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Entrevista realizada por MANUEL GARCÍA PÉREZ Corriente invisible La lectura de un poemario como Corriente invisible (Bartleby, 2025) implica la exploración de toda una poética en la que la madurez expresiva está subordinada necesariamente a una reflexión moral y emotiva ante el hecho de la existencia. Antonio Luis Ginés no puede detenerse en corrientes estéticas donde lo anecdótico por sí solo es ejemplo de dicha o declive, o en ese sentimentalismo del que pecan voces nuevas donde lo ideológico destroza cualquier intento de expresar con eficiencia un pensamiento que trascienda lo racional. El poemario de Antonio Luis Ginés es una revisión sosegada de la vida, de su vida, de las vidas de otros donde la enfermedad y una actitud resignada, tranquila, ante la muerte convierte al sujeto en un ser humano contemplativo, pues las preguntas en este libro son afortunadamente más relevantes que las respuestas; resulta difícil escindir emoción de conjetura filosófica en un poemario de esta eficiencia técnica. De hecho, hay en Corriente invisible una apuesta que, sin estar reñida con el vitalismo, involucra al lector en esa paradoja inexorable en la que sentido y vivir son incompatibles. Cualquier intento de aproximarse a una búsqueda utilitaria de por qué existimos, morimos o enfermamos resulta banal. Por esa razón, la poesía de Ginés proyecta la inquietud de una posibilidad ya consumada con los años y que es la de no saber con certeza qué acontecerá, si bien somos un ser para la muerte. Porque vivir es un fin en sí mismo al margen de la dicha y la desgracia con la que se percibe todo lo experimentado. La poesía es, entonces, testimonio de esa inutilidad en la que residimos, por mucho que tratemos de pensar una y otra vez que es posible racionalizar la vida como una categoría en sí, previniendo sus accidentes y diseminaciones. Corriente invisible renuncia a esa lógica y pone en crisis el concepto de sentido, de interpretación única y unívoca de ser y de estar en el mundo. La muerte también es y está, y prende en cada recuerdo, en cada experiencia, y ese hecho determina la polisemia con la que la vida asombra y empuja, e interpela para nada. Así dice en la página 63: «Un nuevo comienzo que, tal vez, / nos borre de todos los mapas, / pero que esculpe en el aire / nuestro afecto por lo vivido». —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: La lectura del poemario insiste en dos constantes temáticas que definen la estética de Corriente invisible desde una inspiración existencialista. No hay ninguna de las experiencias cotidianas descritas en tus versos que no esté influida por una determinación de la caducidad. Por otro lado, la enfermedad aparece en ocasiones como rasgo visible de esa naturaleza efímera que acompaña al sujeto. No sé si he errado en el tiro. —ANTONIO LUIS GINÉS: En absoluto. La fecha de caducidad nos marca, pero no es tanto ese momento concreto sino la sensación que provoca tener esa lucidez de que el disfrute es provisional y nos gustaría que durase. Conviene estar preparado para asumir toda esta serie de acontecimientos —también el dolor—, y el yo que aparece va dando testimonio de ello a cada paso, de lo bueno y de lo menos bueno, pero formando parte de un todo que no podemos disociar. —ECP: No hay resignación en tu poesía, ni escepticismo, pero tampoco Corriente invisible quiere buscar una especie de ascetismo en los estragos que supone el mero hecho de vivir. ¿Cómo se puede componer un poema desde ese equilibrio que no peque de sentimentalismo ni de un feroz estoicismo? —ALG: Es lo más complejo, mantener ese equilibrio entre ambos planos. No resulta fácil. Incluso dejo una fisura para cierto matiz melancólico, porque supongo que es parte de mi sello personal, pero también lucho contra eso para que no me delate demasiado ni me descompense el poema. Un juego de equilibrios, en definitiva, en el que intento que la experiencia obligue a la conciencia a tensar el hilo poético hacia lo vital, sin lloros pero sin euforias. —ECP: No hay un exceso de artificio en tu poesía. Buscas una especie de medianía, con un léxico nítido. Ni siquiera te cebas con los símbolos. Y, sin embargo, el lector encuentra una profundidad existencial que trasciende, que formula preguntas reveladoras. ¿Cómo se logra que lo nimio y lo anecdótico absorban la catástrofe y el declive de uno mismo? —ALG: No perdiendo la perspectiva de lo mágico. Absorber la realidad, y filtrarla para acabar eligiendo de ella lo que realmente tenga o mantenga un brillo propio. Creo que ahí reside parte de la clave de la línea que trazo en este