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Entrevista realizada por El Chulo Bohemio * Una entrevista entre diablos Al contrario que mis antecesores periodistas —atraídos, sin duda por lo pintoresco del personaje en una profesión como la suya―, he decidido componer un interrogatorio para Andrés de la Orden, poeta. Asomarse de nuevo a sus versos con semejante vocación ha sido algo así como volver al Inframundo pasando por la laguna Estigia sólo para poder darle a Caronte una hostia por no aceptar bizum. No está mal como estreno interviewer; Su Satánica Señoría destogado y vomitando sinceridades sobre toda polla o coño que se deje rebanar e incluso lamer por su verso duro, todo al ritmo de la cerveza y el vino añejo por cortesía del entrevistado. ¿Acaso había un poeta más idóneo a quien desgajar el himen para complacencia de este Coloquio de los Perros, al tiempo que uno se desvirgaba en las artes preguntonas? Con muchas ganas de leer esa entrevista entre diablos, me ponía en un correo mi compadre y poeta Alberto Chessa, promotor de la misma. Pues aquí está. Ojalá sea deleite de quienes la lean, tanto como la hemos disfrutado estos dos diablos, hijos de las bondades de lo dionisíaco, reunidos, por caprichos del calendario, en la augusta morada de Andrés el día de todos los Santos de este agónico 2025. —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Muy buenas, Andrés, y gracias por concederme esta entrevista. Con Leticia Sabater ha sido imposible, sobre todo porque ni lo he intentado. —ANDRÉS DE LA ORDEN: Hombre, ella te hubiese dado mucha más cancha que yo. —ECP: No lo tengo yo tan claro (risas). A lo que vamos. No he tenido ocasión de adquirir y, por ende, de leer tus dos primeros poemarios, Horror and hope y Ex, así que te propongo un descenso a los infiernos desde los otros cuatro, es decir, desde Metal negro hasta Palos. —AO: Perfecto. —ECP: Pues arrancamos con Metal negro (Raspabook, 2013) y con el título en sí. Tanto en el prólogo como en el índice se lee “Negro metal” y no “Metal negro”, como viene en la portada. Así, invertido el título, parece que quisiera emular aquello de las invocaciones escuchando los discos al revés. ¿Se debe esto a un cambio de última hora por tu parte o te acabas de enterar de la movida? Por la cara que has puesto... —AO: En realidad iba a llamarse Black metal, pero me aconsejaron, al escribir en español, que el título no fuese en inglés, por lo que Negro metal era su traducción siguiendo el orden estricto de las palabras. Al final fue Metal negro. —ECP: Fíjate, yo había pensado incluso en un error de edición. Tiene su gracia el baile anecdótico del título. —AO: Yo es que, hasta entonces, había sido exclusivo de otros tipos de metal, como el doom metal o el heavy metal, pero me golpeó muy fuerte el black metal. Eran auténticos poemas las líricas de esas canciones. Al contrario que la música actual, que no dice nada, solo chorradas sin un mensaje más allá del apareamiento o de procacidades del tipo te la voy a meter por donde haces caca y ese tipo de gilipolleces. En el black metal muchos grupos cantan en su lengua original, como el sueco, el noruego o el danés y había que traducirlos. Me gustó mucho entender lo que estaban diciendo. —ECP: En el poema ‘Persianas’ pones en mayúsculas Y AHORA TENGO TANTO MIEDO. Se deduce, también por los poemas siguientes, el vínculo de este miedo con los gajes del oficio. Pero dime, ¿a qué temes más en esta vida? —AO: A la muerte. Además, y yo soy muy radical, quien diga lo contrario miente. Bueno, habrá por ahí gente muy religiosa y piense que va a existir algo en el otro lado, en otra dimensión, donde va a ser recompensado o castigado. Para mí, la muerte es el final. Y a mí me gusta estar vivo, aunque mi vida sea jodida en algunos apartados. Digamos que le tengo más pánico a la muerte de los míos que a la mía propia. Eso que llaman amor. La muerte es