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ESCRUTINIO DEL CURA Y EL BARBERO

RESEÑAS ATEMPORALES PARA LIBROS DESCOMUNALES

POR AMOR A LA PATRIA

20/11/2025

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MAURIZIO VIROLI. POR AMOR A LA PATRIA
(Planeta, Barcelona, 2019)
Traducción: Patrick Alzaya

por JAVIER ÚBEDA IBÁÑEZ
y JORGE CERVERA REBULLIDA


        El nacionalismo significa, según Horace B. Davis «preocupación por los intereses de una comunidad particular», mientras que el patriotismo puede significar esto, o bien preocupación por los intereses de un Estado particular.
        A diferencia del nacionalismo, que implica lealtad o devoción a la propia nación, el patriotismo es, según el mismo diccionario, «amor o devoción a la propia patria». Proviene de la palabra patriota, que a su vez se remonta a la palabra griega patrios, que significa «de padre».
        Nacionalismo y patriotismo suelen considerarse las dos caras de la misma moneda, pero son fundamentalmente diferentes. El nacionalismo enfatiza la superioridad y la exclusión, mientras que el patriotismo se basa en el amor y el deseo de progreso.
     El patriotismo es el amor y el orgullo por nuestra cultura, mientras que el nacionalismo es ese mismo orgullo, pero llevado al extremo que podría terminar en xenofobia.
        Maurizio Viroli, profesor de Teoría Política en la Universidad de Princeton, intenta en este ensayo romper lanzas por el patriotismo, en un más que interesante repaso histórico de los orígenes y evolución del concepto. Analiza no tanto el patriotismo que podríamos denominar natural, vínculo con la tierra nativa y entendido como lugar en la memoria, sino el político, el que surgió en Grecia y Roma y fue luego estandarte de las repúblicas italianas renacentistas; el que se refiere a la libertad común y al compromiso con el bien público, así como a la igualdad civil y política y al respeto por las leyes que la hacen posible.
        Esta noción, bastante clara hasta finales del XVIII, se desdibuja cuando el amor a la patria del hombre libre se sustituye por la lealtad a la nación, cuando nacionalismo y patriotismo se utilizan como sinónimos. Y es que el nacionalismo es un fenómeno político e histórico con características muy distintas: lo importante no es ya la libertad, sino la unidad cultural y espiritual del pueblo. El nacionalista persigue la unicidad etnocultural, y es por tanto excluyente: tiene destino, y en ocasiones hasta misión, y cuando desconecta la exaltación de la cultura nacional de la libertad, la convierte en un afecto innoble. En cambio, el patriotismo es inmune a todas esas preocupaciones y miedos sobre el entorno y la historia étnica de los pueblos.
      A finales del siglo XIX se produce otro fenómeno relevante: el patriotismo es absorbido por la derecha conservadora, mientras que los liberales y la izquierda quedan fijados en el internacionalismo y el pacifismo. Se plasman entonces clichés que se reforzarán con el auge del fascismo en los años treinta y las dos guerras mundiales.
       El concepto de patriotismo clásico político prácticamente desaparece, excepto en los Estados Unidos, donde la ausencia de tradición impide, digamos que casi físicamente, la tentación nacionalista. En los últimos años el debate sobre la ciudadanía constitucional de Habermas está abriendo las puertas a una nueva definición de patriotismo, con interesantes análisis sobre los valores de la lealtad y la solidaridad como fundamento de las sociedades democráticas.
        Para Viroli, «la observación de que el patriotismo está destinado inevitablemente a producir fanatismo, intolerancia y militarismo, es correcta para otros tipos de patriotismo, pero no es aplicable al patriotismo de la libertad por el que se aboga en este libro». Un patriotismo que no reclama abnegación heroica ni requiere homogeneidad cultural o étnica, pero que sí lleva a los ciudadanos a recuperar el sentimiento de compromiso público y a estar atentos a prevenir y refutar las amenazas a la libertad que se producen en nuestras sociedades.
        Por amor a la patria es el título de un gran ensayo del profesor italiano Maurizio Viroli, especialista en Maquiavelo, que reeditó muy oportunamente la editorial Deusto. El núcleo fundamental es la distinción entre nacionalismo y patriotismo. Una diferencia que en nuestro país se ha hecho todo lo posible por borrar en estos últimos años. El objetivo era bien claro. Se intentaba convencernos de que entre el amor a la patria y la ideología que consiste en exaltar una nación excluyente y cerrada no había diferencia alguna.
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       Todo el mundo distingue sin la menor dificultad entre una persona que ama su país, que lo acepta como es y por eso mismo desea mejorarlo sabiendo que hay muchas maneras de hacerlo, de aquella otra que quiere fundarlo de nuevas, que afirma que su proyecto político es el único que refleja la esencia de ese mismo país y que todos los que piensan de otra forma deben ser barridos. Por eso, frente a la artificiosa y violenta situación en la que hemos vivido, va imponiéndose el sentido común.
