EL COLOQUIO DE LOS PERROS
  • PRINCIPAL
  • CONTACTO
  • POESÍA
  • FICCIONES
  • ENTREVISTAS
  • TRADUCCIONES
  • ARTÍCULOS
  • LA BIBLIOTECA DE ALONSO QUIJANO
  • ESCRUTINIO DEL CURA Y EL BARBERO
  • MUSEO DE BARATARIA
  • HEMEROTECA
  • ÍNDICE DE AUTORES
  • JOAN MARGARIT: UNO DE LOS NUESTROS
  • DOSIER: 40 AÑOS DE LA OTRA SENTIMENTALIDAD
  • HOTEL VÍA LÁCTEA: JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ
  • PRINCIPAL
  • CONTACTO
  • POESÍA
  • FICCIONES
  • ENTREVISTAS
  • TRADUCCIONES
  • ARTÍCULOS
  • LA BIBLIOTECA DE ALONSO QUIJANO
  • ESCRUTINIO DEL CURA Y EL BARBERO
  • MUSEO DE BARATARIA
  • HEMEROTECA
  • ÍNDICE DE AUTORES
  • JOAN MARGARIT: UNO DE LOS NUESTROS
  • DOSIER: 40 AÑOS DE LA OTRA SENTIMENTALIDAD
  • HOTEL VÍA LÁCTEA: JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ
EL COLOQUIO DE LOS PERROS

TRADUCCIONES

MUESTRARIO DE OTRAS LITERATURAS POSIBLES

ALFRED TENNYSON

17/9/2025

1 Comentario

 
EL PALACIO DEL ARTE
 
Construí para mi alma una noble casa de placer,
en la que pudiera morar cómoda por siempre.
Dije: «Oh, alma, alégrate y disfruta,
querida alma, pues todo está bien».
 
Elegí una terraza rocosa, lisa como latón bruñido.
Las brillantes murallas alineadas,
desde las bases niveladas de los prados de densa hierba,
escalaba fulminante la luz.
 
Y allí la construí firme. Desde cornisa o saliente
la roca se elevaba clara, o como una escalera de caracol.
Mi alma viviría sola para sí misma
allí en su alto palacio.
 
Y «mientras el mundo gira y gira», dije,
«reina apartada, como un tranquilo rey,
inmóvil, mientras Saturno gira, su sombra firme
dormida sobre su anillo luminoso».
 
A lo que mi alma respondió al instante:
«Confía en mí, habitaré feliz
en esta gran mansión, construida para mí,
tan regia, rica y amplia».
*****
Foto
Hice cuatro patios, al este, oeste, sur y norte,
cada uno con su parcela de césped, desde donde
la garganta dorada de los dragones lanzaba
una espumeante inundación.
 
Y alrededor de los frescos patios verdes había una hilera
de claustros, ramificados como poderosos bosques,
que resonaban toda la noche con el sonoro fluir
de las fuentes rebosantes.
 
Y alrededor de los tejados, una galería dorada
que daba amplio acceso a tierras lejanas,
lejanas como alas de cisnes salvajes, hasta donde el cielo
se sumergía en el mar y las arenas.
 
De esos cuatro chorros, cuatro corrientes se unían
atravesando el arroyo de la montaña que fluía abajo
en pliegues brumosos, y flotando en su caída
encendían un arco iris torrencial.
 
Y en lo alto de cada pico parecía haber una estatua
colgada de puntillas, lanzando al aire
una nube de incienso de todos los aromas,
evaporada desde una copa dorada.
 
De modo que pensó: «¿Y quién contemplará
mi palacio con ojos despejados,
mientras este gran arco se balancee al sol
y se eleve ese dulce incienso?».
 
Porque ese dulce incienso se elevaba sin cesar
y, mientras el día se hundía o elevaba más,
la ligera galería aérea con doradas barandas
ardía como un fleco de fuego.
 
De igual modo, los vanos abocinados, con vitrales,
parecían lentos fuegos carmesí
desde las grutas sombreadas de los arcos entrelazados,
rematadas con agujas escarchadas.
*****
Foto
Foto
Estaba lleno de largos pasillos,
con bóvedas sobre una agradable penumbra,
por los que mi alma pasaba todo el día,
muy satisfecha, de habitación en habitación.
 
