|
EVELYN HOPE I ¡La hermosa Evelyn Hope ha muerto! Siéntate y observa a su lado una hora. Aquella es su estantería, esta su cama; arrancó aquel esqueje de geranio, que también empieza a morir en el vaso. Los postigos cerrados, no puede pasar la luz, salvo dos largos rayos por la grieta de la bisagra. II ¡Dieciséis años tenía cuando murió! Tal vez apenas había oído mi nombre, No era su tiempo para amar: además, su vida tenía muchas esperanzas y objetivos, suficientes obligaciones y pequeños cuidados, y ahora estaba tranquila, ahora agitada, hasta que la mano de Dios la llamó sin aviso, y la dulce frente blanca es toda suya. III ¿Es demasiado tarde entonces, Evelyn Hope? ¡Cómo!, tu alma era pura y verdadera, Las buenas estrellas se citaron en tu horóscopo, Te hicieron de espíritu, fuego y rocío, y solo porque yo era el triple de viejo, nuestras sendas en el mundo divergían tanto que uno no era nada para el otro, ¿he de oírlo? Éramos compañeros mortales, ¿nada más? IV Por cierto que no, pues Dios por encima es grande para conceder, tan poderoso para hacer, y crea el amor para recompensar el amor. Aún te llamo, ¡a causa de mi amor!, puede que se retrase aún más vidas, por los mundos que atravesaré, no pocos, hay mucho que aprender y mucho que olvidar antes que llegue el momento de llevarte. V Pero llegará el momento, al fin llegará, cuando, Evelyn Hope, ¿qué significó, diré, en la tierra inferior, en los años aún lejanos, ese cuerpo y alma tan puro y alegre? Por qué tu pelo era ámbar, adivinaré, y tu boca del rojo de tu mismo geranio y qué harías conmigo, en fin, en la nueva vida venida en lugar de la vieja. VI He vivido, diré, mucho desde entonces, he renunciado a mí mismo muchas veces. He ganado las ganancias de varios hombres, saqueado las épocas, estropeado los climas; mas una cosa, una, en el ámbito entero de mi alma, o bien me perdí o me perdió, ¡y te quiero y te encuentro, Evelyn Hope! ¿Cuál es el problema? ¡Veámoslo! VII Te amé, Evelyn, todo el tiempo; mi corazón parecía tan lleno como podía Había lugar, de sobra, para la franca joven sonrisa y la boca joven y roja y el pelo de oro joven, así que, silencio, te daré esta hoja para que la guardes, mira, la encierro en la dulce y fría mano. Ahí está nuestro secreto. Duérmete. Despertarás, recordarás y comprenderás. Traducción: JAVIER ALCORIZA
0 Comentarios
Niño pequeño en camisa, que lloriquea en una silla de hierro, traga, se sorbe los mocos, con su boca blanca llena de papilla, exasperado por el hermano mayor que muerde con ganas lo más grueso de una rebanada. La pelliza paterna, su basta pelambre en la nariz respingona, su aroma leonado y delicado, su tinte óxido más rutilante que el vestido de peluche raído del compañero de juegos y de cama. Sometido al gobierno humillante de las sirvientas curvadas en su labor en torno al balde de la colada que ellas han sacado al prado, desvestido sin miramientos, alzado del suelo, tendido en el hervor de su ira, la cabeza en su casco enjabonado que le irrita las pupilas con agria ponzoña, los puños en las mejillas, los pies al cielo donde el sol flamea entre el vapor como una rosa. El terror que remonta de su sombra perfilada sobre el cortinaje lo ahuyenta ya vestido hacia la cama plegable a la que él escala de un salto para agarrotarse en ella después de santiguarse tres veces, los ojos abiertos de par en par como un muerto en su sudario. Orejas coloradas, calzoncillos de