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Entrevista realizada por ROCÍO PINTADO NAVARRO Un poeta especular Además de ensayista y dramaturgo, Julio César Galán (Cáceres, 1978) es autor de una obra lírica que, publicada con su nombre o bajo el de sus diversos heterónimos, sobrepasa ya la decena de poemarios y ha sido traducida a siete idiomas. Charlamos con un poeta abanderado de la llamada poesía especular, movimiento que conecta España con Hispanoamérica actualizando y reinventando las vanguardias y centrando el punto de interés en el camino creativo que conduce al creador —y al lector— a ese destino que denominamos poema. Una travesía con vacilaciones, con trazas de taller, que hace de lo incorrecto virtud y que, al final del trayecto, convierte el juego en arte. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Óscar de la Torre, Rafael Fuentes, Luis Yarza, Pablo Gaudet, Horacio Alba, Jimena Alba... No sé si me olvido de algún heterónimo. ¿Piensas llegar a los más de setenta nombres ficticios de Pessoa? —JULIO CÉSAR GALÁN: No, ni mucho menos. ¡Menuda tarea y cuánta dificultad en lo de Pessoa, y cuánta soledad la de él! Yo creo que con esos heterónimos ya estamos completos. Han venido los que tenían que venir, pues son estados de ánimo, edades, amistades, músicas... Y ahí nos quedaremos. —ECP: ¿Te gustaría ser recordado para la posteridad con alguno de ellos en particular? —JCG: Muy buena y complicada pregunta. Creo que, como no me decido, tendría que ser la reunión de todos más un servidor, así seríamos todas las teselas del mosaico. —ECP: Llevas este asunto hasta el extremo de que la única mujer entre estos alteregos literarios, si no me equivoco, se ha llegado a encarnar en una actriz que ha participado en producciones televisivas muy populares. —JCG: No sólo lo he hecho con Jimena Alba, el primer experimento de representación teatral heteronímica vino con Pablo Gaudet y el joven actor recién salido de la ESAD Carlos Saiz Sepúlveda. Con ellos he hecho dos escenificaciones, una en Cáceres y otra en Madrid, ambas grabadas y en ambas se requería la participación del público. Estos dos teatrillos iniciales tienen mucha miga detrás, algo que cuento junto con más cosas de los heterónimos en un ensayo titulado Una subida por el nosotros. Enseñanzas desobedientes sobre la heteronimia. El siguiente paso ha sido con Jimena, con quien quiero proseguir ese adelanto que hicimos en Madrid, con la presentación de Maldita épica salvaje y con la actriz, Cristina Soria. —ECP: Empecé a leer tus poemas sin tener información de ellos ni de su autor y lo primero que me vino a la cabeza fue: surrealismo, escritura automática, flujo de pensamiento, Vicente Huidobro y el creacionismo, Apollinaire y sus caligramas... Luego supe que me encontraba ante la llamada poesía especular. Explícanos en qué consiste y si lo podemos considerar un movimiento literario del siglo XXI, quiénes son sus integrantes, qué influencias reconocen... —JCG: Pues, como bien dices, esos son antecedentes, de los cuales hay más, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez en Espacio o en Lírica de una Atlántida, Francisco Pino en Antisalmos, Héctor Viel Temperley en Hospital Británico o Chantal Maillard en Matar a Platón, entre otros muchos. Esos antecedentes que has comentando, sobre todo, la retórica de las vanguardias más la de las neovanguardias, los experimentalismos o la poesía visual se recogen para mostrar las diversas partes del desarrollo creativo del poema. Y aquí entra lo de la poesía especular, cuyo axioma principal sería “El proceso es el fin”, y que requiere mostrar las antesalas de la creación de un poema junto al poema final, con todo lo que esto implica de múltiples fugas, roturas y metamorfosis. En relación a si es un movimiento, puedo decirte que hay una conexión entre España e Hispanoamérica que desde hacía mucho tiempo no se daba así, una pulsión común que no es lo habitual y que está alejada de esas tendencias demasiado redichas ya, demasiado epigonales, de las líneas neopuristas, minimalistas, o las figurativas-realistas, o sus mezclas. Como decía: está la pulsión común de mostrar el proceso del poema y esto es sólo el inicio, pues hay enormes posibilidades de explorar estos territorios. —ECP: Imagina a un lector novel de poesía que decida iniciarse en el género porque ha caído en sus manos, por ejemplo, Un adiós abierto. ¿Qué le dirías para animarlo a leerlo? ¿Crees que la polifonía, los coros, las tachaduras, los infratextos, las marginalias pudieran representar escollos para su lectura? Imagina también a un adolescente, a un joven, de 17 o 18 años. ¿Tiene edad para ser leída esta poesía tuya? —JCG: Es un libro en que el lector es algo esencial, pues lo escribe él con su lectura. Él es el autor. Las dos primeras partes son un antelibro, la primera sería una convergencia de diversos bocetos, borradores, variantes que uno tiene en la cabeza o que muy provisionalmente ha puesto por escrito; en la segunda los poemas están más hechos, por eso, se retoman versos, se rehacen poemas, se varían, casi a modo de cancionero. En la tercera, formada por dos largos poemas, estos ya están totalmente hechos. En cuanto a toda esa polifonía de voces y retórica especular yo creo que puede resultar más un juego, como un puzle, como un rompecabezas, una sopa de letras o juegos de este tipo. En relación a lo de la edad, pues no la tiene, de hecho, una de las cuestiones que fomenta es la visión del error como algo creativo. Yo creo que hay mucho miedo, por parte del alumnado adolescente, a crear un poema (además de muchos tópicos sobre la poesía y los poetas), a confundirse, a no hacerlo bien... La poesía especular torna la incorrección en tino para hacerlo exactitud. La reescritura como escritura, el taller como resultado final. Y esto puede ser atractivo para trabajar en clase. —ECP: Mantengo con colegas una discusión amable pero permanente en la que defiendo (y supongo que los datos de ventas empiezan dándome la razón) que la poesía no es un género, digamos, fácil para los lectores. Se me rebate que la poesía, como la música, habita en la raíz de la sensibilidad humana: a un bebé se le calma con una nana antes que con un primer cuento. ¿Dónde encontramos esta conexión con los orígenes profundos del ser, si hablamos de poesía especular? —JCG: En la base de todo poema se juega de alguna manera con el lenguaje, en cada poema se inventa una manera de hablar. Y en poesía esa invención lleva aparejada una música, la cual, dependiendo de la sapiencia, del talento y de los ajustes del poeta sonará mejor o peor. Uno de mis maestros, Antonio Carvajal, me enseñó que la base del poema debe ser musical. Yo creo que la poesía especular puede conectar con esos orígenes en cuanto a franqueza, ya que enseña lo que hay detrás del poema. Si la casa del ser es el lenguaje, la poesía es una de sus casas y esa tendencia lírica residiría en los procedimientos de construcción. —ECP: Convence a los lectores de esta revista para que se presten definitivamente a tu experimento especular. —JCG: Mis libros de poemas necesitan de varias lecturas, guardan pequeños laberintos que incitan a una nueva creación de cada poema. Hay que saltar entre ellos, y hay sorpresas en esos saltos. No puedo decir más. —ECP: ¿La combinación de clasicismo y vanguardia responde a un rasgo propio de lo especular o es una opción personal? —JCG: Ambas cosas. Me gusta esa combinación de la tradición y su ruptura y viceversa (pero real, no confundir convención con tradición). De hecho, la poesía especular sería una manera de estirar esos dos extremos y juntarlos. —ECP: Y esto de crear es una condena / y un don / toda una vida en un poema / viviremos aquí sin mancha / como si dios nos hubiese besado / la frente para no sobrevivir / solamente a los días lisos. En estos versos te autodefines como creador. Pienso que todo poeta se siente llamado, tarde o temprano, a expresar lo especial de su condición. Sea como sea la poesía, ¿salva siempre de los días rugosos? —JCG: La poesía en sí, siempre salva, otra cosa es su contexto. Podría explicarlo con los versos iniciales de ‘Elegí la vida’ de Kipling: No quise dormir sin sueños: / y elegí la ilusión que me despierta, / el horizonte que me espera, / el proyecto que me llena, / y no la vida vacía de quien no busca nada, / de quien no desea nada más que sobrevivir cada día. Creo que estos versos responden esa cuestión del don y el castigo. —ECP: Amar es no vivirse, dice otro de tus versos. Me resulta muy sonoro y me sugiere algo así como que el amor es sacrificio. Cuéntame. ¿Cómo expresa el amor Julio César Galán?