la única certidumbre. Además, no solo nos vamos a morir, sino que nos vamos a morir rabiando. Le tengo miedo a eso. —ECP: De los vocablos que son puro thrash metal y que utilizas con cierta asiduidad (navajas, sangre, gusanos, lefa, polla...), ¿con cuál te sientes más identificado y por qué? —AO: Los usaba mucho antes. Ahora menos. El libro quería tener un algo de no conformidad, de mucho dolor rabioso. Esos vocablos, algunos muy malsonantes, intentaban describir ese aborrecimiento o rabia sucia que yo sentía. Si he de elegir uno es lefa, porque la lefa, muy poco mencionada, es el modo radical y sucio de referirse al semen como algo desprovisto de todo amor, de toda humanidad. A mí me sentaba bien a la vista y al oído (aquí un lefazo viene de puta madre). Hacían chistes conmigo. —ECP: Siempre supe que había ahí un algo, fíjate. —AO: Mi trabajo, el Derecho Penal, es un mundo sórdido, aunque me gusta por la parte de filosofía oscura que tiene. De hecho, yo quería estudiar Filosofía, pero no me dejaron. Cómo no iban a influir en mi libro cosas como tener que resolver algo con quince años de cárcel, atender maltratos o sumergirme en violencias de todo tipo. No te acostumbras. Te hace daño, te oscurece y eso se refleja en cada poema. Este escrito lo conservo como un tesorico. De hecho, solo tengo un ejemplar. Tendría que imprimir alguno más. —ECP: En eso coincidimos, yo tengo otro (risas). Si hay más, te daré toda la publicidad que pueda para que los distribuyas. Es fundamental, para lograr el tránsito de la oveja a la cabra, que esa gente especial, que se elije a sí misma, pueda acceder a este tipo de obras. Somos los que somos y nos tenemos los que nos tenemos. —AO: Efectivamente. No somos tantos. —ECP: Del poema ‘Ambuno’... —AO: Ambuno, y perdona que te interrumpa, quiere decir algo así como «estoy jodido contigo, apártate, no quiero nada contigo hasta que desaparezca esta ambunidad», algo así como no te junto. La usábamos, sin más, en el pasado. Ahora sé que determinados diccionarios sobre jergas la recogen. También tiene la acepción de tristón, de apartado. Pero vamos, significar, significaba eso: me cago en tus muertos. —ECP: Eso, y perdona que te interrumpa yo a ti, justifica la pregunta que iba a hacerte. Escribes en el poema: «me pegaban, me llamaban gordo y cursi, y jodidamente lo era, / pero hoy, engreído, rastafari, melenudo, hay días que te crees mejor que alguien». ¿Cuánto dirías que imponen los pelos largos? —AO: Pues en eso no hemos mejorado mucho. Cuando era crío era un estigma. Para otros, una seña de identidad. Te marcaba ideológicamente, socialmente (este sujeto es peligroso). Pensaba que, con el paso de los años, mejoraríamos. Antes había más chavales heavies. Cada vez se ven menos. Sigue muy estigmatizado, incluso con un traje y una corbata. No hemos llegado al punto de que sea algo intrascendente. Todavía, cuando voy con Loli a los conciertos, es ella quien pide el taxi, porque si lo hago yo, llegan a pasar de largo hasta cinco o seis. Incluso al solicitar una mesa para comer te dicen que está reservada, aunque no aparezca el cartel por ningún lado. Te sientas en otra y ves que nadie acude a la que te han negado. ¡Si yo vengo a comer o a cenar y a pagar, coño! Creo que tiene menos trascendencia llevar un tatuaje o un pendiente. El pelo largo impone, pero para mal, como prejuicio, para determinada gente. —ECP: Aunque en parte ya lo has hecho, define Metal negro con más crudeza aún. —AO: Pota, vomitera de rabia, real, auténtica, con pocas concesiones a la esperanza y a la felicidad. Vomitas lo que sobra en tu cuerpo tras la digestión del alma. (Loli nos trae bebida y Andrés le pide que meta al congelador un vino turbio de 15 años, antiguo Ribeiro). Soy un depresivo endógeno, con lo opaco pesando sobre mí. He levantado cadáveres, investigado asesinatos, violaciones. Me comía todo por dentro. Ese almíbar amargo de