     Aunque en ocasiones parezcan confundirse, patriotismo y nacionalismo son conceptos distintos. El patriotismo pone énfasis en el aprecio a las instituciones y la defensa de la libertad común de las personas. El nacionalismo, contrariamente, aboga por la homogeneidad cultural, lingüística y étnica de la sociedad. El patriotismo pide un amor caritativo y generoso con el propio país. El nacionalismo exige una lealtad incondicional o una adhesión exclusiva.
        Este libro, que ya es un clásico, supone, además de una brillante reexión (reflexión) política, un clarividente alegato filosófico. Maurizio Viroli hace un extraordinario análisis de los dos conceptos e intenta discernir qué querían decir los filósofos, los agitadores, los poetas y los profetas cuando hablaban de amar a una patria. Sobre todo, porque la confusión en torno al tema ha provocado innumerables catástrofes históricas, empezando por el fascismo en todas sus formas.
       Si el patriotismo es un amor racional, que considera necesaria la virtud cívica para la preservación del orden público y la ley, prerrequisitos para nuestra libertad que nos permiten resistir la opresión de las egoístas ambiciones individuales; el nacionalismo puede llegar a ser exclusivista, intolerante e irracional, obsesionarse con la unidad y someter así a los discrepantes.
       La cuestión que plantea Por amor a la patria es cómo hacer que el amor a nuestro país sea compatible con los principios universales de libertad y justicia. Y eso pasa, como plantea Viroli, por intentar construir un patriotismo sin nacionalismo, es decir, por una llamada a la unidad política basada en el compromiso con el bien común y no en una inquebrantable adhesión étnica, religiosa o lingüística.
       Maurizio Viroli indudablemente siente un rechazo visceral hacia los nacionalismos en las formas que el mundo, especialmente Europa, ha padecido y padece hasta el día de hoy, como formas distorsionadas de enfocar el problema de la identidad. En cambio, rescata y reencanta el concepto de patria, procurando develar, como historiador, en el transcurso del tiempo, los significados que «académicos, agitadores, poetas y profetas han querido expresar cuando hablaban de amor a una patria» (p. 19). El autor intenta con lo anterior una interpretación histórica más que científica, que supere la sinonimia con que algunos textos analizan el «amor a una patria» y la «lealtad a una nación».
       Para Viroli, las distinciones que sitúan al nacionalismo como una singular corriente intelectual nacida en el siglo XVI con la creación del concepto de pueblo soberano, o en el siglo XVIII con la reivindicación de particularidades lingüísticas, religiosas, étnicas y culturales para la nación, conducen a confusiones.
         El patriotismo conduce a un amor caritativo y generoso, mientras el nacionalismo conlleva una lealtad incondicional que fácilmente se convierte en sectarismo y cuna de todo fundamentalismo racial y cultural.
        Para Viroli, la patria es inseparable de la república, de la virtud cívica entendida como amor a la patria, a la libertad común y a las instituciones que la sustentan. Su fin es la libertad, que Viroli entiende como «[...] la posibilidad para todos... de vivir sus vidas como ciudadanos sin ser oprimidos al denegárseles sus derechos políticos, civiles o sociales. Considero la unidad y homogeneidad cultural, étnica y religiosa como otros tantos vicios» (p. 29).
          A su juicio, apelar al patriotismo en vez de al nacionalismo aporta la misma fuerza unificadora y movilizadora, pero pone el énfasis en los derechos y en la importancia de la ciudadanía más que en las lealtades particulares sobre las que florece el nacionalismo.
         Por amor a la patria es una elaboración sobre las ideas de los que efectivamente son los principales teóricos del patriotismo y del nacionalismo europeos, con un afán ejemplificador notorio en la redacción. La tesis, en palabras del autor, es: «Si la patria es menos que una república en el sentido clásico, los ciudadanos no pueden ser virtuosos: no pueden amar a un estado que los trata de forma injusta [...]. Si la patria es más que una buena república, si es una buena república y una comunidad religiosa o cultural o social, la virtud cívica probablemente alcanzará su máximo. Sin embargo, también puede degenerar en el amor de los zelotes por la unidad, no en el amor político de los ciudadanos. Esto implica que para que se consolide el verdadero patriotismo, no necesitamos fortalecer la homogeneidad y la unidad, sino trabajar para fortalecer la práctica y la cultura de la ciudadanía» (p. 229).
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