El palacio estaba lleno de estancias grandes y pequeñas,
todas diferentes, cada una un todo perfecto
de la naturaleza viva, adecuadas para cada humor
y cambio de mi alma silenciosa.
 
Algunas estaban cubiertas de tapices verdes y azules
que mostraban una alegre mañana de verano,
donde, con mejillas hinchadas, el ceñido cazador soplaba
su cuerno de guirnaldas.
 
Una parecía toda oscura y roja, un tramo de arena,
y alguien caminaba solo por ella,
caminaba por siempre en una tierra brillante,
iluminada por una luna grande y baja.
 
Una mostraba una costa de hierro y olas furiosas
que hubieras creído subir y caer
y rugir contra las rocas bajo cuevas bramantes,
debajo del muro ventoso.
 
Y otra, un río caudaloso que serpenteaba lento
junto a rebaños en una llanura infinita,
con los bordes jironados del trueno cernido,
con las sombrías rachas de lluvia.
 
Y otra, los segadores en su trabajo sofocante.
Delante ataban las gavillas, detrás
había reinos de tierras altas, pródigos en aceite,
y canosos al viento.
 
Y otra, un negro primer plano de piedras y escorias,
y más allá, una línea de atalayas, y más arriba
todas enrejaban con largos cirros los altivos riscos,
y más arriba, nieve y fuego.
 
Y una, un hogar inglés: el crepúsculo gris se vertía
sobre pastos rociados, sobre árboles rociados,
más suave que el sueño, todas las cosas en orden,
un refugio de paz ancestral.
 
Y no solo estas, sino todos los paisajes hermosos,
aptos para todo estado de ánimo,
ya fuera alegre, grave, dulce o severo, estaban allí
diseñados, no menos que la verdad.
 
O la madre sirvienta junto a un crucifijo,
en extensos pastos cálidos y soleados,
bajo un dosel de costosas ágatas,
sentada y sonriente, con un bebé en brazos.
 
O en una ciudad sobre el mar de murallas transparentes,
junto a tubos de órgano dorados, con el cabello
adornado de rosas blancas, dormía Santa Cecilia;
un ángel la contemplaba.
 
O apiñadas en un pórtico del Paraíso,
un grupo de huríes se inclinaban para ver
al moribundo islamita, con las manos y los ojos
que decían: «Te esperamos».
 
O el hijo herido del mítico Uther,
en algún hermoso espacio de verdes laderas,
yacía dormitando en el valle de Ávalon,
vigilado por llorosas reinas.
 
O ahuecando una mano sobre su oreja,
para escuchar unas pisadas, antes de ver
a la ninfa del bosque, el rey ausonio se detenía atento
a la sabiduría y la ley.
 
O sobre colinas de cimas puntiagudas
y largas llanuras de palmeras y arrozales,
el trono del indio Cama navegaba lentamente
por un verano abanicado de especias.
 
O el manto de la dulce Europa se desprendía
desde su hombro hacia la espalda:
de una mano colgaba un azafrán, la otra asía
el cuerno dorado del manso toro.
 
O bien Ganimedes, sonrojado, con su muslo rosado
medio hundido en el plumón del Águila,
solitario como una estrella fugaz que atraviesa el cielo
por encima de la ciudad porticada.
 
Y no solo estas, sino todas las leyendas hermosas
que la suprema mente caucásica
esculpió de la naturaleza para sí misma estaban allí
diseñadas, no menos que la vida.
 
Luego en las torres dispuse grandes campanas oscilantes,
movidas por sí mismas, con sonido plateado,
y con pinturas selectas de los sabios
adorné el estrado real.
 
Allí estaba Milton, fuerte como un serafín,
junto a él Shakespeare, afable y apacible;
y allí Dante, curtido por el mundo, componía su canto,
y sonreía con cierta aspereza.
 
Y allí estaba el padre jónico de todos ellos;
un millón de arrugas tallaban su piel,
cien inviernos nevaban sobre su pecho,
de las mejillas a la garganta y la barbilla.
 