—JCG: Amar, más que un sacrificio, es una de las formas vitales que nos hace presentes, reales, compactos. En algunos de mis libros está esto junto a su opuesto, en plena lucha. Y ese opuesto es el Estado, los políticos (y más allá, los escritores que viven directa o indirectamente de la política. ¡Qué cutres!), los burócratas, las redes financieras y demás etcéteras de este tipo. De esa confrontación surge la palabra poética-amorosa. —ECP: Hay un periodo significativo en tu biografía, el comprendido entre 2012 y 2018, en el que afirmas que a muchos nos metió la cabeza en un cubo de agua. ¿Cómo lo viviste personal y profesionalmente? ¿Supiste ya entonces que, como todas las crisis, esa sería productiva en términos de creatividad? —JCG: Pues personalmente, imagínate... en una isla en donde no conoces a nadie, en donde la gente era muy cerrada, donde la actividad cultural era casi nula y la académica se reducía a dar clases en una sede universitaria. Eso más la separación familiar. En lo profesional estaba haciendo mi tesis, estaba de profesor asociado y viendo cómo un número muy simpático de promocionados (esos a los que se les va haciendo el camino) iba entrando con calzador en esta o en esa institución. Las formas del nepotismo poco han cambiado. En aquellos años de crisis, todas las cloacas, casi siempre con beatitud moral y aleccionadora, supuraron toda su mierda. Sin embargo, una de las bases de la poesía consiste en convertir la podredumbre más miserable en belleza. En mi caso, todos los libros de poemas han surgido de un mal momento: una depresión, insomnio, adicciones, rupturas familiares, expatriaciones, depresiones postparto o muerte del padre. Pero siempre devolviendo un tono vitalista y esperanzador; siempre dionisiaco. —ECP: Hay contenido político en tu obra, denuncia social, referencias a la corrupción... Arden los idealismos con sus pavesas en el aire. O el muy contundente verso Nuestro mejor sociópata es nuestro presidente. Evidentemente, lo peor no ha pasado, ¿no? —JCG: No, lo peor ha seguido. Todo es una tontuna que aceptamos para que nos gobiernen. Es como quien no sabe poner un cuadro o empapelar una pared y al final pide que se lo hagan otros. Y tan contento, a pesar de resultar y saber que es un camelo o una estafa. Aceptamos a esos monstruitos. —ECP: ¿Cómo te ves como poeta dentro de 20 años? —JCG: Dentro de 20 años ya no me veo como poeta. Dejar la poesía será una manera de haberse completado; será un alivio, como decía Vicente Aleixandre. Me veo con mi familia, mis amigos de siempre, rodeado de los libros necesarios y sabiendo que la mayoría de poetas celebrados caerán en el olvido.
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Entrevista realizada por ROCÍO PINTADO NAVARRO Daniel Rodríguez Valhermoso (Aranjuez, 1979) es actor, músico, cantante, formador escénico y miembro de Ron Lalá, una de las compañías teatrales más laureadas del panorama escénico español actual, formación veterana de actores aún jóvenes que acapara más de una veintena de premios, incluidos varios Max de las Artes Escénicas, los Óscar de las tablas. Casi tres décadas de trabajo han dado lugar a que el quehacer de Rovalher junto a sus compañeros aparezca en libros de texto de Secundaria y sea motivo de preguntas en pruebas de acceso a la Universidad y objeto de tesis doctorales. Ahí es nada. Se comprende cuando uno pone el pie en uno de sus espectáculos y sale del teatro, al cabo de un par de horas, flotando, con una sonrisa de oreja a oreja, más sabio, más culto, y con la impresión de acabar de asistir como invitado a un fiestón entre amigos en el que ha corrido no el alcohol, pero sí la mejor música, un humor agudo, crítico y tierno —casi inocente— a partes iguales y en el que se ha dispensado sin miedo una droga cada vez más difícil de conseguir en estos tiempos: alegría de vivir en forma de chute que se siente como inyectado entre butacas, directo a las venas de los espectadores. Daniel y los ronlaleros están de gira con su última obra, 4x4, y el 19 de junio estrenan La desconquista en el Festival de Clásicos de Alcalá. Soy, por si algún lector no se ha percatado todavía, muy pero que muy fan. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: En los años 90 del pasado siglo Ron Lalá era un grupo de amigos que representaba su teatro en las fiestas de los pueblos y a los que el pinchazo de una de las ruedas de su furgoneta les hizo plantearse dejarse la aventura de ser actores y dedicarse a tareas más seguras, estables y lucrativas. Erais una compañía underground y ahora me llevo a vuestras obras a mi madre y a mis tíos, todos octogenarios o casi, y salen encantados, igual que mis alumnos de Bachillerato tras veros en clase a través de una pantalla. ¿Hay algún público que os falte por seducir? —DANIEL ROVALHER: Siempre hay gente que no nos conoce, que no se ha dejado seducir, ya no por nuestro lenguaje y código teatral, sino por el ritual del teatro en general. El motivo de seguir aquí es seguir ofreciendo lo que haces a más y más gente, y consolidar a los que ya te siguen desde hace decenas de años. Es muy bonito y especial ver cómo hay gente que ha ido a ver a Ron Lalá siendo ésta la primera vez que va al teatro, ahí siempre suele haber flechazo. —ECP: Ron Lalá ha sido definida en alguna ocasión como un híbrido entre los Monty Phyton y Les Luthiers. Pero españoles. ¿Pesan ambas cosas? —DR: Pesar, pesar... no. Te recuerda cuáles son tus orígenes, referentes y espejos a los que te has mirado y sigues mirándote. Si quieres fijarte en alguien relacionado con tu oficio o gremio, has de hacerlo siempre en los mejores en la materia. Sí te diré, como anécdota, que algo nos pesó en nuestra primera gira por América, precisamente nada más poner el pie en Buenos Aires. Fue al ver alguna nota de prensa en algún periódico argentino que titulaba nuestra visita como «¡Llegan los Les Luthiers españoles!». Imagínate... —ECP: Habéis apostado por el verso y lo habéis erigido en marca de la casa. —DR: Sí, creo sinceramente que es lo que mejor se nos da, lo que ha hecho que la gente nos mire de otra manera, que agradezca esa primera inclusión del espectador como público, descubrir el teatro clásico y sobre todo la literatura. Por la manera de hacerlo divertido, actual y dinámico. Es algo que agradecemos y nos hace muy felices, haber conseguido dar con la tecla de esa manera de revertir el aroma a antiguo de las representaciones de tantas y tantas obras que alberga nuestra cultura literaria. —ECP: Se dice del vuestro que es un humor blanco. ¿Os imponéis límites? ¿Corren malos tiempos para la libertad de expresión en el arte? —DR: Vaya si corren. La humanidad ha cambiado mucho en los 30 años que lleva de vida esta compañía y te aseguro que ahora no se puede hablar de muchas cosas de las que antes sí, o bueno... podemos hablar de ellas porque lo importante siempre es el cómo para tratar cosas