libro. Sin embargo no es sencillo —aunque lo aparente en la construcción o lectura— hacer que ese destello se muestre como realmente es: sincero, creíble, que lo que suele pasarnos desapercibido, a través de la mirada del yo, adquiera otro rumbo no previsto. —ECP: Después de estos años dedicados a la escritura, no sé hasta qué punto el oficio de la poesía es una liberación o una condena. No sé si eres de esos autores que, como señala Seamus Heaney en uno de sus textos, abre estrías en la tierra cuando escribe. Si la experiencia de la escritura es sufriente en tu caso. —ALG: Tiene un poco de todo. Los momentos iniciales —fase de enamoramiento— son muy atractivos, luego vienen ya las otras fases menos vistosas, más de bajar al barro y ponerte a trabajar y es cuestión de ver la dosis de esfuerzo que acabas empleando en cada una de las fases para saber si el desgaste valió la pena o fue excesivo. Trato de que no sea sufriente, de divertirme en la medida de lo posible (un juego sagrado, claro), de sorprenderme de lo que aún soy capaz de contar. Me quedo con ese efecto y la secuela de plenitud que deja en mí cuando me acerco a la redondez de la pieza. —ECP: Considero que el título del libro responde a esa necesidad de mostrar que la muerte, su presentimiento, forma parte de la intensidad emocional con la que se vive. Corriente invisible reivindica esa naturaleza cíclica del existir, remitiéndonos al apeiron o al cambio de Parménides. Pese a la gravedad de lo que se escribe en algunos de tus poemas, no hay signos de acabamiento en tu concepción de la muerte.
—ALG: Exacto. Creo que es el más vital de mis libros. El movimiento siempre está ahí, genera de por sí vida, lo veamos o no, permanece, podemos sentirlo y la muerte es otra parte de esta etapa. Sin embargo, no hago que ocupe un papel central y menos desde un tono oscuro ni tétrico. Saco a la superficie todo eso que a veces no hace falta nombrar, pero que en definitiva son las señales del placer de estar y ser parte de algo, de una corriente que establece sus propias vinculaciones, afectivas o empáticas dentro del libro. —ECP: En latín “necesidad” era la negación “ne” junto al verbo “cederé”, significando así “no parar”. No sé si existe un vínculo entre la escritura y esa necesidad de perdurar. No sé si consideras egoísta o narcisista que haya esa relación lógica aparentemente de la escritura como manera de existir después de la muerte, trascendiéndola. —ALG: Posiblemente quieres que algo de ti no se pierda del todo, y los versos representan una excusa, aunque no pienso en ello para perpetuarme —al menos por ahora—, sino para resucitar sensaciones y emociones en otros que se adentren en tus propuestas, incluso cuando ya no estés. La escritura en sí es ya continuidad, seguir en marcha, no detenerte. Si luego alguien recoge la inercia de ese movimiento, puede generarse una prolongación de esa acción inicial, una onda expansiva silenciosa. —ECP: Mi padre murió a causa de un cáncer a los 56 años y mi mujer tiene un tumor que está controlado desde hace años. En tu poemario, aparece el sustantivo “quimio” más de una vez. El posestructuralismo defendió la idea de Barthes de que quien escribe no es quien existe, desligando la vivencia personal del texto. Me cuesta mucho entrar en un poema que reflexiona sobre aspectos cruciales de la supervivencia como hacen los tuyos sin preguntarme por aquello que empuja al escritor a escribir esto o aquello. ¿Crees que la escritura es mímesis o es un proceso de mediación que tiende, a causa de la retórica, a desligar el texto de lo que es la experiencia determinante del autor? —ALG: Interesante pregunta. Creo que hay un poco de todo. Uno se desprende de lo que puede en la medida que beneficia al texto, manteniendo cierta tensión poética, pero también deja parte de uno mismo en dicha entrega, todo ello sin perder de vista el bloque; soy de los que piensan que el poema va ‘pidiéndote’ cosas y uno debe estar atento no tanto a lo que queremos imponer a toda costa, si no a lo que el propio poema —de forma esclarecedora— va necesitando. Para ello hay que saber escuchar lo que te pide, sobre todo lo que le sobra o no necesita. Y encauzarlo así hacia su recta final de la mejor manera posible. No puedes negar lo que eres, ese sustrato, tus pensamientos, tus sensaciones, también están ahí. Desde que mediamos en este proceso del hecho creativo se va generando ‘otro estado’, un filtro natural en el que lo sensorial también juega su papel, cierto, pero a la vez nos sentimos como parte de algo que, en ocasiones, no llegamos a entender en su totalidad mientras sucede, aunque tampoco hace falta.