Arriba, el dorado techo sustentado del salón
levantaban muchos arcos en lo alto,
y los ángeles ascendían y descendían
para intercambiar regalos.
 
Abajo había un mosaico finamente trazado
con ciclos de la historia humana
de este amplio mundo, los tiempos de cada tierra
tan bien tramados que no habrá falta.
 
La gente aquí, una bestia de carga lenta,
trabajaba sin descanso entre aguijones y espinas;
aquí jugaba un tigre, rodando de un lado a otro
las cabezas y coronas de los reyes;
 
aquí se levantaba un atleta, capaz de romper o atar
toda fuerza en cadenas que pudieran perdurar,
y aquí, una vez más, como un enfermo, declinaba
y confiaba en cualquier cura.
 
Pero ella los pisoteó, y aquellas grandes campanas
comenzaron a repicar. Ocupó su trono:
se sentó entre los brillantes miradores
para cantar a solas sus canciones.
 
Y a través de las llamas de los más altos miradores
dos rostros divinos miraban hacia abajo;
Platón el sabio, y Verulamio, de amplia frente,
los primeros entre los que saben.
 
Y todos esos nombres, que en su movimiento eran
manantiales rebosantes de cambio,
entre las esbeltas agujas estaban blasonados
con diversos y extraños atuendos:
 
traspasados por luz rosada, ámbar, esmeralda y azul,
ruborizadas sus sienes y sus ojos,
de sus labios, como de Memnón la mañana,
brotaban ríos de melodías.
 
Ningún ruiseñor se deleita en prolongar
su suave preámbulo en soledad
más que mi alma al oír su canto resonar
a través de la piedra acanalada;
 
cantando y murmurando en su dicha festiva,
gozando de sentirse viva,
Señora de la naturaleza, de la tierra visible,
Señora de los cinco sentidos;
 
comulgando consigo misma: «Todo esto es mío,
que el mundo tenga paz o guerras,
a mí me da lo mismo». Cuando la joven noche divina
coronaba el día moribundo con estrellas,
 
poniendo un dulce fin a sus deliciosas fatigas,
encendía luces en guirnaldas y diademas,
y quintaesencias puras de aceites preciosos
en huecas lunas de gemas,
 
para imitar al cielo, y aplaudió y exclamó:
«Me maravilla que mi quieto deleite
en esta gran casa tan real, rica y amplia,
sea halagado hasta tal punto.
 
¡Oh, todas las cosas bellas que sacian mis ojos!
¡Oh, formas y colores que tanto me complacen!
Oh, rostros silenciosos de los grandes y sabios,
¡mis dioses, con quienes habito!
 
¡Oh, aislamiento divino que es mío,
no puedo sino tenerte por una ganancia perfecta
cuando contemplo las oscuras manadas de cerdos
que recorren aquella llanura.
 
En fangosos lodazales revuelcan su piel lujuriosa,
pastan y se revuelcan, crían y duermen,
y a menudo algún furioso demonio entra en ellos
y los empuja al vacío».
 
Entonces parloteó sobre el instinto moral
y sobre la resurrección de entre los muertos,
como algo suyo por un hado cumplido,
y por fin dijo:
 
«Tomo posesión de la mente y actos del hombre.
No me importa lo que puedan discutir las sectas.
Me sentaré como Dios, sin profesar credo alguno,
pero contemplándolo todo».
*****
Foto
Foto
A menudo el enigma de la dolorosa tierra
la atravesaba mientras estaba sentada sola,
pero no por ello renunciaba a su solemne alegría
y a su trono intelectual.
 
Y así prosperó y floreció: durante tres años
prosperó; al cuarto cayó,
como Herodes, con el grito en sus oídos,
atacado por los dolores del infierno.
 
Para que no fracasara y pereciera por completo,
Dios, ante quien siempre yacen al descubierto
los hondos abismos de la personalidad,
la atormentó con una amarga desesperación.
 
Cuando pensaba, dondequiera dirigiera su mirada,
la mano etérea de la confusión escribía:
Mene, mene, y dividía por completo
el reino de su pensamiento.
 