delicadas, y por supuesto el humor. No solemos ponernos límites, tenemos instalado una forma de poder hablar de lo que queramos sin necesidad de agredir a nada ni a nadie, y si agrede... por algo será. —ECP: Dime algo que tenga Ron Lalá que no tenga absolutamente ninguna otra compañía del panorama teatral español o internacional. —DR: Difícil respuesta. Yo diría que la permanencia, haber sobrevivido a tantas cosas sin haber abandonado nuestro lenguaje, el grupo, el código propio de funcionamiento. Somos conscientes de que todos hemos tenido que dejar a un lado cualquier pensamiento particular y abogar por un apoyo común y hacer que prime siempre, siempre, la compañía y sus espectáculos. —ECP: Habéis hecho “gamberradas” juveniles que ya apuntaban talento y maneras (Si dentro de un limón metes un gorrión, el limón vuela), obras heterogéneas y heterodoxas (Mi misterio del interior, Time al tiempo, Mundo y final), metateatro (Crimen y telón) y hasta un texto en defensa y reivindicación de la zarzuela (Villa y Marte)... En vuestro trabajo hay abundancia de reflexiones filosóficas digamos simpáticas pero efectivas, de las que dejan al respetable pensando, una mirada más o menos directa a la literatura, mucho amor al fa-la-menco... ¿De dónde sale esa variedad de temas y cómo la trabajáis? —DR: Salen de la variedad de disciplinas y virtudes que traemos todos y cada uno de los integrantes de la compañía, salen del deseo de ofrecer siempre algo novedoso, ir hacia lugares distintos, explorar temas y profundizar en mensajes que, creemos, son importantes para el que nos acompañe en el patio de butacas, siempre desde un lado lúdico y festivo, dinámico y lleno de ritmo. Con todo eso, acabas teniendo una libertad y una capacidad asombrosa de trabajar con los temas y formas que te dé la gana. —ECP: Y luego está vuestra trilogía clásica: Siglo de Oro, Siglo de ahora (folía); En un lugar del Quijote y Cervantina, que han sido tres exitazos de crítica y público y la catapulta, me atrevería a decir, al complicado olimpo de los actores de teatro en España. De vuestro Quijote se ha dicho que es una versión del clásico que roza la proeza (aquí, la hincha de Ron Lalá que soy apostillaría que no la roza, la alcanza y la sobrepasa) y de Cervantina he llegado a leer que merece estadios. Los clásicos no entran con facilidad al gran público, pero vosotros os inventáis un personaje que le vaticina a Cervantes: «Lucirás en el salón / de cada casa española, / mas toda la población / pondrá la televisión / o encenderá la consola». O hacéis que Sancho Panza hable de «la princesa Mercadona» y de un Leroy Merlin en el fondo de la quijotesca cueva de Montesinos. O introducís routers en ambientes del siglo XVII, y a Lady Gaga, Belén Esteban y el BOE, entre otras realidades contemporáneas. ¿Era esa la fórmula? —DR: Bueno, muchas gracias. La verdad es que consideramos esa trilogía como un tesoro de nuestro trabajo, claro que sí. Exacto, conseguir ese binomio mágico entre el rigor del verso y del respeto a la palabra y permitirnos deslices como los que cuentas, introducir términos que la gente maneja a diario, que sueña con escuchar en un escenario. Lo que no esperan es que metas a Lady Gaga o a Belén Esteban dentro de un soneto de un personaje ataviado de época, siempre sorprende y genera comicidad. —ECP: A lo largo de los años has interpretado con enorme solvencia infinidad de personajes, algunos de ellos femeninos. Creo que el público nunca olvidará, por ejemplo, a tu gitanilla de las Novelas ejemplares. Eras un actor de 37 años con bigote y pantalones a la vista que se transformaba por completo en la adolescente gitana más famosa de la literatura en lengua española. Pero tú siempre dices que el cenit de tu carrera y el papel más duro de abordar para ti fue el de Sancho Panza. ¿Por qué? —DR: La gitanilla es un personaje con suficiente carga histórica, social y emocional como para no venirse arriba mientras te transformas en ella, pero sí, sin duda alguna aquel Sancho de En un lugar del Quijote supuso un primer personaje que logré no abandonar y hacer crecer durante 90 minutos y a lo largo de casi 200 funciones por todo el territorio nacional y alguna vez fuera de nuestras fronteras. Un saco de sabiduría, divertido, sabio, admirador de su maestro y señor Don Quijote, torpe hablando y a la vez creando escuela con sus retorcidos refranes. Fue un maratón físico literal, en los días de doblete era un milagro acabar entero. Pero sobre todo supuso un trabajo actoral personal que no habría sido el que fue de no haber estado acompañado por la luz que desprendía mi compañero Íñigo Echevarría como partener, fuimos caballero y escudero dentro y fuera de escena durante mucho tiempo. Como ves, toda una aventura. —ECP: No quiero que se me olvide el capítulo de la música, con vuestras bandas sonoras que, no sé si lo sabrás, están disponibles en sitios como YouTube y Spotify. ¿No os habéis planteado dar conciertos? Te lo digo en serio, lo veo. —DR: Bueno, uno de nuestros shows fue un tímido Ron Lalá Directo que desempeñamos muy pocas veces, estuvimos instalados unas pocas semanas en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid, en ese espectáculo conocimos a nuestro aún fotógrafo y diseñador audiovisual David Ruiz, por cierto, y que consistía en la interpretación puramente musical de las mejores canciones desde nuestros inicios hasta el momento. Como bien dices, algunos de nuestros discos están disponibles en plataformas digitales, y nos encantaría poder hacer más cosas relacionadas con la música en vivo, pero de momento llegamos hasta donde llegamos, no nos da más la vida. —ECP: Recuerdo que en una entrevista a cuenta de En un lugar del Quijote, señalabas un fenómeno propio de nuestros días: lo superficial de ese turismo literario que nos hace viajar al pueblo de Ciudad Real donde Alonso Quijano se enfrentó a los molinos de viento creyéndolos gigantes, o reservar sitio para comer en la venta donde pararon el insigne hidalgo y su escudero y que, sin embargo, no incluye abrir y leer la que es considerada la mejor obra de la literatura universal de todos los tiempos. «Entremeses y comedias / Persiles y Galatea, / todos te leerán a medias / si es que hay alguien que te lea / que no sea en Wikipedia», decís, a modo de denuncia. ¿Qué hacemos ante este postureo cultural que nos lleva a hacernos selfies en los escenarios reales de la ficción pero no a traspasar la frontera de las tapas del libro? —DR: Hacer... hacemos lo que está en nuestra mano, pero el ser humano, me temo, está llegando a unos puntos de superficialidad y banalidad que asustan. Debemos seguir invitando a la gente a que bucee en la literatura y en el arte en general, más allá de hacerte el selfie en la Feria del Libro de turno. —ECP: En Siglo de Oro, Siglo de Ahora (folía), le cantáis a la musa de la comedia: «Señora doña Talía / musa con panza y perilla, / ¿por qué tardan nueve meses / en pagarnos la taquilla? / Talía, Talía, Talía, / paso hambre todo el día». ¿Os afecta incluso a vosotros, una formación consolidada y prestigiosa, este que parece uno de los principales males endémicos del teatro español? —DR: Por supuesto, hemos sufrido rachas muy duras en las que los pagos no llegaban, crisis, recortes, porque la «cultura siempre puede esperar» y no, nosotros somos una empresa de la que come mucha gente y así como nosotros ejercemos nuestro trabajo, debemos poder tener una salud económica acorde a nuestros movimientos que, a veces, no ha estado en su mejor momento. —ECP: El teatro es un género literario y un potente agente vital transformador y, sin embargo, todavía hay entre el público gente con mucha formación, una amplia cultura, grandes lectores y cinéfilos consumados a los que no metes a ver la representación de un texto dramático ni arrastrados. ¿Por qué sigue siendo el tuyo un arte minoritario?
