también están rotos como él y como Marta. Pero en esa actitud personal y salvífica de poder expresarlo hay también una gran dosis de trascendencia, de placer, de alcanzar la belleza del pensamiento, porque tal vez nunca tendremos la posibilidad ni de hacerle esa pregunta a Dios ni de escuchar la respuesta. En la cita inicial de Benedetti ya queda clara esa intención: «Nunca pensé que en la felicidad hubiese tanta tristeza». Es legítimo que las personas que son dañadas por la vida dejen testimonio de su herida. La Literatura es también eso, sobre todo eso. Esa vocación de redención y de ajustar cuentas con la realidad es muchas veces lo que lleva a alguien a la poesía, a la fotografía, al arte mismo. Mis personajes generalmente forman parte de esa humanidad herida por el amor y la vida, pero también hay en ellos un sentimiento de gratitud por la existencia, una infinita ternura, un deseo de no irse del mundo, de seguir en la Tierra. —ECP: En esta novela hay mucha nostalgia, hay dolor, pero también una cierta complacencia en haber vivido al menos una infancia y adolescencia donde todo era distinto, esperanzador, “auténtico” tal vez. ¿Qué hemos perdido? ¿De qué nos hemos dado cuenta? —MSR: Aunque no seamos conscientes de ello, hemos sido suficientemente felices y hemos visto y aprendido demasiadas cosas. Nos hemos dado cuenta de todo. Y aunque nos hagamos “el tonto” viendo series sin parar y echando horas y horas delante de un videojuego, también todos sabemos que podríamos vivir aún de otra manera más auténtica, más intensa, más propia. La infancia y la adolescencia están llenas de intensidad. Hasta los espacios parecen mucho más amplios y llenos de matices. Y eso produce mucha nostalgia después. Yo siento cómo mucha gente adulta huye de la intensidad. Lo noto. Cada día se huye más, cada día somos como más “apócrifos”, casi vicarios de nosotros mismos. Quiero comprender ese fenómeno y a veces creo que escribo y leo para eso. Hay una cita de Gabriel Ferrater que usé en uno de mis libros de poesía que responde también a esa realidad: «Éramos el recuerdo que tenemos ahora. Héroes impacientes para la fe sumisa del después». «La humanidad está enamorada de que lo fácil calme su cerebro y fuera de internet el mundo entero ha comenzado a oxidarse» —ECP: Eres poeta, autor de relatos, ensayista y novelista. Cultivas todos estos géneros con éxito porque ahí está el aval de los premios. En una entrevista concedida a un diario regional en 2006 dijiste que «Los premios literarios son la forma más digna de publicar». ¿Podrías incidir en eso? ¿Por qué no te interesan las grandes editoriales? —No he dicho nunca que no me interesen las grandes editoriales, lo que ocurre es que el proceso para llegar a ellas está lleno de trampas y requiere muchísimo hastío. En cierto sentido tienes que ser genuflexo y perder mucho tiempo en las genuflexiones. Tienes que venderte bien a ti mismo y para venderte tienes que servir, buscar trampolines, tocar las teclas y los timbres adecuados, saber muy bien el teléfono al que tienes que llamar, adular al que lo descuelga... Yo ni siquiera me he preocupado en saber dónde están esas puertas ni esos teléfonos. Ese es un mundo puramente materialista y venal en