Un profundo temor y asco por su soledad
caía sobre ella, y de ese humor nacía
el desprecio hacia sí misma, y, de nuevo,
la risa ante su propio desprecio.
 
«¡Cómo! ¿No es este lugar mi fortaleza?», dijo,
«Mi espaciosa mansión construida para mí,
cuyos sólidos cimientos se colocaron
desde mi primer recuerdo».
 
Pero en los rincones de su palacio se alzaban
formas inciertas, y de manera inadvertida,
junto a fantasmas ciegos con lágrimas cruentas,
y horribles pesadillas,
 
y sombras huecas con corazones de fuego,
y, con frentes sombrías y angustiadas,
junto a cadáveres de tres meses a mediodía, llegó ella,
arrimada contra la pared.
 
Un lugar de tedioso estancamiento, sin luz
ni poder de movimiento, parecía mi alma,
en medio de movimientos infinitos que avanzaban
hacia una meta segura.
 
Una piscina salada y silenciosa, entre rejas de arena,
abandonada en la orilla; que escucha toda la noche
cómo los hondos mares se alejan de la tierra
con sus blancas aguas guiadas por la luna.
 
Una estrella que a la danza coral de las estrellas
no se unía, sino que seguía inmóvil, y desde allí veía
el hueco orbe de las circunstancias en movimiento
girar conforme a una ley fija.
 
Se había enroscado en su orgullo serpentino.
«Ninguna voz», gritó en aquel salón solitario,
«ninguna voz rompe el silencio de este mundo:
¡todo se ha vuelto un profundo silencio!».
 
Pudriéndose en el podrido terrón de la tierra,
envuelta diez veces en perezosa vergüenza,
yacía allí exiliada del Dios eterno,
perdido su lugar y su nombre;
 
y odiaba por igual la muerte y la vida,
y no veía nada, por su desesperación,
sino un tiempo terrible, una eternidad
sin consuelo en parte alguna;
 
completamente confundida por los temores,
y peor a medida que pasaba el tiempo,
sin alivio alguno por las lágrimas sombrías,
y a solas en el crimen:
 
encerrada como en una tumba derruida,
rodeada por las tinieblas como un sólido muro,
a lo lejos creía oír el sordo sonido
de los pasos humanos.
 
Como por tierras extrañas un lento viajero,
en duda y gran perplejidad,
poco antes de que salga la luna oye el bajo
gemido de un mar desconocido;
 
y no sabe si es un trueno, o un sonido
de rocas desprendidas, o un hondo grito
de grandes bestias salvajes; y piensa: «He encontrado
una nueva tierra, pero voy a morir».
 
Gritó en voz alta: «Ardo por dentro.
No hay murmullo de respuesta.
¿Habrá algo que borre mi pecado
y me salve para que no muera?».
 
Así que, una vez cumplidos cuatro años,
se deshizo de sus ropas regias.
«Constrúyeme una cabaña en el valle», dijo,
«donde pueda llorar y rezar.
 
Pero no derribes las torres de mi palacio,
construidas tan hermosas y ligeras.
Tal vez vuelva allí con otros
cuando haya purgado mi culpa».
[1832; revisado en 1842]
Traducción: JAVIER ALCORIZA
(Dedicada a mi hija Raquel)


Foto

Foto
ALFRED TENNYSON (Somersby, 1809 † Lurgashall, 1892). Poeta y dramaturgo inglés posromántico, de los más ilustres de la literatura universal. Su poema ‘The Palace of Art’ es una alegoría sobre la búsqueda de la belleza y la independencia del arte, que culmina en la soledad y la vacuidad cuando esta búsqueda se desvincula de la experiencia humana y la conexión con la sociedad. El poema narra cómo una figura, que representa al artista, se retira a un palacio de su propia creación, un lugar que simboliza el arte y la imaginación puros, para vivir en la ausencia de lo terrenal y lo espiritual, sólo para descubrir que la belleza aislada carece de significado y que su alma sufre una profunda desolación.
1 Comentario
Marlene Vergilio
20/10/2025 09:34:24 am

El maravilloso poema de Tennyson recibió una primorosa traducción de la mano de Javier Alcoriza.