—DR: Tengo la impresión de que ahora que todo va muy deprisa y queremos resultados inmediatos a la gente le cuesta cada vez más meterse en un salón oscuro, dejar el móvil en el bolsillo o en el bolso, en silencio, y dejarse seducir por una historia, unas luces, un vestuario... La vida va muy deprisa, las pantallas nos acechan, todo eso influye mucho, me temo. —ECP: Actúas, compones, tocas la guitarra, cantas tus propias canciones en muy diferentes eventos, das clases de teatro en la Universidad de Castilla La Mancha, en Toledo, y ofreces formación teatral por toda España para niños, jóvenes y adultos, tanto profesionales como simples amantes de la cosa escénica. Por si fuera poco, eres padre de familia... Te preguntaría que cómo lo haces y que cuándo duermes, pero casi me interesa más esta faceta tuya, más reciente, de formador escénico. ¿Sientes como algo necesario sembrar el veneno del teatro en las nuevas —y no tan nuevas— generaciones? —DR: Trasladar lo que tú sabes y otros no saben pero quieren saber siempre es enriquecedor. Vivir esa sensación de gratitud constante ofreciendo las bondades de este trabajo mío es muy bonito. Me encanta descubrir sobre todo esos valores emocionales que tiene para la vida la práctica del teatro y sus variantes. Además, para los que están interesados o sueñan con el escenario como yo hacía con 12 o 13 años, es superemocionante. —ECP: La primera obra de teatro que fui a ver una vez superado lo peor del covid, pero en un momento en el que todavía nos movíamos semiescondidos tras las mascarillas y aún con prudencia entre medidas de seguridad, fue una de las vuestras, y me pareció sentir una especie de comunión muy bonita, que no había percibido nunca antes, entre los actores, en este caso vosotros, y el público que abarrotaba las localidades de no recuerdo qué sala de Madrid. ¿Es un efecto que ya se ha diluido por el lógico paso del tiempo o se sigue notando esa fuerza que hace albergar esperanzas sobre un futuro mejor para el teatro pospandémico? —DR: Me temo que sí, todos asociamos aquello como algo que hay que olvidar. Pero si nos paramos a recordar, esa época en la que los teatros abrían pero a un tercio de su capacidad, con butacas vacías por obligación, etc... fue la comprobación de que hasta en los peores momentos el teatro era un bálsamo para cuerpo y mente. Fuimos afortunados de poder seguir trabajando esos meses, y recibir el aplauso de la gente dentro de una situación desastrosa. —ECP: En cuestión de días estrenáis La desconquista, una obra, en vuestras propias palabras, sobre «las ambiciones, obsesiones, miedos y angustias del Imperio donde no se ponía el sol, en su afán de conquista y en su pasmo ante la nueva realidad de un continente aún desconocido». Y no puedo evitar acordarme de vuestra canción de Cervantina en torno al protagonista de El celoso extremeño: «Mientras los conquistadores / imponen nuestra cultura / yo me llevo todo el oro / desde México hasta Honduras. / Mientras los curas discuten / si el indio es un ser humano, / yo me llevo todo el oro / de este suelo americano». ¿La desconquista sigue esa senda crítica en este asunto, uno de los más controvertidos de la historia de nuestro país? Cuéntanos algo que se pueda contar de vuestro nuevo trabajo. —DR: Por ahí va la cosa. La desconquista es sobre todo un retrato de un viaje que todos creemos conocer, muy polémico, criticado, celebrado por unos, denostado por otros, y que acaba siendo la historia de un viaje hacia el interior del ser humano, de sus ambiciones de poder, gloria y riqueza, un espectáculo emocionante y divertido a partes iguales, lleno de poesía también... y no te cuento más. —ECP: En 2026, Ron Lalá cumple 30 años de trayectoria profesional. ¿Qué pensáis regalarnos para celebrarlo? —DR: No nos hemos puesto a pensar en ello, y seguro que nos pilla el toro. Algo habrá que hacer para celebrar tan magnífica cifra. Sea lo que sea, os enteraréis, seguro. Entrevista realizada por ROCÍO PINTADO NAVARRO La trama de los días Entrevistamos a Ramón Bascuñana con motivo de la publicación de La trama de los días (Renacimiento, 2024), obra ganadora del X Premio de Poesía Juana Castro. No es ni mucho menos el primero, ni el premio ni el poemario, pues el prolífico alicantino, licenciado en Geografía e Historia y autor también de dos volúmenes de relatos, encara la sesentena de su vida con un considerable palmarés y más de veinte títulos de poesía a sus espaldas. La que nos ocupa ahora constituye su faceta literaria aparentemente dominante, y decir aquí “aparentemente” no es una expresión baladí, pues nos esperan en los próximos tiempos de este poeta fecundo unos cuantos trabajos que caminan por géneros alejados de lo lírico. La trama de los días nos ofrece unos versos que definen y resumen una completa teoría personal de la existencia y que dan forma a un libro a la vez melancólico y hermoso, lúcido y desolador, íntimo y universal. Quizá por encima de todo o como consecuencia de todo lo anterior, particularmente cálido y esencialmente humano. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Qué cabe esperar (o, incluso, temer) de una entrevista a un poeta? —RAMÓN BASCUÑANA: Temer lo inesperado, sobre todo el silencio, que es una forma de respuesta bastante categórica; y esperar, pues quizás no esté a la altura de las preguntas o bien esté por encima de las preguntas. En ambos casos la entrevista carecerá de interés. Aunque la regla de oro en las entrevistas, como asegura Cioran, es «dejar una imagen incompleta de uno mismo». Y, a ser posible, contradictoria, porque la contradicción es la sustancia esencial del poeta. —ECP: «Poeta y narrador por libre», proclama su perfil de Instagram. ¿Dónde empieza y dónde acaba realmente ese ámbito de libertad? —RB: Pues acaba y empieza donde empieza y acaba el poeta. Ser poeta o ver el mundo desde la perspectiva de alguien que se considera poeta, o sea, alguien que se siente incómodo en la realidad que le ha tocado vivir y que necesita replantearse esa realidad y crear un mundo en el que pueda vivir con sus propias reglas, implica tener absoluta libertad, aspirar a ser Dios, un pequeño dios, capaz de levantar un territorio interior, cuyo mapa exterior son los poemas. Desde ese punto de vista el poeta es un solitario, un marginal y un marginado, un eremita, un francotirador, un outsider. Por eso dan tanto miedo al poder y a lo establecido. Porque la libertad intrínseca que implica ser poeta, asusta al poder en todos sus ámbitos (cultural, social, político...), porque el poeta se sale de la norma, se sale de lo que se considera normal y va contra las reglas, la mediocridad, y esa falsa creencia de que todos somos iguales y hemos de pensar y hacer lo mismo, como autómatas. Vivir en sociedad conlleva tener reglas y normas, pero las reglas son las vendas que constriñen la libertad del ser humano. Si uno se siente cómodo y feliz con el papel que le ha tocado en suerte en el gran teatro del mundo no necesita escribir poesía. Pero lo malo es que el ser necesita, además de ser feliz, creer que es libre, y escribir poesía es un acto de suprema libertad, y lo que es peor es que hay mucha gente que tiene una visión romántica y poco rigurosa del concepto de poeta. Y así nos luce el pelo. —ECP: En Fedro, uno de sus famosos Diálogos, Platón pone en boca de Sócrates —de una manera que hoy día nos hace sonreír— la expresión del miedo antiguo a la escritura: un auxilio extraño (dice el filósofo), una tecnología capaz de hacer despreciar la memoria y provocar el olvido en las almas de los que la conozcan. Usted ha dicho que la buena poesía sobrevive incluso en las fotocopias, y lo ha hecho en una red social, en la que escribe con asiduidad. ¿Es la conveniencia de aprovechar para darse a conocer y promocionar su obra o realmente estos tiempos cibernéticos son buenos para la lírica? —RB: Creo que ni lo uno ni lo otro. Siempre han sido malos tiempos para la lírica. Antes por unos motivos y ahora por los mismos motivos, agravados por otros añadidos. Actualmente con las redes sociales y algunas editoriales que se han lanzado a publicar poetas cuyos libros te los encuentras un año después en las librerías de segunda mano, lo que implica que su recorrido poético es corto, aunque para las editoriales que los propugnan el saldo es positivo, porque los venden a buen precio, aunque luego los que los compran y los disfrutan o los padecen se deshagan de ellos a precio de mercadillo, nada más comprobar el escuálido contenido. Por eso pienso que hay mejor poesía en algunos fanzines fotocopiados que en muchos “poemarios” que parecen objetos de lujo para adolescentes anhelantes de respuestas. O que sólo aspiran a que los poemarios les confirmen y refuercen sus intuiciones. También hay mucha mala poesía en los grupúsculos poéticos proclives a la masturbación poética compartida o sea, que se dedican alabarse y reseñarse entre ellos y parece que no exista vida literaria más allá de ellos mismos, de sus camas y sus camarillas. Con respecto a lo de promocionar mi obra, hace tiempo que desistí de ello. Me refiero que cuando comencé a publicar hace casi treinta años, sí que pensé que había alguna oportunidad de tener una carrera literaria, sea eso lo que sea, ahora me conformo con publicar sin que me cueste dinero, con hacer algunas presentaciones en lugares no demasiado alejados de mi zona de confort y con que salga alguna reseña de mis libros, y estas dos últimas cosas, la búsqueda de reseñas y las presentaciones las hago sobre todo pensando en las editoriales que o bien han confiado en mí y apostado por mi obra o bien, debido a los premios que he ganado, han publicado alguna de mis obras. Opino que los poemarios deberían ser anónimos y venderse sólo por el contenido. Nadie debería comprar un poemario porque es de un determinado autor. —ECP: Se me ocurre una hipotética situación de aprendizaje para mis alumnos de Bachillerato: incardinar a Ramón Bascuñana en alguna corriente de la poesía de los siglos XX y XXI. Y me imagino a los estudiantes disponiéndose a investigar y documentarse para ejecutar la tarea y dándose cuenta enseguida de que lo poco que en este sentido encuentran del poeta sobre el que se les pregunta es que no se adscribe a ningún movimiento ni a ninguna generación poética y, por más que leen poemas suyos, no saben cómo enfocar el trabajo. ¿Qué les contaría si se prestara a echarles una mano? —RB: Interesante pregunta. Compleja respuesta. Podría pensar en mi poesía como en un árbol, como en un árbol genealógico con raíces, tronco, ramas y frutos. Si buscamos las raíces, estas se hunden en la poesía culturalista y mucho más atrás, pero no sólo en ella. Hay raíces que beben de Cernuda y de Juan Gil-Albert, raíces que beben del grupo Cántico de Córdoba: de Julio Aumente, Pablo García Baena, Vicente Núñez, Juan Bernier y en algunos poetas extranjeros como Edgar Lee Master, E. E. Cummings o Kavafis... En la parte del tronco están principalmente Jorge Luis Borges, José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines y José María Álvarez. De este tronco parten ramas que se van extendiendo por Pere Gimferrer, Sylvia Plath, Luis Antonio de Villena, Ángel González, María Victoria Atencia, Juan Luis Panero, Luis Alberto de Cuenca, Karmelo C. Iribarren y unos pocos poetas de la poesía de la experiencia. A todo esto, habría que añadir algunas gotas de ironía y bastantes de pesimismo existencial. Los frutos poéticos de este árbol son poemas aparentemente de lectura fácil, como diría Cristina Morales, pero engañosa, porque tienen varias capas de lectura, como las cebollas, y según quieras profundizar vas a sufrirlos o disfrutarlos más o menos. Evidentemente, como he dicho en la pregunta anterior, si el poeta no se quiere aborregar, amansar y corromper, debe huir de los refugios comunitarios y tiene que ser un certero francotirador que dispara desde la intemperie de su soledad. —ECP: Corríjame si me equivoco: La trama de los días es su vigésimo cuarto poemario. Entre Claudio Rodríguez, que sacaba un libro cada 10 años, y usted... —RB: que suelo sacar alguno de vez en cuando si se tercia algún premio, existe una distancia, pero no creo que sea cualitativa ni cuantificativa. Creo que se trata más de una manera de entender y trabajar la poesía. Se trata más de los tiempos de gestación de los poemarios que del rigor. Hay poetas que necesitan tiempo para convivir con el poema, le toman cariño, lo acarician, lo miman, se enamoran de él, lo tallan una y otra vez, obsesivamente, como hacía Juan Ramón Jiménez, les cuesta dejarlo. Otros, como creo que es mi caso, escribimos sin cesar, día a día, cotidianamente, y como si buscásemos desprendernos del poema, vomitarlo, sacarlo fuera y dejarlo que viva su vida sea cual sea. Claudio Rodríguez publicó su primer libro con 18 años y su último poemario ocho