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Entrevista realizada por LUISA PASTOR El Café del Poeta: charla con MANUEL GARCÍA PÉREZ El 11 de mayo, con luz de domingo, me espera en una de las mesas del Café del Poeta, frente a mi casa, Manuel García Pérez, para hablar de su último poemario, Vida y época de la ausente Eileen, elegantemente editado por la editorial Renacimiento tras resultar ganador en el XI Premio de Poesía Juana Castro. Cuando llego, con tan solo cinco minutos de retraso, él ya ha apurado su café. Estoy acostumbrada, como vieja amiga suya que soy, a sus velocidades. Yo me pido mi vermú de siempre, que paladeo y me dura toda la conversación. Eso es lo que me gusta de tenerlo como amigo: nuestra complicidad, adornada con el sello de lo que es distinto. Al día siguiente, el libro se presenta en Orihuela y yo estaré a su lado. Trata de no concederle demasiada importancia, pero sé que es verdaderamente significativo y reafirmante para él. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Cómo viviste y vives la experiencia de resultar premiado y publicado por Renacimiento, una editorial tan importante en el panorama poético nacional? Sé que no frecuentas demasiado los concursos. ¿Qué te movió a participar en este? —MANUEL GARCÍA PÉREZ: Pertenezco a una generación de escritores a los que publicar un libro le fue prácticamente imposible a finales de los noventa especialmente, porque los recursos en las editoriales, los procesos de industrialización, las ayudas y subvenciones, los requisitos y los criterios de calidad eran más que restrictivos. Que una editorial pequeña pudiese publicarte, tal y como sucedió con mis dos primeros poemarios, era un éxito mayúsculo. Con la llegada de la autoedición, Amazon y muchas subvenciones europeas, es raro que cualquier persona con inquietudes creativas no tenga ya publicado un libro. Además, llevo muchos años también reseñando obras literarias en diversos medios y, en esta última década, la nómina de escritores es infinita y los criterios de calidad han saltado por los aires, pues los editores en poesía están buscando creadores que, si bien demuestran talento, responden antes que nada a estereotipos de prestigio político y mediático, no tanto a estándares de innovación o trascendencia creativas. De repente, me he encontrado con autores que, sin apenas trayectoria, han logrado publicar en varias editoriales con amplia distribución. Por esa razón, necesitaba saber en qué lugar estaba yo después de estos años y me la jugué presentando este poemario a dos concursos internacionales donde la objetividad estaba por encima de la influencia de editores y las necesidades del mercado. Opté por el Premio Juana Castro y concursé con el convencimiento de que enviaba un trabajo meditado y con una unidad temática clara. Y, aunque los premios no signifiquen nada en muchos de los casos, el hecho de que lo ganase y me publicase Renacimiento me han valido al menos para reafirmar que mi trayectoria, desde hace muchos años, presenta una progresión estética y reflexiva, que responde a un constante trabajo de revisión y mejora de mis textos. —ECP: En la primera charla que mantuvimos tú y yo acerca del libro, me comentaste la influencia de la escritora Ottesa Moshfegh. De esta autora el New Yorker hizo una reseña en estos términos: «Posiblemente, la escritora americana más interesante a la hora de escribir sobre el hecho de estar vivo cuando estar vivo es un suceso terrible». Una musa oscura, Manuel. —MGP: Me gusta explorar la literatura contemporánea a través de aquellos autores que son hijos de su tiempo. La ficción que mira constantemente al pasado o aquella que se recrea en otras posibilidades de mundo no me interesan. Me inspira mucho más detenerme en narradoras como Moshfegh que analizan