Responder



Deja una respuesta.

    TRADUCCIONES

    El Coloquio de los Perros.
    Revista de Literatura.
    ISSN 1578-0856

    ANTOLOGÍA PALATINA
    1. ANACREÓNTICA

    THE BOOK OF KELLS

    AL HAZMI, ALI

    ANDRADE (DE), EUGENIO 

    ANGELOU, MAYA


    ARMITAGE, SIMON

    BERT, BENG


    BERTRAND, ALOYSIUS

    BHATTACHARYA, DEEPANKAR

    BIANU, ZENO


    BLANCHARD, MAURICE

    BLANDIANA, ANA

    BOUCHET, ANDRÉ (DE)

    BOURSON, GILBERT

    BOUVIER, NICOLAS

    BRODA, MARTINE

    BROWN, STACIA L.

    BUZZATI, DINO

    CALVET, VINCENT

    CAPRONI, GIORGIO

    CARDOSO, RENATO F.

    CASTRO (DE), MANUEL

    CÉSAR, ANA CRISTINA

    CHAMBON, JEAN-PIERRE

    CHAVAL

    CHESTERTON, G. K.

    CHULLIKKAD, BALACHANDRAN

    CONTINI, DONATELLA

    CORSO, GREGORY

    COUTO, MIA

    COUTO, MIA [POEMAS]

    DEGUY, MICHEL

    DELANEY SPEAR, SUSAN

    DELBO, CHARLOTTE

    DELERM, PHILIPPE

    DIMKOVSKA, LIDIJA

    DOMIN, HILDE

    DOMINIQUE ANÉ

    DOMINIQUE ANÉ [OKLAHOMA 1932]

    DRUMMOND DE ANDRADE, CARLOS

    DUPIN, JACQUES

    EDSON, RUSSELL

    ELIOT, GEORGE

    ESPAGNOL, NICOLE

    ESPANCA, FLORBELA

    FERREIRA, VERGÍLIO

    FOLLAIN, JEAN

    FÔRETS, LOUIS-RENÉ des

    GARCIA, JUAN

    GINSBERG, ALLEN

    GIONO, JEAN

    GONZÁLEZ LAGO, DAVID

    GOZIS, GEORGE

    GRANDMONT, DOMINIQUE

    HAM, NIELS

    HAUTECLOCQUE, XAVIER (de)

    HÉLDER, HERBERTO

    HEMINGWAY, ERNEST

    HIERRO LOPES, BEATRIZ

    HIGHTOWER, SCOTT

    HOGUE, CYNTHIA

    IGLESIAS, XOSÉ

    JIYAN, RÊNAS

    JONSON, BEN

    JUDICE, NUNO

    KALÉKO, MASCHA

    KANDEL, LENORE

    KEROUAC, JACK

    KHAÏR-EDINNE, MOHAMMED

    KHENSIN, SUMITAKU

    KINNELL, GALWAY

    LACERDA, ALBERTO (de)

    LAYOS, ILÍAS

    LÉVIS MANO, GUY

    LUCA, GHÉRASIM

    LUCIE-SMITH, EDWARD

    McHUGH, HEATHER

    MAULPOIX, JEAN-MICHEL

    MAWGOUD, MONTASER ABDEL


    MERWIN, W. S.

    MICHAUX, HENRI

    MIERMONT-GIUSTINATI, ADELINE

    MILTON, JOHN

    MONTEIRO, KRISHNA

    MOORE, MARIANNE

    MORENO, ANNA

    NAPORANO, FERNANDO

    NERVAL, GERARD (de)