desesperanza me hizo vomitar todo lo tóxico, todo el mal, como el rechazo que nos produce una pota cuando la observamos desde fuera. Algo muy negro, muy oscuro, salió en forma de vómito. Todo eso es Metal negro. —ECP: Pasamos al siguiente nivel de nuestro tránsito por los avernos, así, a la manera dantesca. Noctem (Raspabook, 2016) incluye un poema titulado ‘Putas’. El término en cuestión, entendido como desempeño del oficio, parece haber evolucionado hasta el larguísimo trabajadoras del sexo. ¿Crees que debemos dejar de usar putas por cuestiones ofensivas o la palabrica tiene y seguirá teniendo su encanto poético? —AO: No sé si hay algo de arte en lo mío, pero sí de creación artística libre, un derecho más amplio incluso que el de opinión y el cual compone la evolución de una sociedad. No solo es válido, sino necesario usar putas, pero no como desprecio. Este poema responde a una historia real en un prostíbulo en el Barrio del Carmen, donde tuve que intervenir. Había alarma social, pues estaba cerca de un colegio. Estas pobres mujeres eran esclavas del algodón negro recogiendo los lefazos de los demás. Por unos 12€ se acostaban con ellas, en colchones en el suelo, con sábanas sucias. A las chicas, la mayoría inmigrantes ilegales, les quedaban de esos servicios sexuales 2 o 3 € en el mejor de los casos. Lo de «meteros por el culo un bate de béisbol por toda la merecida eternidad» va dirigido a las personas malnacidas, de ambos géneros, que llevaban este antro y es lo menos que les deseo. Por todo ello, no vale usar, pues, trabajadoras del sexo, ya que el único trabajo lo hacían quienes las explotaban y cuya consecuencia es una condena de diez años de cárcel. El día que no pueda usarse putas —término que en este poema infunde respeto— en el ámbito de la creación artística, ya no habrá creación artística. —ECP: Correcto. Ya que le he cogido el puntillo al asunto femenino, sigamos por ahí, aunque de modo infinitamente más amable. En el poema ‘Mar’ escribes: «el Mal tiene el coño depilado». ¿Cuál es tu formato predilecto: velludos hasta el ochentismo, parcialmente nubosos, triangularmente isósceles con el perianal rasurado, depilación completa y radiante? —AO: Un poco lo que se presente (risas). En serio, cualquiera que genere agrado. Es cierto que algunos matojos hacen perder la geometría, la visión geográfica. Depilado me gusta. También con el vello conformado. Recuerdo aquellos interrailes por Grecia, con aquellas hippies a las que les nacía el vello ya desde los muslos y no sabían lo que era una cuchilla. En estas cosas, sobre todo, hay que ser cariñoso, algo que es más bonito que el respeto. Si tienes ahí el mato grosso, pues a buscar el tesoro a lo Miguel de la Cuadra Salcedo y punto. La depilación socialmente obligatoria parece decir que a los hombres nos gusta el coño de las niñas. Así, parece que nadie puede tener un puto pelo en su cuerpo, ni siquiera ahí. ¿Qué pasa, que lo que nosotros queremos es follarnos a las nancis? No, no. Yo quiero estar con una persona y que se desprenda mi cariño. A partir de ahí, lo que cada una decida. —ECP: Ahora una fácil. Leyendo ‘Paseo de la Barra (Cabo de Palos)’, se me ocurre preguntarte, ¿a qué te consideras más cercano, a la metáfora o al surrealismo? —AO: Mira, yo no soy profesor de literatura, como Diego Sánchez Aguilar. Supongo que en mis poemas hay metáforas, pero si me salen, me salen solas. No me siento cercano ni a la métrica ni a las figuras literarias. Si me tengo que sentir más próximo a algo, sería quizá a ese surrealismo al que te refieres, como una realidad que subyace. —ECP: ¿Qué te inspira el salitre? —AO: Cuando era pequeño, iba mucho a las salinas que había en Calblanque, donde teníamos una explotación. Jugábamos en la sal cristalizada, algo que era como un milagro que cambiaba de color, uno de los recuerdos primigenios más bonitos de mi vida. De ahí me vino el salitre, la