los problemas sociales y filosóficos de nuestra coyuntura, que profundizan y matizan el sentir y la preocupación de los sujetos anónimos que experimentan la soledad, pese a vivir en la metrópoli o en las capitales. Ese contraste entre la gestión de la depresión y la hiperestimulación de las ciudades forma parte del espíritu de este libro. Y Moshfegh, como Lorrie Moore, han sido influencias determinantes para la estética de Vida y época de la ausente Eileen. —ECP: Estamos, Manuel, ante un poemario marcadamente culturalista. Hay referencias a pintores, compositores, intérpretes de cine, instrumentistas, hombres y mujeres que conforman un tejido cultural más bien marginal o elitista, podría decirse, hasta el punto de que puede resultar en cierta medida hermético. Imagino que tú eres consciente de ello. ¿Es un riesgo calculado? ¿Una provocación al lector? —MGP: Necesitaba crear un crisol de estímulos en los que esa soledad profunda y desesperada contrastara con el flujo interminable de códigos y señales que la modernidad y posmodernidad representan. La globalización ha sido una globalización económica, cultural, del ocio incluso, étnica y tecnológica, pero también vivimos la globalización del individualismo y las enfermedades mentales. Y esto último son procesos destructivos, porque son íntimos, inéditos para quien los sufre, e intransferibles. La globalización también ha conllevado la resignación y acatamiento de que la soledad es un mal consustancial a las bonanzas de esta realidad donde la música, la literatura, las redes sociales, las plataformas audiovisuales, por ejemplo, fluyen a nuestro alrededor sin fecha de caducidad; un mundo virtual que nada tiene que ver con las realidades del espíritu. Mis referencias culturales en el poemario no hacen otra cosa que ahondar en su banalidad frente a mujeres destruidas y abandonadas a su suerte. —ECP: Explícanos la génesis de esta obra, ¿qué hay detrás de esta misteriosa Eileen Dunlop, que, como San Agustín, se ha convertido en una incógnita incluso para sí misma? ¿Cuál es su historia? ¿De dónde viene para acabar deambulando, como sonámbula, por tu poética? ¿Tiene algo de «mujer rota», en términos de Simone de Beauvoir? —MGP: A partir de mis lecturas de Otessa Moshfegh, y especialmente de la lectura de Mi nombre era Eileen, diseñé una biografía ficticia basada en algunos aspectos secundarios del perfil de la protagonista de Moshfegh. Conforme escribía el poemario, Eileen se iba pareciendo más a los personajes que suelo crear en otros de mis textos, porque el estigma de la autodestrucción empezaba a hacer mella en su realidad carnal y psicológica. Es una mujer rota, tienes razón, una mujer rota que se niega a aceptar el acabamiento, que asume que los ansiolíticos y los antidepresivos pueden mantenerla a flote y que, pese a la adversidad, prefiere el conformismo a desaparecer. —ECP: A la co-protagonista o antagonista, la presenta Eileen a través de un orfidal, en estos términos: «Me cogió la mano / y la miré sin parpadear a la cara. / No sé todavía / si era realmente hermosa. / Elogié la vegetación, / nuestra historia, / la vegetación que medra / alrededor de Rebeca». ¿Qué puedes contarnos de ella y de la toxicidad que esconde bajo su albornoz? —MGP: Todas las relaciones anteriores le han fallado al personaje principal de mi poemario, incluso su madre. Eileen no puede creer en el amor. Para alguien como ella, el amor es desencanto y derrota, una ilusión almibarada con obsolescencia programada. Sin embargo, en su comprensible búsqueda de la compañía, Rebeca es su alter ego, una representación de ella misma, de una mujer también aniquilada por la incomprensión y la ausencia. A ellas solo les queda el sexo y el acompañamiento, una clase de sororidad que no va a construir nada, pero que