    NILO NUNES, LUIZA

    OLIVEIRA (DE), ALBERTO

    OSORIO GUERRERO, RODRIGO

    PESSANHA, CAMILO

    PESSOA, FERNANDO

    PINTO DE AMARAL, FERNANDO

    PLATH, SYLVIA

    POZZI, ANTONIA

    PRÉVERT, JACQUES

    PROUST, MARCEL

    POUND, EZRA

    QUINTANA, MÁRIO

    RAMBOUR, JEAN-LOUIS

    RAMOS ROSA, ANTÓNIO

    RAMOS ROSA, GISELA GRACIAS

    RATROUT, FAHKRY

    RILKE, RAINER MARIA

    RODRÍGUEZ-MIRALLES, JORGE


    SANDA, PAUL
    SCHEHADÉ, GEORGE
    SEXTON, ANNE
    SOLWAY, DAVID

    TABORDA DUARTE, RITA
    TARKOVSKI, ARSENI
    TEASDALE, SARA
    TISSOT, MARLÈNE
    TOURNIER, MICHEL
    TZARA, TRISTAN

    VALÉRY, PAUL
    VAN OSTAIJEN, PAUL
    VANDERCAMMEN, EDMOND
    VIAN, BORIS
    VILLIERS DE LISLE-ADAM, AUGUSTE
    WALDROP, KEITH
    WILDE, OSCAR

    HEMEROTECA
    AMARAL, ANA LUISA
    LOPEZ-MUGURTZA, JUANKAR

    CategorÍAs

    Todo
    Abdellatif Laabi
    Adeline Miermont-giustiniati
    Albert C Todd
    Alberto De Lacerda
    Alfred Tennyson
    ALI AL HAZMI
    Allen Ginsberg
    Aloysius Bertrand
    Ana Blandiana
    Ana Cristina Cesar
    Andre Du Bouchet
    Angel Gomez Espada
    Angel Manuel Gomez Espada
    Anita Savo
    Anna Moreno
    Anne Sexton
    Antologia Palatina
    Antonia Pozzi
    Antonio Ramos Rosa
    Arseni Tarkovski
    Arthur C. Danto
    Arturo Jimenez Martinez
    Auguste Villiers
    Aurelia Lassaque
    Aysel Aliveya
    Babu Thaliath
    Balachandran Chullikkad
    Beatriz Hierro Lopes
    Ben Jonson
    Brigit Pegeen Kelly
    Camilo Pessanha
    Carlos Drummond De Andrade
    Charlotte Delbo
    Chaval
    Cynthia Hogue
    David Gonzalez Lago
    David Solway
    Deepankar Bhattacharya
    Des Forets
    Dino Buzzati
    Dominique A
    Dominique Ane
    Dominique Grandmont
    Donatella Contini
    Edmond Vandercammen
    El Cementerio Marino
    El Coloquio De Los Perros
    El Hombre Que Plantaba Arboles
    En Las Entrañas De La Alemania Nazi
    Enrique Morales
    Ernest Hemingway
    Eugenio De Andrade
    Evelyn Hope
    Fernando Juliá
    Fernando Moldenhauer Ruiz
    Fernando Naporano
    Fernando Pessoa
    Fernando Pinto De Amaral
    Florbela Espanca
    Galway Kinnell
    George Eliot
    George Gozis
    George Schehade
    Gerard De Nerval
    Gherasim Luca
    Gisela Gracias Ramos Rosa
    Gregory Corso
    Guada Ruiz Fajardo
    Guy Levis Mano
    Hamid Herischi
    Heather Mchugh
    Henri Michaux
    Henry Wadsworth Longfellow
    Herberto Helder
    Hogue
    Isaac Lopez
    Itzel Corona Villar
    Jack Kerouac
    Jacques Prevert
    Javier Alcoriza
    Javier Merida
    Jean Cayrol
    Jean Follain
    Jean Garamond
    Jean Giono
    Jean-louis Rambour
    Jean-pierre Chambon
    John Liddy
    Jorge Rodriguez-miralles
    Jose Luis Fernandez De Albornoz
    Juan De Dios Garcia
    Juan Manuel Conesa Navarro
    Juan Manuel Portillo
    Juankar Lopez-mugartza
    Jules Supervielle
    Keith Waldrop
    Kris Delcroix
    Krishna Monteiro
    Laura Mongiardo
    Laurence Bouvet
    Leonore Kandel
    Lidija Dimkovska
    Louis Rene Des Forets
    Louis-rene Des Forets
    Lourdes Arenas Mazo
    Lucia Uria
    Lucy Leite
    Luis Machuca
    Luiza Nilo Nunes
    Luz Ayuso
    Manuel Angel Gomez Angulo
    Manuel De Castro
    Manuel Puertas Fuertes
    Marcel Proust
    Maria Tortajada Gallego
    Marianne Moore
    Marie-claire Bancquart
    Mario Quintana
    Marlene Tissot
    Mascha Kaleko
    Maurice Blanchard
    Mawgoud
    Maya Angelou
    Mia Couto
    Michel Tournier
    Miguel Angel Real
    Miguel Catalan
    Miguel-angel Real
    Mohamed Ahmed Bennis
    Montaser Abdel Mawgoud
    Natalia Carbajosa
    Natalia Velasco Urquiza
    Nicolas Bouvier
    Nicole Espagnol
    Nina Berberova
    Nina Kossman
    Nuno Júdice
    Oscar Paul Castro
    Oscar Wilde
    Pablo Franco Ortega Torres
    Paul Celan
    Paul Sanda
    Paul Valery
    Paul Van Ostaijen
    Pedro Sanchez Sanz
    Philippe Delerm
    Pierre Mac Orlan
    Rainer Maria Rilke
    Raisa Blokh
    Rambour
    Raquel Madrigal Martinez
    Renas Jiyan
    Rilke
    Robert Browning
    Roberto Bernal
    Robinson Jeffers
    Rodrigo Osorio Guerrero
    Russell Edson
    Rustam Behrudi
    Saint Pol Roux
    Sandra Santos
    Sankara Pillai
    Sara Teasdale
    Scott Hightower
    Sergio B. Landrove
    Simon Armitage
    Stacia L Brown
    Susan Delaney Spear
    Sylvia Plath
    Tatuxanym Myunusova
    The Book Of Kells
    The Palace Of Art
    Tran Nhuan Minh
    Tristan Tzara
    Vergilio Ferreira
    Vincent Calvet
    Viroica Patea
    W. S. Merwin
    Xavier De Hauteclocque
    Xose Iglesias