sensación de sabor a mar, tacto pegado y olor que estimula todos los sentidos. Abrir la ventana y sentir el rocío empapado en salitre es una de las cosas más maravillosas del mundo que echo mucho de menos. —ECP: En el poema ‘De la Orden’ mencionas el juego del churro, mediamanga, mangotero. ¿A qué juegos de tu infancia te gustaría volver? Valen también los de mesa. —AO: Al churro definitivamente no. No sé cómo a alguno no se le partió la espalda con la salvajada esa de caer con toda la fuerza, clavando con mala leche los nudillos. Me gustaba mucho el pañuelo. De mesa, recuerdo sesiones de espiritismo en una casa abandonada tras la muerte de la familia en un accidente. Lo pasábamos muy bien, aunque hubo alguna experiencia que no nos moló tanto. El Risk me gustaba mucho, por aquello de la estrategia. Pero, por encima de todas las cosas de este mundo, me encantaría volver a jugar al mus, pero no encuentro a nadie. ¿Tú sabes jugar al mus? —ECP: Sé más o menos de lo que va, pero no recuerdo si he llegado a jugar. Uno de los más acérrimos es Millán Salcedo, el humorista de Martes y 13. Tal vez por ahí... (risas y más cerveza y vino). En ‘Refugiados’ leemos: «yo creo que Cristo está muriendo a la frontera / del territorio Schengen». ¿Qué podemos esperar de la especie humana a día de hoy si miramos a las personas que lo dejan todo atrás por una oportunidad, incluso por la oportunidad de seguir viviendo? —AO: Nada bueno. Pero no se trata de creer, se trata de mirar. Presumíamos los españoles de no ser racistas y en cuanto han venido muchos, hemos puesto el grito en el cielo. Cuando se acompaña de la marginalidad, en esas personas que se tienen que buscar la vida, en todos estos estados engranaje, se ve lo que ha querido la gente votando a los representantes a quienes eligen. Eso de que el pueblo no se equivoca es mentira. Ya lo hemos visto con Trump en EE.UU., por ejemplo. Ya hay gobiernos europeos antieuropeístas ultranacionalistas con el discurso de si necesitamos a un negro, ya lo llamaremos nosotros, así que no podemos esperar nada bueno. —ECP: «Seremos una fecha en el mármol», apuntas en el poema ‘Eficacias’. ¿Qué te gustaría que se esculpiera en el tuyo? —AO: Me gustaría que no pusiera Andrés Carrillo de las Heras. Cuando me jubile —ya queda poco— quiero juntar, ahora no me da la vida, mi primer y tercer apellido: Andrés Carrillo de la Orden. Y lo que quiero que figure, respondiéndote, es Andrés de la Orden. —ECP: Rescato ahora dos versos muy parecidos para preguntar algo en relación con ambos. El primero dice: «los domingos son los Días del Señor aunque el Buen Amo se haya muerto», incluido en ‘Barricadas’. El segundo: «Es el Día del Señor aunque el Buen Amo haya muerto», del poema ‘Domingo’. ¿Cómo es tu domingo perfecto? —AO: Un domingo que no tenga un lunes. —ECP: Releído el poema ‘Padre’, se me ocurrió esta cuestión a modo de trabalenguas: ¿matar al padre es hacer algo distinto a lo hecho por el padre cuando uno acaba por ser padre? —AO: Bebí mucho vino ayer en la boda (casualmente, Loli vuelve con la botella). A ver que lo piense. Matar al padre es la negación absoluta del yo. Me refiero a matar a Dios. Cuando uno mata al padre, todo vínculo que le unía desaparece. Primero queda huérfano y, segundo, niega al padre. En mi caso, no me dejaron estudiar lo que yo quería, pero no me dieron por culo con la música. Yo sí se lo he dado a mis hijos, tanto, que me han salido reggetoneros. Pero, lo de matar al padre, en este poema, es una especie de suicidio. Tú desapareces también. Pero, para volver a renacer, a veces hay que “matar” al padre que has tenido. —ECP: ¿Qué eres, más buceador, más bañista, más marinero o más contemplador del mar? —AO: Más buceador. —ECP: De los versos de ‘Pasados’ rescato: «el riesgo de la honestidad, debimos ser jóvenes y acaso debimos ser hermosos». ¿Somos mejores, más virtuosos cuándo somos jóvenes? —AO: Definitivamente sí. Somos más hermosos. Podemos ser peores incluso, pero éramos una máquina que funcionaba, no engranajes de una máquina que nos hace funcionar. Queríamos cambiar cosas de este mundo. Aunque yo tuviese una juventud difícil, la juventud era felicidad y belleza. Yo ya soy un desecho del tiempo y, querido amigo, tú también. A determinadas personas les atraemos mucho por aquello que tiene el diablo de por aquí ya he pasado yo. Pero, divino tesoro. —ECP: (Rellenamos las copas y brindamos por el tesoro). ¿Eres más de arroces o de marisco? No vale decir el arroz con marisco ni el marisco con arroz. —AO: De arroces. Sólo como salmón y atún cuando tengo que salir a cenar por Cabo de Palos, que no está preparado para vegetarianos. —ECP: Saltamos a la zona Pentagramas (Raspabook, 2021). Aquí, las referencias musicales... —AO: Este libro es música, pero música satánica. Por eso lo de Pentagramas, tú lo llevas en un anillo y yo también. Al revés es la Estrella de David. Resulta que tengo también la carrera de solfeo, otra de las cosas que me obligaron a estudiar. Para qué pollas, aunque solfeaba de puta madre. El caso es que siempre me llamó la atención el que la música se escribiera en pentagramas. Por eso quise hacer este libro, aunque sobre todo, quise hacerlo muy borracho. —ECP: Pues muy bien hecho. A parte de todo esto que me cuentas, decía yo que aquí las referencias musicales alcanzan su clímax, tras las menciones en Metal negro y las citas introductorias en Noctem. Hay también un giro prosaico y una mayor extensión de los poemas. ¿Te resultó más laborioso que los libros anteriores? —AO: Yo me había impuesto a mí mismo que si tenía que hablar de algo tan importante como la música debía hacerlo bajo un pequeño estado alterado de conciencia, es decir, con menos de tres vinos yo no podía escribir estas cosas. Y me resultó más laborioso de hacer y más aún de leer ciertos párrafos que no entendía bien ni yo. Pero fue muy gratificante porque hablaba de mí. Puse los sueños reales de mi vida con la música como eje directriz, igual que ocurre en el día a día. Hombre, no les pongo metal a los abogados o a los acusados, pero el resto del tiempo siempre estoy escuchando música. La inspiración no fue la poesía, tampoco la literatura, que me encantan, sino la música rock que enseña, que transmite un mensaje. Algunas canciones de Los Suaves son poemas de la hostia. Gracias a Iron Maiden, hay gente que sabe quién es Coleridge e incluso se saben de memoria alguno de sus versos. La música dentro de lo que a mí me pasó. Eso es Pentagramas, una de mis creaciones favoritas y eso que me conozco mi historia. —ECP: Para diseccionar, ¿con qué Gary Moore te quedas, con el rockero crudo de ‘Out in the fields’, con Phil Lynott o con el susurro callejero de ‘Still got the blues’? —AO: Con ambos. Aunque en este poema me focalizo en su último disco como rockero duro, Wild frontier. —ECP: Uno de mis versos predilectos tuyos está en el poema ‘Genesis’: «implorando que el amor no sea mentira». ¿Cómo sabemos cuándo el amor es de verdad? —AO: Cuando lo que sentimos ya no es aquello a lo que la gente llama amor. El amor, lamentablemente, está muy equiparado al enamoramiento inicial de locura adolescente, donde manda la química de nuestro cuerpo. Y luego llega la costumbre, un principio, además, del derecho: cuando no hay ley, se aplica la costumbre. La costumbre tiene algo de sosegado, de convivencia, de conocimiento de la otra persona. Yo creo que amas a alguien cuando eso que sientes es más de lo que define el diccionario. Estoy loco por volver a casa del trabajo solamente porque está aquí mi Loli. —ECP: (Pongo en marcha de nuevo la grabadora tras una pausa en la que Andrés, transmutado en Giacomo Casanova, agasaja a Loli hasta casi convertir el momento en literatura de adultos, instante en el que yo, muy oportuno, le comparo con unos fraseados de Javier Krahe: «Y