años antes de morir con 65. Yo ya tengo 61 años, comencé a publicar con treinta y pico de años, aunque llevaba escribiendo desde mi adolescencia y quizás mi ritmo de publicación ha sido algo acelerado, pero ha dependido siempre de los premios que he ganado, porque las editoriales nunca han apostado por mí, y mira que lo he intentado. De todas formas, no soy el único caso de poeta que publica con asiduidad. Verónica Aranda, por ejemplo, que apenas tiene 48 años, ha publicado más de una docena de poemarios; Pedro López Lara, que no había publicado nada hasta hace unos años, en cinco o seis años ha publicado ocho o nueve poemarios, o Begoña M. Rueda, que va casi a poemario por año. Si la calidad y la rigurosidad de los textos es alta, no veo ningún problema en ser un poeta fértil y generoso. —ECP: Véndale al lector este último libro suyo en una frase. —RB: Soy mal vendedor, pero creo que La trama de los días es el poemario perfecto para la gente a la que le gusta la poesía aunque piense que la vida carece de sentido. —ECP: La trama de los días es un texto crepuscular, un tempus fugit, un vita flumens de principio a fin, a pesar de que su autor es aún joven. —RB: Gracias por lo de joven, pero lo de joven es relativo, a no ser que los sesenta sean los nuevos treinta. Pero independientemente de la juventud numérica, hay poetas que nacemos viejos o que nuestra visión del mundo es existencialista y pesimista, o en cierto modo está teñida de un realismo descarnado, que no busca embellecer con adornos el cadáver de la vida. En eso me aproximo a Brines, que en su primer poemario, Las brasas, publicado con 28 años, ya parecía un poeta maduro. Me temo que soy de los que opinan que siempre escribimos el mismo libro con ligeras variantes. Mi primer libro, Quedan las palabras, con el que gané el premio Miguel Hernández, ya contenía el resto de mi obra y de mi forma de entender la poesía y la vida. Con respecto al tiempo, estoy muy de acuerdo con el verso de Caballero Bonald que afirma que «Somos el tiempo que nos queda». —ECP: La muerte está muy presente en estas páginas: ¿Qué importa que la vida no sea más que un viaje / desde un vientre fecundo a la profunda fosa // Cualquier excusa sirve para escapar a tiempo / sabiendo que la muerte va siguiendo tus pasos // Son líneas paralelas cuyo punto de encuentro / no es el infinito sino que es la muerte. ¿Sirve como recurso poético o verdaderamente piensa mucho en ella? —RB: La verdad es que pienso bastante en ella. Siempre ha sido así. En alguna entrevista creo que comenté que soy tan optimista que soy de los que opinan que comenzamos a morir desde el mismo momento en que venimos al mundo. Vivimos de alquiler o de prestado. Siempre vivimos en tiempo de descuento. La mayoría de la gente se empeña en ver la vida como un lugar divertido, repleto de oportunidades, de momentos sublimes, e intenta darle un sentido. Yo opino que la vida carece de sentido, o yo no se lo encuentro, aunque lo busque, y sostengo que venimos al mundo para morirnos. Tengo un poema titulado así: «Para morir nacidos». Y mi tendencia pesimista respecto al tema se ha acentuado últimamente, ya que mis padres han fallecido en los últimos años, en 2021 y 2023. La orfandad te deja claro que el siguiente de la lista frente al paredón de fusilamiento de la muerte eres tú. Ya nada se interpone entre ella y tú. —ECP: La poesía es una forma de no ser feliz, dice un verso de Miguel d’Ors. La infelicidad es el estado poético por excelencia, parece confirmar Ramón Bascuñana en uno de los poemas de la primera parte de este poemario. Otros tres, de la última sección, son ‘El extranjero’, ‘El vagabundo’ y ‘El eremita’, que también remiten a la tristeza, a la soledad, a la inadaptación, al desarraigo... Comer en cualquier parte y visitar museos, / donde compro postales que me envío a mí mismo / a una casa vacía, donde no habita nadie // He pasado penurias, hambre, calamidades. ¿Hay siempre más belleza en el dolor, bajo cualquiera de sus formas? ¿Podría encontrar versos suyos fundados en todo lo contrario? —RB: Creo que la poesía, la buena poesía, la que perdura, la que nos toca la fibra, nace de la herida y la herida es dolor. Mi amiga Carmen Juan escribió un poemario titulado Amar la herida, publicado en La Bella Varsovia. Y yo identifico la herida como una metáfora de la propia poesía. El poeta escribe siempre desde un lugar solitario, a la intemperie, y escribe siempre contra algo, sea el mundo o sea el mismo. Si uno fuera feliz, si yo fuera feliz y tuviera una vida plena y dichosa, me dedicaría a vivirla, no intentaría escribirla; porque entonces sería como esos turistas que van a una ciudad y en lugar de verla al natural y vivirla, se dedican a fotografiarla o a verla a través del móvil. La felicidad se vive, no se canta en hexámetros. No pienso que haya más belleza en el dolor, simplemente el dolor nos agudiza la mirada, la felicidad nos la enturbia. No se trata de buscar la belleza, sino la verdad. No hay poemas gozosos en mis libros, pero sí bastantes versos irónicos que se aproximan a la sabiduría de la felicidad. En el fondo, todos los poetas son infelices, aunque cada uno lo sea a su manera. —ECP: Berlín, Trieste, Grecia, Roma, Lisboa, Morón de la Frontera... La segunda parte del poemario se titula “Lugares de paso”: Volver es alejarse / del lugar al que estamos destinados. ¿Es la poesía un obligado repaso de geografías transitadas o es que es más fácil invocar a la musa cuando evocamos el viaje, sea este interior o no? —RB: A la musa basta invocarla para que se largue de paseo. La poesía es un cierto o un incierto modo de mirar el mundo y por lo tanto es contemplativa y reflexiva. La vida sin metáfora alguna es un viaje quevediano de la cuna a la tumba. Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar. La vida es movimiento, la quietud es muerte. Y la poesía es un acto a caballo entre el movimiento y la quietud. Exige una mirada atenta e introspectiva al mismo tiempo. Una mirada hacia fuera y hacia dentro. En este poemario hay viajes inventados y viajes reales. La poesía se encuentra en ambos. El viaje a Morón de la Frontera o el poema dedicado a Nefertiti en el Museo de Berlín son experiencias reales. Trieste o Lisboa pertenecen al ámbito de la literatura. —ECP: Me han parecido especialmente conmovedores y muy certeros los homenajes que suponen los poemas ‘Retrato apenas esbozado de Zenobia en Puerto Rico hacia 1955’ (Está segura de una sola cosa: / el poeta se enamoró de su risa clara); ‘En la muerte de Julio Aumente’ (Se deslizó feliz —sin otro anhelo / que gozar en la tierra de su cielo--); ‘Desde una buhardilla de París Cioran medita’ (Tan solo soy un hombre que medita / un hombre insatisfecho) y ‘Antonio Machado a orillas del Duero’ (para evocar al hombre vencido y derrotado / que presiente su muerte en un país extraño). ¿Qué significan para usted estos cuatro nombres?