felpa bostezantes sobre la palidez de las rodillas, lo conducen de la mano hasta el salón donde las damas acicaladas se asfixian de risa y de té mientras sus suaves dedos lo hacen retorcerse bobamente en un cosquilleo. Amanerada en su blusa y sus enaguas, la vieja solterona de cabellos candeales, con el rostro árido como el de un libro, el ojo sermoneador bajo unos quevedos. Enciclopedia en mano, se ponen lentamente en marcha. Dos pasos hacia adelante, un paso hacia atrás. Trabajosamente se abren un camino por las breñas del primer saber para ir a dar a costa de mucho llanto a un jardín diseñado con un arte tan perfecto que cualquiera que acceda a él está obligado a respetar su secular disposición. Ladronzuelo de peras, para desentenderse de un trato sin honor, que juega con el perro en el trastero y le habla muy bajito a la oreja como un guante del revés. Carreras de chicos a medio vestir, banasta a la espalda, calzones remangados sobre piernas terrosas, jornaleros voluntarios o de circunstancias por unos cuartos, orgullosos como príncipes de sangre que escoltan un carruaje regio. Golpes sordos de las barricas acarreadas campo a traviesa hasta la hoja batiente abierta de la bodega tallada en suave pendiente en la roca, parecida a la cala de un barco en la que humea el fango vinoso bajo la muela de los pies descalzos. Los más ágiles encaramados sobre el gigantesco brocal de madera saborean el espectáculo esférico de esos trabajadores de las tinieblas que titubean hombro contra hombro al destello naranja de una lámpara de tormenta. Llegado el atardecer, un fuerte y dulce olor enriquece los rostros de una alegría divina. Se entonan bajo la bóveda cantinelas escabrosas. Es la hora de reunir a los niños aturdidos por el sueño que cómo no protestan. El viento sobre la más alta línea de las mareas donde rulan como grageas los guijarros grises atigrados de malva, el viento soberano, su frío sabor, su aliento fogoso que vivifica hasta los huesos del cráneo y de las rodillas al niño en un aparte seducido por los encantos del mar. Trepando al árbol empavesado de frutos, montando a horcajadas sobre las ramas hasta el nido, fanfarroneando para caer como una manzana agusanada a los pies de la chica de la granja que ríe a carcajadas. Sobre el más alto peldaño de la escalinata, joven gato ovillado en el abrazo de las rodillas maternas de aromas a chipre. Ella, siempre tan reidora y activa, buscadora de colmenillas a orillas del camino, cazadora de víboras por los bosques prohibidos a los niños, que sabe con canciones alegrar las penas y de una tierna caricia desarmar los enojos, dura consigo misma sin ostentación, amante de las tareas domésticas, las pieles y las fiestas, ella tan grandemente abierta a la vida, pero firme y clarividente, sensible como un pájaro: ciertos atardeceres, el niño arropado en la cama con una voz tan hermosa que le es imposible cerrar los ojos. Lejos de los demás que juegan en la noche y mezclan sus risas a la fiebre de la velada, en cuclillas al calor secreto de los bosques, mientras escuchan el discurso de un ave de plumaje plateado, su vivo mensaje cifrado, su extraña llamada hacia honduras sin eco. Enclaustrado en el lecho, la frente empapada en sudor, sienes que laten, se desvela a trompicones bajo el fulgor sulfuroso de la lámpara para ahogar su terror entre las sábanas que se hinchan, se hinchan a toda velocidad como escapando al agarre de los puños