eso fue todo y se acuesta a mi lado / junto a la lumbre, / al calorcillo del fuego sagrado / de la costumbre). Retomamos el cuestionario y el vino. Hay menciones a las cintas de casete marca BASF. ¿Nunca tuviste curiosidad por otras marcas como TDK, Sony o la Maxwell, que yo estoy utilizando para grabar esta entrevista? —AO: Una de esas cintas de 90 minutos contenía dos discos de Genesis, uno por cada cara, y me acompañó durante mi primer desenamoramiento, Raquel. Y era BASF, porque era la que tenían en Carrot’s, la mítica tienda de discos de Cartagena. —ECP: En el que titulas ‘Win Mertens’, compositor de corte clásico, se lee: «aullar a la luna como solo lo hizo Ozzy Osbourne». Recién fallecido el Príncipe de las Tinieblas, te pregunto: ¿con qué Ozzy te quedas, con el solitario o con el de Black Sabbath? —AO: Con el de los tres primeros discos en solitario. —ECP: Nos movemos hacia Palos, tu último trabajo (Balduque, 2023), con una maquetación que deja atrás el dominante negro en favor de un blanco rompedor azul casi celestial. En ‘Las Amoladeras’ escribes: «mi cinta (BASF, se sobreentiende), se sigue oyendo, pero suena a Misa Negra». En el Resurrection Fest, en Viveiro, existe una capilla donde se ofician bodas satánicas. ¿La conoces? ¿Te seduce la idea de casarte allí? ¿Pasas un pijo? —AO: No he ido nunca al Resurrection, en primer lugar porque está muy lejos y hay otras opciones más cercanas como el Rock Imperium. Ya vamos teniendo una edad. No sabía que existía una capilla de esas. Yo me casé por lo civil, con jueza, la familia como únicos invitados y que debían ir de riguroso negro, música de black metal y unas calaveras en el estrado. Las cosas que se leyeron eran oscuras. No creo que tenga mucho sentido hacer misas, la verdad. Es como pasarse al enemigo. —ECP: ‘Orfeón de la mar’ incluye el término apóstata entre sus versos. Hablemos, pues, de apostasía. ¿Has apostatado? ¿No lo has hecho? ¿No hay nada de qué apostatar? —AO: Conozco quien lo ha hecho y aparenta ser un proceso tedioso y farragoso. No me apetece iniciarlo para que me borren de un sitio como la iglesia católica, a la cual tampoco confiero demasiada importancia como institución. El final es atractivo; el camino no. Hay listas en las que no me importa estar apuntado y esa es una de ellas. A mí me molesta más Dios que el Papa. Y en la lista de Dios, para bien o para mal, no me importa estar. —ECP: En ‘Ese vaso viejo’ cobra protagonismo el vivo tinto. Tú, amante del blanco fresco (aprovechamos para vaciar la botella), ¿cuándo encuentras tu momento para el sangrante de la uva negra? —AO: Los hippies heavies con quienes me relacionaba cuando estudié en Madrid eran solo de vino tinto, considerado un alcohol natural, así que estuve, contando con la etapa del pasado, unos 15 años de mi vida hinchándome a tinto. Pero hubo un momento en el que probé el blanco y, con las calores de esta tierra, me dije que estaría más bueno y más refrescante. Hay veces en la vida en que mi cabeza sufre un click y uno de esos clicks fue con el vino. —ECP: (Brindamos por el vino) ¿Te consideras un gamberro de la poesía? Si no, defínete como poeta. —AO: No poeta. —ECP: Te voy a formular ahora cinco preguntas sobre la reencarnación anacrónica, creas o no en ella. La primera: si pudieses reencarnarte en alguien de la Historia del Arte, ¿qué artista plástico o de la arquitectura te gustaría haber sido? —AO: Definitivamente, Miguel Ángel. —ECP: Si pudieses reencarnarte en un gigoló, ¿a quien te hubiese gustado tener de benefactora? —AO: A Ornella Mutti. —ECP: Si pudieses reencarnarte en novelista, ¿qué personaje de ficción te gustaría haber creado? —AO: A Julien Sorel, protagonista de la novela Le rouge et le noir de Stendhal. —ECP: Si pudieses reencarnarte en cineasta, ¿qué película te gustaría haber filmado? —AO: Emanuelle negra. La vi en la Sala Azul, en Cartagena, un sitio donde echaban las