al menos les sirve para llevar sus duelos personales con pragmatismo. —ECP: Quien te conoce, advierte que en este libro se mantiene una línea constante en tu producción: la existencia asomada a un permanente abismo o lado oscuro, la identidad asociada al dolor. De hecho, entre las citas que encabezan el poemario podemos reconocer a dos poetas ciertamente tanatoestéticas (como Eileen), dos de las poetas suicidas más famosas de la poesía contemporánea: Anne Sexton y Sylvia Plath. ¿Podríamos llegar a decir que es tu gran obsesión? —MGP: En mi poesía, existen dos constantes fundamentales desde hace muchos años: la violencia como categoría filosófica y la aceptación de la muerte como un síntoma de padecimiento que es consustancial al hecho de ser hombre. Sé que hay una gran fascinación reciente por la poesía de Sexton, una fascinación que está vinculada a su suicidio, como en el caso de Plath. Pero siendo sinceros, no hay nada fascinante, una vez que sales de su literatura. Plath y Sexton estaban enfermas. Eran mujeres enfermas, con vidas donde el sufrimiento fue atroz. La relación creativa entre patología y escritura es demasiado atractiva, lo sé, y de eso me aprovecho, pero en mi poemario también se comprueba que Rebeca y Eileen están gobernadas por la culpa y, sobre la culpa, la ansiedad como síntoma de patologías feroces. Detrás de la seducción de estos escenarios, solamente hay sufrimiento y el vacío más absoluto. —ECP: Hablemos de los fármacos. Además del sueño, que es el fármaco reparador por excelencia, la medicación psiquiátrica tiene una importante presencia, facilitada por una terapeuta freelance, la doctora Tutle. Desde el Orfidal al litio, pasando por el Valium o el Infermitirol, que aparece en ‘Acampada en Michigan’. —MGP: Creo que es uno de los motores del relato que constituye este libro de poemas. El fracaso y la frustración sólo son subsanables desde la resignación asumida desde un proceso interior de deshumanización que la propia adversidad ha tramado para Eileen. La adicción a las drogas se convierte en una experiencia cotidiana, en una tabla de salvación momentánea, porque ese alivio sintomático tiene fecha de caducidad y es ahí donde empieza la autodestrucción, lo insalvable; el pretexto de vivir sencillamente por vivir. Esa es una de las reflexiones que explora este poemario. Vivir para nada. —ECP: En el poemario, se reflejan muchas de tus inquietudes, el melómano que eres, por ejemplo, no sólo por las referencias a grupos musicales, como los Moldy Peaches o cantantes concretos, como el islandés Ouse, a quien dedicas una oda, por cierto, sino también por el empleo de un lenguaje musical, que da títulos a poemas como ‘Rebeca’s blues’. ¿Qué aporta esa música, que también es, en muchos casos, alternativa y rara, a tu trabajo como escritor y al propio trabajo lector? —MGP: Es fundamental para lograr la verosimilitud en un poemario eminentemente urbano. Las resonancias minimalistas de Stetson y la presencia de los Moldy Peaches intervienen en una contextualización que aproxima a Eileen a la carnalidad, porque, pese al simbolismo y las metáforas, nuestra protagonista es una mujer, no es una alegoría o un trasunto semántico. De hecho, en Eileen no se idealiza nada en absoluto. Al contrario, se describe el inframundo de una mujer carnal a la que la soledad la cerca y asfixia. Y la música, además de aportar verosimilitud, es una falsa condición ambiental donde se disimula ese declive. —ECP: No puedo hablar contigo de este libro ni de nada, por otra parte, sin que aparezca el tema del cine, otro elemento fundamental en las páginas de este libro. De hecho, la historia de Eileen y Rebeca sirve de base a una película, en la que la propia autora intervino como guionista. ¿La has visto? ¿Hay algo de ese film en esta obra?