crispados. La chimenea de mármol desplaza su vientre panzudo y abierto sobre las planchas del suelo donde unos pasos resuenan militarmente, las sillas desperezan sus patas velludas, el techo oscila y se disloca, enramadas y pasamanerías venenosas se contorsionan sobre las cortinas color de endrino entreabiertas. En el ojo de buey del espejo, un anciano calvo de tez pálida descubre por entero con su mirada oblicua una mala risa. Una araña gigante se balancea sobre sus hilos al volteo del sofoco. Por todas partes la inseguridad, la amenaza, el espanto en tanto infusiones y pastillas no hayan burlado el maleficio de la visión febril. Plantado sobre la punta de los pies en el corazón del laurel del que aparta el follaje para arrojar feas muecas a la pequeña vecina de visita quien, colgada del brazo de su madre, mordisquea nerviosamente sus trenzas fingiendo no ver más que las rosas admiradas por su carnación y su aroma sin igual, como corresponde a huéspedes bien educados. Todas esas personas mayores hablan sin descanso y tan fuerte que él se retira lejos de sus voces a su fábula interior. Que la cama que invita al sueño se vuelva a cerrar delicadamente sobre el cuerpo rendido con la mano familiar mejillas abajo, y es aún el bien puro de la infancia —es su cielo apacible apenas turbado por la violencia de las lágrimas que transforma en sonrisa esa mano protectora cuya labor rosa se guarda como un tesoro en el fondo de los párpados—. Traducción y nota: MANUEL ÁNGEL GÓMEZ ANGULO
|
TRADUCCIONES
El Coloquio de los Perros. AL HAZMI, ALI ANDRADE (DE), EUGENIO ANGELOU, MAYA ARMITAGE, SIMON BERT, BENG BERTRAND, ALOYSIUS BHATTACHARYA, DEEPANKAR BIANU, ZENO BLANCHARD, MAURICE BLANDIANA, ANA BOUCHET, ANDRÉ (DE) BOURSON, GILBERT BOUVIER, NICOLAS BRODA, MARTINE BROWN, STACIA L. BUZZATI, DINO CALVET, VINCENT CAPRONI, GIORGIO CARDOSO, RENATO F. CASTRO (DE), MANUEL CÉSAR, ANA CRISTINA CHAMBON, JEAN-PIERRE CHAVAL CHESTERTON, G. K. CHULLIKKAD, BALACHANDRAN CONTINI, DONATELLA CORSO, GREGORY COUTO, MIA COUTO, MIA [POEMAS] DEGUY, MICHEL DELANEY SPEAR, SUSAN DELBO, CHARLOTTE DELERM, PHILIPPE DIMKOVSKA, LIDIJA DOMIN, HILDE DOMINIQUE ANÉ DOMINIQUE ANÉ [OKLAHOMA 1932] DRUMMOND DE ANDRADE, CARLOS DUPIN, JACQUES EDSON, RUSSELL ELIOT, GEORGE ESPAGNOL, NICOLE ESPANCA, FLORBELA FERREIRA, VERGÍLIO FOLLAIN, JEAN FÔRETS, LOUIS-RENÉ des GARCIA, JUAN GINSBERG, ALLEN GIONO, JEAN GONZÁLEZ LAGO, DAVID GOZIS, GEORGE GRANDMONT, DOMINIQUE HAM, NIELS HAUTECLOCQUE, XAVIER (de) HÉLDER, HERBERTO HEMINGWAY, ERNEST HIERRO LOPES, BEATRIZ HIGHTOWER, SCOTT HOGUE, CYNTHIA IGLESIAS, XOSÉ JIYAN, RÊNAS JONSON, BEN JUDICE, NUNO KALÉKO, MASCHA KANDEL, LENORE KEROUAC, JACK KHAÏR-EDINNE, MOHAMMED KHENSIN, SUMITAKU KINNELL, GALWAY LACERDA, ALBERTO (de) LAYOS, ILÍAS LÉVIS MANO, GUY LUCA, GHÉRASIM LUCIE-SMITH, EDWARD McHUGH, HEATHER MAULPOIX, JEAN-MICHEL MAWGOUD, MONTASER ABDEL MERWIN, W. S. MICHAUX, HENRI MIERMONT-GIUSTINATI, ADELINE MILTON, JOHN MONTEIRO, KRISHNA MOORE, MARIANNE MORENO, ANNA NAPORANO, FERNANDO NERVAL, GERARD (de) NILO NUNES, LUIZA OLIVEIRA (DE), ALBERTO OSORIO GUERRERO, RODRIGO PESSANHA, CAMILO PESSOA, FERNANDO PINTO DE AMARAL, FERNANDO PLATH, SYLVIA POZZI, ANTONIA PRÉVERT, JACQUES PROUST, MARCEL POUND, EZRA QUINTANA, MÁRIO RAMBOUR, JEAN-LOUIS RAMOS ROSA, ANTÓNIO RAMOS ROSA, GISELA GRACIAS RATROUT, FAHKRY RILKE, RAINER MARIA RODRÍGUEZ-MIRALLES, JORGE HEMEROTECA
CategorÍAs
Todo
ArchivOs
Diciembre 2025
|
Canal RSS