    Canal RSS

    ArchivOs

    Diciembre 2025
    Noviembre 2025
    Octubre 2025
    Septiembre 2025
    Agosto 2025
    Junio 2025
    Abril 2025
    Marzo 2025
    Diciembre 2024
    Septiembre 2024
    Junio 2024
    Mayo 2024
    Marzo 2024
    Octubre 2023
    Agosto 2023
    Junio 2023
    Enero 2023
    Diciembre 2022
    Noviembre 2022
    Agosto 2022
    Marzo 2022
    Febrero 2022
    Enero 2022
    Diciembre 2021
    Noviembre 2021
    Septiembre 2021
    Julio 2021
    Abril 2021
    Marzo 2021
    Febrero 2021
    Diciembre 2020
    Noviembre 2020
    Septiembre 2020
    Agosto 2020
    Julio 2020
    Junio 2020
    Mayo 2020
    Febrero 2020
    Diciembre 2019
    Septiembre 2019
    Agosto 2019
    Julio 2019
    Junio 2019
    Abril 2019
    Marzo 2019
    Enero 2019
    Diciembre 2018
    Noviembre 2018
    Octubre 2018
    Septiembre 2018
    Agosto 2018
    Julio 2018
    Junio 2018
    Mayo 2018
    Abril 2018
    Marzo 2018
    Enero 2018
    Diciembre 2017
    Noviembre 2017
    Julio 2017
    Mayo 2017
    Abril 2017
    Marzo 2017
    Enero 2017
    Diciembre 2016
    Noviembre 2016
    Septiembre 2016
    Julio 2016
    Junio 2016
    Marzo 2016
    Febrero 2016
    Enero 2016
    Octubre 2015
    Septiembre 2015
    Agosto 2015
    Julio 2015
    Abril 2015
    Marzo 2015
    Febrero 2015
    Diciembre 2014
    Noviembre 2014
    Octubre 2014
    Julio 2014
    Junio 2014
    Abril 2014
    Marzo 2014
    Febrero 2014
    Enero 2014

Con tecnología de Crea tu propio sitio web con las plantillas personalizables.