el que la suerte y el oportunismo son factores decisivos. Hubiera podido dedicar tiempo y esfuerzos para intentar llegar a ellas, pero he preferido emplear ese tiempo en escribir lo que me ha salido... “del alma”, en nadar, hacer bicicleta, viajar, leer, dar clase a alumnos llenos de vida que me han contagiado su vitalidad y me han ayudado a seguir siendo joven. Si quieres poder hacer todo eso, tienes que renunciar a cosas e invertir tiempo en la tarea requerida para “llegar ahí”, tiempo en hablar con gente que después tiene que hablar con otra gente que después tiene que hablar con más gente, como esos abogados de las películas norteamericanas que siempre tienen problemas y hablan de ellos con otros abogados que después tienen que hablar con más abogados y así sucesivamente. Además, creo que ya da igual, hoy en día unos libros sepultan a otros libros en muy pocas semanas, es todo demasiado voraz y comercial, ya no es tan “sagrado” ese prestigio. Las “grandes editoriales” a las que te refieres se mueven por unos objetivos y unos códigos que cada vez tienen menos que ver con la auténtica Literatura y más con la industria del entretenimiento y la publicidad. Yo he publicado casi toda mi obra a través de relevantes premios literarios y mis libros están ahí como puedan estar muchos de los otros, formando parte del mismo montón, del mismo olvido. A veces me escribe gente de Sudamérica o del algún lugar de España, incluso de librerías, preguntando cómo pueden hacerse de algunas de mis obras ya descatalogadas como La tristeza del barro o Corazones de cordero porque una persona “puntual” que tú no conoces de nada está interesada en leerlos, y eso me gusta, que alguien busque un libro tuyo que nadie ha intentado meterle con calzador o venderle con técnicas de marketing. Puede parecer poco, pero alienta porque es sincero y humilde está muy alejado de la voracidad del mercado. —ECP: En tu última novela dices que «Nuestras biografías son auténticas, pero nuestras vidas están empezando a ser falsas». ¿Qué nos ocurre? —MSR: Ocurre que «los ojos de los demás son nuestras prisiones y sus pensamientos nuestras jaulas», como dice Virginia Wolf. Y también ocurre que nos acostumbramos a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad, como postula en sus libros Milan Kundera. Esto, si lo pensamos bien, tiene mucho que ver con los efectos colaterales que están produciendo en nosotros las redes sociales y la globalización, lo amplifican. Y también ocurre que cuanto más avanzamos en la tecnología más parece devorarnos la Nada. Esto lo digo yo, lo escribí en un ensayo y está muy relacionado también con tu pregunta. «Pero no es lo más triste. No ser es lo más triste» escribí también en esa obra. —ECP: ¿Nos tenemos que reconciliar con nosotros mismos como género humano o ya no tenemos remedio? —MSR: Tenemos remedio, por supuesto. Tenemos más remedio que nunca porque tenemos más medios y más elementos de conciencia que nunca. Lo que no tenemos es la actitud, por eso de estar enamorados de lo fácil, de lo masivo, de lo gregario, y porque nos sentimos como perdidos dentro de un gallinero, de una inmensa granja. Necesitamos nuevas constelaciones de sentido. Necesitamos incluso silencio. Necesitamos