—RB: Esto es como una brújula que apunta en cuatro direcciones diferentes. Soy una persona a la que le interesa todo, aunque a veces no puede llegar a casi nada. De Zenobia me atrae que, siendo una mujer que en muchos aspectos era más interesante que Juan Ramón, fue opacada por la figura de este. El poema es una reivindicación de ese tópico de que detrás de un gran hombre siempre hay una mujer. En este caso la mujer es incluso más grande que el hombre al que sostuvo. Julio Aumente, del grupo Cántico, no es de los poetas más valorados, pero tiene una poesía rara y exquisita, secreta, un tanto al margen, que a mí me atrae mucho. Por Cioran tengo debilidad. Una forma de renunciar al mundo para decir el mundo, para pensarlo desde el borde mismo del abismo. Me emociona la certeza de su clarividencia. Escribió aquello de que «Cuanto más leo a los pesimistas, más amo la vida». Con Antonio Machado tengo un sentimiento encontrado. En él se gesta toda la poesía moderna que vendrá después, es uno de los perdedores de la guerra, pero me temo que se le ha ensalzado en exceso, quizás para contraponerlo a su hermano Manuel, que también se me antoja un poeta excelente. El mal poema es un poemario perdurable. —ECP: Volviendo a la cuestión del paso del tiempo, asegura Manuel Vicent que el tiempo no existe, el tiempo son sólo las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada (...) Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son (...) venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño. Después de un año en el que han pasado demasiadas cosas distintas pero indeseables y más de un embrollo real, ¿qué venenos aceptables querría que le trajera al mundo la trama de los días de 2025? Y, remitiéndome al primero de sus versos en este libro, ¿adónde espera que le lleve realmente este viaje a parte alguna o ninguna parte? —RB: Uno va a la deriva y acabará al final donde lo arrastre la corriente. El horizonte social, político y demás es descorazonador y altamente intranquilizador. En lo personal, como he dicho antes, desde la muerte de mis padres me ha quedado una sensación de naufragio. Y en mitad de un naufragio uno se limita a sobrevivir, a intentar alcanzar la costa, si puede, o a nadar entre dos aguas con el mínimo esfuerzo posible. El esfuerzo y las fuerzas se reservan para intentar no hundirse y permanecer a flote. Han sido tres años de desidia y apatía, en los cuales he sobrevivido aprovechando los restos del naufragio, pues mis últimos poemarios publicados en Pre-Textos, ediciones Trea o Renacimiento son poemarios que ya tenía escritos. Poesía escribo poca y a salto de mata, aunque me he concentrado en mi vertiente narrativa, un tanto opacada por mi poesía. No hay que olvidar que he publicado dos libros de relatos. Tengo tres proyectos en marcha: un texto entre el ensayo y la crónica familiar sobre el concepto de orfandad; una especie de homenaje a David Markson, un novelista que es cualquier cosa menos un novelista, y como muchas amistades me han sugerido que escriba un libro de viajes sobre mis avatares por toda la geografía nacional en mis casi treinta años de viajero obligado por asuntos literarios, estoy recopilando mis viejos diarios y recortes de periódicos de mis viajes a lugares tan variopintos como Higuera de la Sierra o Fabero, por si me decido a escribir sobre el tema. De todas maneras, conservo cuatro o cinco poemarios inéditos en busca de solícito editor o de premio prestigioso que los visibilice. —ECP: No será para dentro de mucho, por tanto, la publicación de su próximo poemario. —RB: Mi próximo poemario ya está aquí sin estar aquí. Está sin estar en sí. De momento estoy moviendo y presentando La trama de los días, porque considero que es un poemario que representa con bastante exactitud mi manera de mirar y comprender la realidad. Habrá a principios de año una presentación en Valencia, otra en Elche y una en Orihuela. Pero lo cierto es que ya tengo poemario nuevo, titulado Disculpen las molestias, que obtuvo el premio Rei en Jaume en castellano, convocado por el Ayuntamiento de Calviá, y ya está publicado. Puede que con los ejemplares que me han entregado haga una única presentación antes del verano, porque mucho me temo que lamentablemente será un poemario difícil de conseguir a través de librerías en la península, a pesar de haber sido publicado por una editorial. |
ENTREVISTAS
El Coloquio de los Perros. CABEZAS, ISMAEL