—MGP: No he visto la película, porque no quería contaminarme en la revisión de las galeradas. Eileen tiene su origen en la narrativa de Moshfegh, pero no es la Eileen de la narradora. Es mi Eileen, una mujer que, con el paso de los meses, se parece cada vez más a esas madres, abuelas y tías que han tenido que afrontar solas la pérdida de los suyos, la viudez, y ser cuidadoras de padres y madres incapacitados por la enfermedad o la senectud. La presencia de estas mujeres en mi poemario, pese a vivir en Estados Unidos, se asemeja a toda una generación de luchadoras silenciosas que sólo salían de casa para trabajar, haciendo de la invisibilidad su más preciado don. —ECP: Los paraísos artificiales, y muy en particular, el alcohol, sirven como escape ante la realidad pero persiguen como una maldición, una condena, convertida en ‘Primer mandamiento’, como sugieres en este hiperbreve poema, que dice tan sólo esto: «Se entregaba a la ginebra / como el solitario pájaro de Yeats al fuego». ¿Una realidad sórdida puede generar imágenes tan bellas como esta? —MGP: Sin espacio público, no hay humanidad. La mujer que representa Eileen es la que trabaja fuera y vive en casa la mayor parte de su tiempo. Si sale para relacionarse con los otros, lo hace emborrachándose o acostándose con hombres que afectivamente no le dicen nada. El alcohol borra, olvida y extingue esa condición promiscua y mórbida en mujeres que no tienen otra opción de ser visibles, de participar de lo público, pero, ¿a qué precio? Al precio de lo que vale una botella para poder regresar a casa sin remordimiento. —ECP: Pintalabios de color carmesí, rímel corrido, delineador blanco para los párpados. Podemos hablar de una cosmética del dolor, ¿no? —MGP: Creo que hay un ritual de muerte y sacrificio en el hecho de que mujeres como Eileen se maquillen. En el fondo, están perdidas y rotas, así que la cosmética intenta disimular ese daño constante que las va erosionando. Nada puede herir más que aparentar lo que uno no es, así que el maquillaje no es un maquillaje para fascinar, sino para consolidar la devastada autoestima que las gobierna. Un maquillaje tribal, de cazadora, o de presa que va a ser sacrificada. Las pinturas y los tintes, además, se diluyen y se borran, dejando un rastro zafio sobre la piel, solapando y ocultando contornos, perfiles, miradas. El maquillaje de varios días hace que la identidad del yo desaparezca. —ECP: El sentido espiritual que tiene esta propuesta de desconexión a través del sueño en ‘Mi año de descanso y relajación’ prepara también al lector para la entrada de un léxico de carácter ya declaradamente religioso. Ya al principio de la obra encontramos, por ejemplo, una ‘Oración para Colin Stetson’, famoso saxofonista y compositor estadounidense, y conforme se va cerrando el libro, se suceden referencias a Dios, los cielos, mandamientos varios y otras bendiciones, llegando incluso a poner el broche final un salmo y una monición de salida. Igual que he hablado antes de una cosmética del dolor, ¿podríamos decir también, como advirtió