pensar por nosotros mismos. A veces oyes hablar en la televisión a gente que no para de hacerlo, hay demasiada gente que no para de hacerlo, y te das cuenta de que hay algo terriblemente equivocado en todo lo que dicen, terriblemente mimético, vacío, trasnochado. Hay que parar esa locomotora “verborreica”, despejar esa niebla para tratar de ver bien a dónde pijo vamos antes de que la oscuridad pueda llegar a borrarnos todos los caminos. —ECP: ¿Y tú qué lees, Miguel? Porque tus cuentos y novelas no tienen una estructura usual y se nota que has querido romper con lo estandarizado. Yo creo que hasta te aburre leer y por eso exploras caminos propios. —MSR: Me cuesta mucho trabajo que me guste una novela “convencional”, que me conmueva un libro o una película o una serie. Pero a veces encuentro algo que me fascina, que te llena de enjundia, que te revela una verdad que no habías visto nunca. El otro día vi Esperando a Godot en Youtube de un ESTUDIO 1 en blanco y negro de hace más de cuarenta años y me pareció magistral, me quedé embobado. Sin embargo, esa obra la vi una vez en Madrid no hace mucho tiempo y no fue lo mismo, tenía un “sesgo guay”, uno de los personajes iba en calzoncillos y los actores abusaban de un histrionismo innecesario. Ese “sesgo guay” lo tienen ahora muchas obras de arte y mucha poesía y mucha pintura y mucha prosa y casi todo lo que sale por televisión. No puedo evitarlo, en cuanto lo detecto soy incapaz de seguir prestando atención. No es un prejuicio, es más bien un déjà vu. Siento que se están “quedando conmigo”, que me están vendiendo algo que no quiero comprar o que me están repartiendo un alimento sin sabor ni sustancia. En ese sentido soy tal vez exigente, lo reconozco, pero a veces encuentro pequeños tesoros en libros y películas magníficas que te ayudan a ampliar el diámetro de tus pensamientos. —ECP: ¿Has contado los premios literarios que has conseguido? —MSR: No. Nunca. No llevo esa cuenta porque tampoco lo tengo como un ranking o algo así. Soy anti-ranking. Tengo un amigo que se considera a sí mismo el «mayor anti-autovías del mundo». Es un placer beber vino y hablar con él de eso. Te lo explica y casi te convence. Nos partimos de risa. Pues en ese mismo sentido yo soy anti-ranking, anti los diez mejores libros del siglo, anti los diez mejores goles de cabeza, anti los diez mejores lo que sea. «La lectura y la escritura son también una expedición a la luz» —ECP: Leyendo tus poemarios La sucia piel del mundo o El destrozado cielo de los charcos se aprecia un caos latente. ¿Cómo hacemos para construir? ¿En dónde buscarías tú la luz? O es que «Seguir es mi única esperanza», como dijo Claudio Rodríguez en su ya mítico Don de la ebriedad.
—MSR: La claridad y la luz están en muchas cosas, Ignacio. Además de ser un don y de bajar siempre del cielo, como dijo también Claudio Rodríguez, yo personalmente encuentro mucha de esa luz y de esa claridad necesaria para no perderse en la vida, en la poesía y en la Naturaleza, incluso en el amor. En ese sentido soy fan del Universo. Hay dos universos, el universo de lo pequeño y el universo de lo grande, como se explica en el cuento de ficción sobre Dios que tiene que escribir Manu en la cárcel en