películas “S”. Ahí sí que te ponías cachondo como una perra, no ahora con internet, que es una mierda. Espera, que te relleno la copa. —ECP: Muy amable. La última. Si pudieses reencarnarte en Fernando Fernán Gómez, ¿a quién te hubiese gustado mandar a la mierda? —AO: Definitivamente al cura jesuita de la catedral del pijismo madrileño, que no me aprobaba Derecho Político hiciera el examen que hiciera, aunque fuese de 10. Por fortuna, enfermó para la prueba final y aprobé con su sustituto, cuando ya me planteaba volver a Murcia. También a cada taxista mamón que no me para tras salir de un concierto. —ECP: Te propongo un juego final, el de las respuestas contrastadas. He seleccionado diez preferencias. Cada respuesta tuya la comparamos con la que yo habría puesto si fuese tú, a ver cuántas acierto. La primera: un color. —AO: El negro. (Yo: el negro. Acierto) —ECP: Un fluido. —AO: La lefa. (Yo: la lefa. Acierto) —ECP: Un animal marino. —AO: El pulpo. (Yo: el marrajo. Fallo) —ECP: Un alimento. —AO: Tortilla de patatas (Yo: el queso. Fallo) Lo de la tortilla es porque estuve alimentándome con ella 14 o 15 años. Es verdad que ahora como más queso. —ECP: Pues no me la pienso dar por buena, así que te jodes. Un ave. —AO: La gaviota. (Yo: la gaviota. Acierto) —ECP: Un cantante. —AO: Ozzy Osbourne. (Yo: Camilo Sexto; es coña. Ozzy. Acierto) —ECP: Una bebida. —AO: El vino blanco. (Yo: el vino blanco. Acierto) —ECP: Un lugar. —AO: Cabo de Palos. (Yo: Cabo de Palos. Acierto) —ECP: Un estado emocional. —AO: La tristeza. (Yo: la melancolía. Fallo) Esta sí te la doy por buena porque la melancolía es una tristeza golosa. —ECP: Venga, vale, pero porque eres tú (brindamos por ambas). Un poeta. —AO: ¿Del mundo mundial y de toda la historia? En ese caso, Pablo Neruda. (Yo: Pablo Neruda. Acierto) Igual era un hijoputa, pero como poeta, excelso. Mi ex mujer, cuando me quiso hacer el regalo más especial del mundo, fue a la Biblioteca Nacional, ya que Los versos del capitán estaban descatalogados en España. Se sentó allí, lo copió a mano, lo pasó a máquina y lo encuadernó. —ECP: Ouh yeah! Proyectos en ciernes, por favor. —AO: La jubilación. Luego te lo explico. —ECP: Muchas gracias por tu tiempo. Si quieres añadir algo, es el momento. —AO: Eres un máquina. Eres una persona con la que da gusto estar. Venía yo nervioso, un poco bebido y el síndrome de abstinencia se me ha pasado. —ECP: Brindemos por ello. Tengo, sin contar uno exclusivo para Loli, doce regalos, uno por apóstol. ¿Finiquitamos la entrevista y los vemos? —AO: Joder, claro que sí, muchas gracias (efusivo abrazo final y cierre). * [El Chulo Bohemio es el nombre artístico de SERGIO ACOSTA]
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ENTREVISTAS
El Coloquio de los Perros. CABEZAS, ISMAEL
CAMARASA, RAFAEL CAMPUZANO, CLEOFÉ CANO, LEONARDO CARBAJOSA, NATALIA CARBAJOSA, NATALIA [traducir... poesía] CÁRCELES ALEMÁN, ANA CARIDE, ALBERTO CARRILLO, MARÍA ENCARNACIÓN CARRILLO, VIRIDIANA CASTRO, JUANA CÉLINE CEREZUELA, ANA CERVERA, RAFA CHEJFEC, SERGIO CHEJFEC, SERGIO [5] CHESSA, ALBERTO CHESSA, ALBERTO [Anatomía de una sombra] CHESSA, ALBERTO [Non finito] CHICO, ÁLEX CISNERO, ALBERTO COMAN, DAN CONTRERAS, NADIA CORTINA, ÁLVARO CRUZ, GINÉS CRUZ GUERRERO, Mª CARMEN DELGADO, DESIRÉE DÍAZ, ANA CLAUDIA DÍEZ, JOSÉ MANUEL DOMINIQUE A ELENA PARDO, CRISTINA ELKOURI, RIMA ESPEJO, JOSÉ DANIEL ESPEJO, JOSÉ DANIEL [Perro fantasma] FABRELLAS, JOAQUÍN FONT, VIOLETA GAIRÍN, RAMIRO GALÁN, JULIO CÉSAR GALÁN MOREU, SALVADOR GALÁN MOREU, SALVADOR [No fall] GALINDO, BRUNO GALLARDO, JOSÉ MANUEL GALLUD, EVA GALVÁN, ANI GAMBOA, JEYMER GARCÍA, CONCHA GARCÍA, DIEGO L. GARCÍA JIMÉNEZ, SALVADOR GARCÍA LÓPEZ, ERNESTO GARCÍA MELLADO, ISABEL GARCÍA PÉREZ, MANUEL GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO GARCÍA-VILLALBA, ALFONSO [La nueva subjetividad] GARRIDO PANIAGUA, RODRIGO GASS, CARLOS GERANIOS, ANA GINÉS, ANTONIO