Tolstói en sus diarios a propósito de la muerte de su hijo, que el dolor comporta cierto misticismo, nos eleva espiritualmente el martirio? —MGP: No quise renunciar a una de las características fundamentales de mis poemarios anteriores y es ese sentido religioso y ritual que tiene la poesía tal y como yo la concibo. Pese a ser un poemario realista e inspirado en las metrópolis, la estructura, el simbolismo y el lenguaje pertenecen a una concepción de la poesía como una oración, un mantra, una fórmula propia del exorcismo. Rebeca y Eileen son personajes que dialogan con sus demonios a diario. Son mujeres, además, que no van a ser salvadas y que han dejado de tener esperanza. Por esa razón, hay un misticismo del mal y del bien en los textos, una aproximación a la catarsis desde la ejemplaridad de estas mujeres de carne y hueso, en las que el fatalismo y la perdición son ya una realidad. Agarrarse a Dios se ha convertido en una ilusión para ellas y la vida es ya un valle de lágrimas del que no van a salir, ni lo pretenden. |
ENTREVISTAS
El Coloquio de los Perros. CABEZAS, ISMAEL
CAMARASA, RAFAEL CAMPUZANO, CLEOFÉ CANO, LEONARDO CARBAJOSA, NATALIA CARBAJOSA, NATALIA [traducir... poesía] CÁRCELES ALEMÁN, ANA CARIDE, ALBERTO CARRILLO, MARÍA ENCARNACIÓN CARRILLO, VIRIDIANA CASTRO, JUANA CÉLINE CEREZUELA, ANA CERVERA, RAFA CHEJFEC, SERGIO CHEJFEC, SERGIO [5] CHESSA, ALBERTO CHESSA, ALBERTO [Anatomía de una sombra] CHESSA, ALBERTO [Non finito] CHICO, ÁLEX CISNERO, ALBERTO COMAN, DAN CONTRERAS, NADIA CORTINA, ÁLVARO CRUZ, GINÉS CRUZ GUERRERO, Mª CARMEN DELGADO, DESIRÉE DÍAZ, ANA CLAUDIA DÍEZ, JOSÉ MANUEL DOMINIQUE A ELENA PARDO, CRISTINA ELKOURI, RIMA ESPEJO, JOSÉ DANIEL ESPEJO, JOSÉ DANIEL [Perro fantasma] FABRELLAS, JOAQUÍN FONT, VIOLETA GAIRÍN, RAMIRO GALÁN, JULIO CÉSAR GALÁN MOREU, SALVADOR GALÁN MOREU, SALVADOR [No fall] GALINDO, BRUNO GALLARDO, JOSÉ MANUEL GALLUD, EVA GALVÁN, ANI GAMBOA, JEYMER GARCÍA, CONCHA GARCÍA, DIEGO L. GARCÍA JIMÉNEZ, SALVADOR GARCÍA LÓPEZ, ERNESTO GARCÍA MELLADO, ISABEL GARCÍA PÉREZ, MANUEL GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO [La nueva subjetividad] GARRIDO PANIAGUA, RODRIGO GASS, CARLOS GERANIOS, ANA GINÉS, ANTONIO LUIS GINÉS, ANTONIO LUIS [Antonov] GINÉS, ANTONIO LUIS [Corriente invisible] GÓMEZ, MACARENA GÓMEZ BLESA, MERCEDES GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO [QUIROMANTE] GONZÁLEZ LAGO, DAVID GRACIA, ÁNGEL GROZO, DANIEL GUERRA NARANJO, ALBERTO HENDERSON, DAIANA HERNÁNDEZ, GALA HERNÁNDEZ, JULIO HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [EL DOLOR DE LOS DEMÁS] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [ANOXIA] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [TIEMPO POR VENIR] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [YO ESTOY EN LA IMAGEN] HERNÁNDEZ BUSTO, ERNESTO IRIBARREN, KARMELO C. JACINTO, ANA LUISA JORGE PADRÓN, JUSTO JUAN, MIGUEL (de) KASZTELAN, NURIT LADDAGA, REINALDO LARA ALBERCA, JOSÉ MANUEL LAYNA RANZ, FRANCISCO LEZCANO, YULEISY CRUZ LINAZASORO, KARLOS LLOR, DOMINGO LOBATO, FLORA LÓPEZ, PABLO