Algo pasa en el mundo. Yo soy fan de los dos. Y lo que más me asombra es que exista esa luz y que vaya de una punta a otra de ambos. Los buenos libros tratan de acercarse un poco a esa omnisciencia mística que hay en la luz. No se puede construir nada sin luz. La lectura y la escritura son también una expedición a la luz. Escribir un libro es dejar en la Tierra una vela encendida. —ECP: El futuro era esto: Telecinco, Instagram, muchachas con jerséis enormes y zapatos con plataforma; Vaquerizo y toda esa tropa de tipos que ya no se quieren parecer a Steve McQueen, sino a ese rapero llamado Bad Bunny. ¿Hay tristeza en el hecho que la gente se mienta a sí misma? —MSR: Todos nos mentimos muy bien a nosotros mismos. Nos enseñan desde pequeños a hacer eso. No sé quién dijo que la verdad pura en la vida real no sirve para nada, pero iba encaminado. Sí, el futuro era esto, pero también hay que pensar que podría haber sido peor. Desde luego, el pasado no era tampoco ningún paraíso que digamos. Y las predicciones literarias que Huxley y Orwell hicieron eran mucho más terribles de lo que el mundo es hoy. Al menos ya no pasamos tanto frío en los pies. —ECP: Y para terminar, Miguel, te pregunto como al principio. ¿Qué demonios pasa en el mundo? —MSR: Para ser conciso, creo que decir eso de que «el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos» puede ser una buena respuesta. |
ENTREVISTAS
El Coloquio de los Perros. CABEZAS, ISMAEL
CAMARASA, RAFAEL CANO, LEONARDO CARBAJOSA, NATALIA CARBAJOSA, NATALIA [traducir... poesía] CÁRCELES ALEMÁN, ANA CARIDE, ALBERTO CARRILLO, MARÍA ENCARNACIÓN CARRILLO, VIRIDIANA CASTRO, JUANA CÉLINE CEREZUELA, ANA CERVERA, RAFA CHEJFEC, SERGIO CHEJFEC, SERGIO [5] CHESSA, ALBERTO CHESSA, ALBERTO [Anatomía de una sombra] CHESSA, ALBERTO [Non finito] CHICO, ÁLEX CISNERO, ALBERTO COMAN, DAN CONTRERAS, NADIA CORTINA, ÁLVARO CRUZ, GINÉS CRUZ GUERRERO, Mª CARMEN DELGADO, DESIRÉE DÍAZ, ANA CLAUDIA DÍEZ, JOSÉ MANUEL DOMINIQUE A ELENA PARDO, CRISTINA ELKOURI, RIMA ESPEJO, JOSÉ DANIEL ESPEJO, JOSÉ DANIEL [Perro fantasma] FABRELLAS, JOAQUÍN FONT, VIOLETA GAIRÍN, RAMIRO GALÁN, JULIO CÉSAR GALÁN MOREU, SALVADOR GALÁN MOREU, SALVADOR [No fall] GALINDO, BRUNO GALLARDO, JOSÉ MANUEL GALLUD, EVA GALVÁN, ANI GAMBOA, JEYMER GARCÍA, CONCHA GARCÍA, DIEGO L. GARCÍA JIMÉNEZ, SALVADOR GARCÍA LÓPEZ, ERNESTO GARCÍA MELLADO, ISABEL GARCÍA PÉREZ, MANUEL GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO [La nueva subjetividad] GARRIDO PANIAGUA, RODRIGO GASS, CARLOS GERANIOS, ANA GINÉS, ANTONIO LUIS GINÉS, ANTONIO LUIS [Antonov] GINÉS, ANTONIO LUIS [Corriente invisible] GÓMEZ, MACARENA GÓMEZ BLESA, MERCEDES GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO [QUIROMANTE] GONZÁLEZ LAGO, DAVID GRACIA, ÁNGEL GROZO, DANIEL GUERRA NARANJO, ALBERTO HENDERSON, DAIANA HERNÁNDEZ, GALA HERNÁNDEZ, JULIO HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [EL DOLOR DE LOS DEMÁS] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [ANOXIA] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [TIEMPO POR VENIR] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [YO ESTOY EN LA IMAGEN] HERNÁNDEZ BUSTO, ERNESTO IRIBARREN, KARMELO C. JACINTO, ANA LUISA JORGE PADRÓN, JUSTO JUAN, MIGUEL (de) KASZTELAN, NURIT LADDAGA, REINALDO LARA ALBERCA, JOSÉ MANUEL LAYNA RANZ, FRANCISCO LEZCANO, YULEISY CRUZ LINAZASORO, KARLOS LLOR, DOMINGO LOBATO, FLORA LÓPEZ, PABLO LÓPEZ AGÜERA, FULGENCIO ANTONIO LÓPEZ BRETONES, JOSÉ LUIS LÓPEZ KOSAK, ANDREA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA [Qué mundo tan maravilloso] LÓPEZ PELLICER, PABLO LÓPEZ POMARES, ALEJANDRO LÓPEZ SANDOVAL, DAVID LÓPEZ SORIA, MARISA LOUZAO, ALICIA LOZANO, MERCEDES MACHUCA, LUIS MAESTRO, JESÚS G. MALAVER, ARY MANUELA, ADRIANA MARGARIT, LUCAS MARÍN, MARÍA MARÍN, MARÍA [Lo que se hunde] MARÍN, MARIO MARÍN ALBALATE, ANTONIO MARQUARDT, ANJA MART, BLANCA MARTÍ VALLEJO, MAITE MARTÍN, RUBÉN MARTÍN GIJÓN, SUSANA MARTÍN IGLESIAS, VÍCTOR MARTÍNEZ CASTILLO, ANA MARTÍNEZ MÁRQUEZ, ALBERTO MENDOZA, NURIA MESA, SARA MICÓ, JOSÉ MARÍA MIGUEL, LUNA MIRALLES, INMA MOGA, EDUARDO MOLINO, SERGIO (DEL) MONTEVERDE, JULIO MONTEVERDE SÁNCHEZ, CONCEPCIÓN MOR, DOLAN MORALES, JAVIER MORANO, CRISTINA MOREJÓN, NANCY MORENO, ANTONIO MORENO, ELOY MORENO, JAVIER MORENO, SEBASTIÁN MORENTE, ESTRELLA MOYA, MANUEL MUÑOZ, MIGUEL ÁNGEL NAVARRO, ÓSCAR NETO DOS SANTOS, MANUEL NIETO, LOLA NORDBRANDT, HENRIK NUÑO, SIHARA OLMOS, ALBERTO OREJUDO, ANTONIO ORTIZ, DEMIAN ORTIZ ALBERO, MIGUEL ÁNGEL PALOMEQUE, AZAHARA PAPELES DEL NÁUFRAGO [Antonio Lafarque y Aníbal García] PARDO VIDAL, JUAN PARRA SANZ, ANTONIO PARRA SANZ, ANTONIO [Gómes & Cía] PELLICER, GEMMA PEÑA DACOSTA, VÍCTOR PEÑALVER, PATRICIO PEÑAS, ESTHER PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Querida hija imperfecta] PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Las sumas y los restos] PÉREZ LEAL, AGUSTÍN PÉREZ MONTALBÁN, ISABEL PERONA, JESÚS PICÓN, EMILIO PRADA, JUAN MANUEL DE PRUDENCIO, JESÚS PUJANTE, BASILIO PUJANTE, MANUEL QUIJANO SÁNCHEZ, EDUARDO REINA, NÉSTOR RÍOS, BRENDA RIVAS GONZÁLEZ, MANUEL ROBLES, SALVA RODRÍGUEZ, ALFREDO RODRÍGUEZ, ALFREDO [Urre Aroa] RODRÍGUEZ, ALFREDO [Días del indomable] RODRÍGUEZ, HILARIO J. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, ANTONIO RODRÍGUEZ PAPPE, SOLANGE ROMERO MORA, J.D. ROMERO MORA, J.D. [En el desvarío] ROSADO, JUAN JOSÉ ROSSELL, MARINA ROVALHER, DANIEL RUDEL, JAUFRÉ RUIZ, MIGUEL ÁNGEL RUIZ GUERRERO, Mª CARMEN SALSE BATÁN, ALEJANDRO SÁNCHEZ, GINÉS SÁNCHEZ, GINÉS [2096] SÁNCHEZ, GINÉS [El borde cortante] SÁNCHEZ, GINÉS [Mujeres en la oscuridad] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El órgano] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El nudo] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Factbook] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [La cadena del frío] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Los que escuchan] SÁNCHEZ GÓMEZ, MARISOL SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS [Pastillas debajo de la lengua] SÁNCHEZ MENÉNDEZ, JAVIER SÁNCHEZ ROBLES, MIGUEL SÁNCHIZ, ANTONI SANTOS, ABEL SCHWEBLIN, SUSANA SEÑOR, RUBÉN SERRANO, PABLO SORIANO, ADA SUANE, SAÚL TRIGUEROS, SARA J. ÚBEDA, ANABEL URÍA, JUAN MANUEL VAL, FERNANDO DEL VALDÉS, ANDREA VALERO, MANUEL VALLÈS, TINA VARAS, VALENTINA VEGA, MIGUEL VERA FIGUEROA, ALBA VICENTE, TERESA VICENTE CONESA, FRANCISCO VILA-MATAS, ENRIQUE Hemeroteca
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