CAMARASA, RAFAEL CAMPUZANO, CLEOFÉ CANO, LEONARDO CARBAJOSA, NATALIA CARBAJOSA, NATALIA [traducir... poesía] CÁRCELES ALEMÁN, ANA CARIDE, ALBERTO CARRILLO, MARÍA ENCARNACIÓN CARRILLO, VIRIDIANA CASTRO, JUANA CÉLINE CEREZUELA, ANA CERVERA, RAFA CHEJFEC, SERGIO CHEJFEC, SERGIO [5] CHESSA, ALBERTO CHESSA, ALBERTO [Anatomía de una sombra] CHESSA, ALBERTO [Non finito] CHICO, ÁLEX CISNERO, ALBERTO COMAN, DAN CONTRERAS, NADIA CORTINA, ÁLVARO CRUZ, GINÉS CRUZ GUERRERO, Mª CARMEN DELGADO, DESIRÉE DÍAZ, ANA CLAUDIA DÍEZ, JOSÉ MANUEL DOMINIQUE A ELENA PARDO, CRISTINA ELKOURI, RIMA ESPEJO, JOSÉ DANIEL ESPEJO, JOSÉ DANIEL [Perro fantasma] FABRELLAS, JOAQUÍN FONT, VIOLETA GAIRÍN, RAMIRO GALÁN, JULIO CÉSAR GALÁN MOREU, SALVADOR GALÁN MOREU, SALVADOR [No fall] GALINDO, BRUNO GALLARDO, JOSÉ MANUEL GALLUD, EVA GALVÁN, ANI GAMBOA, JEYMER GARCÍA, CONCHA GARCÍA, DIEGO L. GARCÍA JIMÉNEZ, SALVADOR GARCÍA LÓPEZ, ERNESTO GARCÍA MELLADO, ISABEL GARCÍA PÉREZ, MANUEL GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO [La nueva subjetividad] GARRIDO PANIAGUA, RODRIGO GASS, CARLOS GERANIOS, ANA GINÉS, ANTONIO LUIS GINÉS, ANTONIO LUIS [Antonov] GINÉS, ANTONIO LUIS [Corriente invisible] GÓMEZ, MACARENA GÓMEZ BLESA, MERCEDES GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO [QUIROMANTE] GONZÁLEZ LAGO, DAVID GRACIA, ÁNGEL GROZO, DANIEL GUERRA NARANJO, ALBERTO HENDERSON, DAIANA HERNÁNDEZ, GALA HERNÁNDEZ, JULIO HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [EL DOLOR DE LOS DEMÁS] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [ANOXIA] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [TIEMPO POR VENIR] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [YO ESTOY EN LA IMAGEN] HERNÁNDEZ BUSTO, ERNESTO IRIBARREN, KARMELO C. JACINTO, ANA LUISA JORGE PADRÓN, JUSTO JUAN, MIGUEL (de) KASZTELAN, NURIT LADDAGA, REINALDO LARA ALBERCA, JOSÉ MANUEL LAYNA RANZ, FRANCISCO LEZCANO, YULEISY CRUZ LINAZASORO, KARLOS LLOR, DOMINGO LOBATO, FLORA LÓPEZ, PABLO LÓPEZ AGÜERA, FULGENCIO ANTONIO LÓPEZ BRETONES, JOSÉ LUIS LÓPEZ KOSAK, ANDREA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA [Qué mundo tan maravilloso] LÓPEZ PELLICER, PABLO LÓPEZ POMARES, ALEJANDRO LÓPEZ SANDOVAL, DAVID LÓPEZ SORIA, MARISA LOUZAO, ALICIA LOZANO, MERCEDES MACHUCA, LUIS MAESTRO, JESÚS G. MALAVER, ARY MANUELA, ADRIANA MARGARIT, LUCAS MARÍN, MARÍA MARÍN, MARÍA [Lo que se hunde] MARÍN, MARIO MARÍN ALBALATE, ANTONIO MARQUARDT, ANJA MART, BLANCA MARTÍ VALLEJO, MAITE MARTÍN, RUBÉN MARTÍN GIJÓN, SUSANA MARTÍN IGLESIAS, VÍCTOR MARTÍNEZ CASTILLO, ANA MARTÍNEZ MÁRQUEZ, ALBERTO MENDOZA, NURIA MESA, SARA MICÓ, JOSÉ MARÍA MIGUEL, LUNA MIRALLES, INMA MOGA, EDUARDO MOLINO, SERGIO (DEL) MONTEVERDE, JULIO MONTEVERDE SÁNCHEZ, CONCEPCIÓN MOR, DOLAN MORALES, JAVIER MORANO, CRISTINA MOREJÓN, NANCY MORENO, ANTONIO MORENO, ELOY MORENO, JAVIER MORENO, SEBASTIÁN MORENTE, ESTRELLA MOYA, MANUEL MUÑOZ, MIGUEL ÁNGEL NAVARRO, ÓSCAR NETO DOS SANTOS, MANUEL NIETO, LOLA NORDBRANDT, HENRIK NUÑO, SIHARA OLMOS, ALBERTO OREJUDO, ANTONIO ORTIZ, DEMIAN ORTIZ ALBERO, MIGUEL ÁNGEL PALOMEQUE, AZAHARA PAPELES DEL NÁUFRAGO [Antonio Lafarque y Aníbal García] PARDO VIDAL, JUAN PARRA SANZ, ANTONIO PARRA SANZ, ANTONIO [Gómes & Cía] PELLICER, GEMMA PEÑA DACOSTA, VÍCTOR PEÑALVER, PATRICIO PEÑAS, ESTHER PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Querida hija imperfecta] PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Las sumas y los restos] PÉREZ LEAL, AGUSTÍN PÉREZ MONTALBÁN, ISABEL PERONA, JESÚS PICÓN, EMILIO PRADA, JUAN MANUEL DE PRUDENCIO, JESÚS PUJANTE, BASILIO PUJANTE, MANUEL QUIJANO SÁNCHEZ, EDUARDO REINA, NÉSTOR RÍOS, BRENDA RIVAS GONZÁLEZ, MANUEL ROBLES, SALVA RODRÍGUEZ, ALFREDO RODRÍGUEZ, ALFREDO [Urre Aroa] RODRÍGUEZ, ALFREDO [Días del indomable] RODRÍGUEZ, HILARIO J. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, ANTONIO RODRÍGUEZ PAPPE, SOLANGE ROMERO MORA, J.D. ROMERO MORA, J.D. [En el desvarío] ROSADO, JUAN JOSÉ ROSSELL, MARINA ROVALHER, DANIEL RUDEL, JAUFRÉ RUIZ, MIGUEL ÁNGEL RUIZ GUERRERO, Mª CARMEN SALSE BATÁN, ALEJANDRO SÁNCHEZ, GINÉS SÁNCHEZ, GINÉS [2096] SÁNCHEZ, GINÉS [El borde cortante] SÁNCHEZ, GINÉS [Mujeres en la oscuridad] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El órgano] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El nudo] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Factbook] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [La cadena del frío] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Los que escuchan] SÁNCHEZ GÓMEZ, MARISOL SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS [Pastillas debajo de la lengua] SÁNCHEZ MENÉNDEZ, JAVIER SÁNCHEZ ROBLES, MIGUEL SÁNCHIZ, ANTONI SANTOS, ABEL SCHWEBLIN, SUSANA SEÑOR, RUBÉN SERRANO, PABLO SORIANO, ADA SUANE, SAÚL TRIGUEROS, SARA J. ÚBEDA, ANABEL URÍA, JUAN MANUEL VAL, FERNANDO DEL VALDÉS, ANDREA VALERO, MANUEL VALLÈS, TINA VARAS, VALENTINA VEGA, MIGUEL VERA FIGUEROA, ALBA VICENTE, TERESA VICENTE CONESA, FRANCISCO VILA-MATAS, ENRIQUE Hemeroteca
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