LÓPEZ AGÜERA, FULGENCIO ANTONIO LÓPEZ BRETONES, JOSÉ LUIS LÓPEZ KOSAK, ANDREA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA [Qué mundo tan maravilloso] LÓPEZ PELLICER, PABLO LÓPEZ POMARES, ALEJANDRO LÓPEZ SANDOVAL, DAVID LÓPEZ SORIA, MARISA LOUZAO, ALICIA LOZANO, MERCEDES MACHUCA, LUIS MAESTRO, JESÚS G. MALAVER, ARY MANUELA, ADRIANA MARGARIT, LUCAS MARÍN, MARÍA MARÍN, MARÍA [Lo que se hunde] MARÍN, MARIO MARÍN ALBALATE, ANTONIO MARQUARDT, ANJA MART, BLANCA MARTÍ VALLEJO, MAITE MARTÍN, RUBÉN MARTÍN GIJÓN, SUSANA MARTÍN IGLESIAS, VÍCTOR MARTÍNEZ CASTILLO, ANA MARTÍNEZ MÁRQUEZ, ALBERTO MENDOZA, NURIA MESA, SARA MICÓ, JOSÉ MARÍA MIGUEL, LUNA MIRALLES, INMA MOGA, EDUARDO MOLINO, SERGIO (DEL) MONTEVERDE, JULIO MONTEVERDE SÁNCHEZ, CONCEPCIÓN MOR, DOLAN MORALES, JAVIER MORANO, CRISTINA MOREJÓN, NANCY MORENO, ANTONIO MORENO, ELOY MORENO, JAVIER MORENO, SEBASTIÁN MORENTE, ESTRELLA MOYA, MANUEL MUÑOZ, MIGUEL ÁNGEL NAVARRO, ÓSCAR NETO DOS SANTOS, MANUEL NIETO, LOLA NORDBRANDT, HENRIK NUÑO, SIHARA OLMOS, ALBERTO OREJUDO, ANTONIO ORTIZ, DEMIAN ORTIZ ALBERO, MIGUEL ÁNGEL PALOMEQUE, AZAHARA PAPELES DEL NÁUFRAGO [Antonio Lafarque y Aníbal García] PARDO VIDAL, JUAN PARRA SANZ, ANTONIO PARRA SANZ, ANTONIO [Gómes & Cía] PELLICER, GEMMA PEÑA DACOSTA, VÍCTOR PEÑALVER, PATRICIO PEÑAS, ESTHER PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Querida hija imperfecta] PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Las sumas y los restos] PÉREZ LEAL, AGUSTÍN PÉREZ MONTALBÁN, ISABEL PERONA, JESÚS PICÓN, EMILIO PRADA, JUAN MANUEL DE PRUDENCIO, JESÚS PUJANTE, BASILIO PUJANTE, MANUEL QUIJANO SÁNCHEZ, EDUARDO REINA, NÉSTOR RÍOS, BRENDA RIVAS GONZÁLEZ, MANUEL ROBLES, SALVA RODRÍGUEZ, ALFREDO RODRÍGUEZ, ALFREDO [Urre Aroa] RODRÍGUEZ, ALFREDO [Días del indomable] RODRÍGUEZ, HILARIO J. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, ANTONIO RODRÍGUEZ PAPPE, SOLANGE ROMERO MORA, J.D. ROMERO MORA, J.D. [En el desvarío] ROSADO, JUAN JOSÉ ROSSELL, MARINA ROVALHER, DANIEL RUDEL, JAUFRÉ RUIZ, MIGUEL ÁNGEL RUIZ GUERRERO, Mª CARMEN SALSE BATÁN, ALEJANDRO SÁNCHEZ, GINÉS SÁNCHEZ, GINÉS [2096] SÁNCHEZ, GINÉS [El borde cortante] SÁNCHEZ, GINÉS [Mujeres en la oscuridad] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El órgano] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El nudo] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Factbook] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [La cadena del frío] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Los que escuchan] SÁNCHEZ GÓMEZ, MARISOL SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS [Pastillas debajo de la lengua] SÁNCHEZ MENÉNDEZ, JAVIER SÁNCHEZ ROBLES, MIGUEL SÁNCHIZ, ANTONI SANTOS, ABEL SCHWEBLIN, SUSANA SEÑOR, RUBÉN SERRANO, PABLO SORIANO, ADA SUANE, SAÚL TRIGUEROS, SARA J. ÚBEDA, ANABEL URÍA, JUAN MANUEL VAL, FERNANDO DEL VALDÉS, ANDREA VALERO, MANUEL VALLÈS, TINA VARAS, VALENTINA VEGA, MIGUEL VERA FIGUEROA, ALBA VICENTE, TERESA VICENTE CONESA, FRANCISCO VILA-MATAS, ENRIQUE Hemeroteca
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