LUIS GINÉS, ANTONIO LUIS [Antonov] GINÉS, ANTONIO LUIS [Corriente invisible] GÓMEZ, MACARENA GÓMEZ BLESA, MERCEDES GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO GÓMEZ RIBELLES, ANTONIO [QUIROMANTE] GONZÁLEZ LAGO, DAVID GRACIA, ÁNGEL GROZO, DANIEL GUERRA NARANJO, ALBERTO HENDERSON, DAIANA HERNÁNDEZ, GALA HERNÁNDEZ, JULIO HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [EL DOLOR DE LOS DEMÁS] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [ANOXIA] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [TIEMPO POR VENIR] HERNÁNDEZ, MIGUEL ÁNGEL [YO ESTOY EN LA IMAGEN] HERNÁNDEZ BUSTO, ERNESTO IRIBARREN, KARMELO C. JACINTO, ANA LUISA JORGE PADRÓN, JUSTO JUAN, MIGUEL (de) KASZTELAN, NURIT LADDAGA, REINALDO LARA ALBERCA, JOSÉ MANUEL LAYNA RANZ, FRANCISCO LEZCANO, YULEISY CRUZ LINAZASORO, KARLOS LLOR, DOMINGO LOBATO, FLORA LÓPEZ, PABLO LÓPEZ AGÜERA, FULGENCIO ANTONIO LÓPEZ BRETONES, JOSÉ LUIS LÓPEZ KOSAK, ANDREA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA LÓPEZ MONDÉJAR, LOLA [Qué mundo tan maravilloso] LÓPEZ PELLICER, PABLO LÓPEZ POMARES, ALEJANDRO LÓPEZ SANDOVAL, DAVID LÓPEZ SORIA, MARISA LOUZAO, ALICIA LOZANO, MERCEDES MACHUCA, LUIS MAESTRO, JESÚS G. MALAVER, ARY MANUELA, ADRIANA MARGARIT, LUCAS MARÍN, MARÍA MARÍN, MARÍA [Lo que se hunde] MARÍN, MARIO MARÍN ALBALATE, ANTONIO MARQUARDT, ANJA MART, BLANCA MARTÍ VALLEJO, MAITE MARTÍN, RUBÉN MARTÍN GIJÓN, SUSANA MARTÍN IGLESIAS, VÍCTOR MARTÍNEZ CASTILLO, ANA MARTÍNEZ MÁRQUEZ, ALBERTO MENDOZA, NURIA MESA, SARA MICÓ, JOSÉ MARÍA MIGUEL, LUNA MIRALLES, INMA MOGA, EDUARDO MOLINO, SERGIO (DEL) MONTEVERDE, JULIO MONTEVERDE SÁNCHEZ, CONCEPCIÓN MOR, DOLAN MORALES, JAVIER MORANO, CRISTINA MOREJÓN, NANCY MORENO, ANTONIO MORENO, ELOY MORENO, JAVIER MORENO, SEBASTIÁN MORENTE, ESTRELLA MOYA, MANUEL MUÑOZ, MIGUEL ÁNGEL NAVARRO, ÓSCAR NETO DOS SANTOS, MANUEL NIETO, LOLA NORDBRANDT, HENRIK NUÑO, SIHARA OLMOS, ALBERTO OREJUDO, ANTONIO ORTIZ, DEMIAN ORTIZ ALBERO, MIGUEL ÁNGEL PALOMEQUE, AZAHARA PAPELES DEL NÁUFRAGO [Antonio Lafarque y Aníbal García] PARDO VIDAL, JUAN PARRA SANZ, ANTONIO PARRA SANZ, ANTONIO [Gómes & Cía] PELLICER, GEMMA PEÑA DACOSTA, VÍCTOR PEÑALVER, PATRICIO PEÑAS, ESTHER PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Querida hija imperfecta] PÉREZ CAÑAMARES, ANA [Las sumas y los restos] PÉREZ LEAL, AGUSTÍN PÉREZ MONTALBÁN, ISABEL PERONA, JESÚS PICÓN, EMILIO PRADA, JUAN MANUEL DE PRUDENCIO, JESÚS PUJANTE, BASILIO PUJANTE, MANUEL QUIJANO SÁNCHEZ, EDUARDO REINA, NÉSTOR RÍOS, BRENDA RIVAS GONZÁLEZ, MANUEL ROBLES, SALVA RODRÍGUEZ, ALFREDO RODRÍGUEZ, ALFREDO [Urre Aroa] RODRÍGUEZ, ALFREDO [Días del indomable] RODRÍGUEZ, HILARIO J. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, ANTONIO RODRÍGUEZ PAPPE, SOLANGE ROMERO MORA, J.D. ROMERO MORA, J.D. [En el desvarío] ROSADO, JUAN JOSÉ ROSSELL, MARINA ROVALHER, DANIEL RUDEL, JAUFRÉ RUIZ, MIGUEL ÁNGEL RUIZ GUERRERO, Mª CARMEN SALSE BATÁN, ALEJANDRO SÁNCHEZ, GINÉS SÁNCHEZ, GINÉS [2096] SÁNCHEZ, GINÉS [El borde cortante] SÁNCHEZ, GINÉS [Mujeres en la oscuridad] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El órgano] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [El nudo] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Factbook] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [La cadena del frío] SÁNCHEZ AGUILAR, DIEGO [Los que escuchan] SÁNCHEZ GÓMEZ, MARISOL SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS SÁNCHEZ MARTÍN, LUIS [Pastillas debajo de la lengua] SÁNCHEZ MENÉNDEZ, JAVIER SÁNCHEZ ROBLES, MIGUEL SÁNCHIZ, ANTONI SANTOS, ABEL SCHWEBLIN, SUSANA SEÑOR, RUBÉN SERRANO, PABLO SORIANO, ADA SUANE, SAÚL TRIGUEROS, SARA J. ÚBEDA, ANABEL URÍA, JUAN MANUEL VAL, FERNANDO DEL VALDÉS, ANDREA VALERO, MANUEL VALLÈS, TINA VARAS, VALENTINA VEGA, MIGUEL VERA FIGUEROA, ALBA VICENTE, TERESA VICENTE CONESA, FRANCISCO VILA-MATAS, ENRIQUE Hemeroteca
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