|
por CARLOS FERNÁNDEZ Para Javi. Y también para Juan y sus alumnos de Historia del Arte. El 12 de diciembre de 1995 Jorge Semprún (1923-2011) pronunció en Madrid una conferencia bajo el título ‘El paso de la laguna Estigia. Joachim Patinir’. Atendía, de este modo, a una propuesta que le había hecho llegar la Fundación Amigos del Museo del Prado. El autor aceptó de buen grado la invitación, pues ese cuadro había estado presente en su vida desde la infancia. Y así lo dijo en aquella intervención, que resultó, como eran siempre las suyas, brillante y provocativa. Se publicó al año siguiente en el volumen colectivo Obras maestras del Museo del Prado. Por lo cual, la memoria infantil, la memoria de la clandestinidad, la memoria de la vida normal, después, y hasta la memoria ministerial, todas las memorias sucesivas del Prado pueden coincidir en esa sala de los primitivos flamencos, porque allí es donde descubrí El paso de la laguna Estigia (SEMPRÚN 1996, p. 108). Con cuatro pinceladas expuso el conferenciante los sucesivos estratos de memoria personal que fue acumulando el cuadro a lo largo de su vida. Había descubierto la obra de Patinir cuando era un niño, durante la Segunda República. Tras mucho tiempo volvió a tener ocasión de contemplarla a lo largo de los diez años (1953-63) que duró su actividad política clandestina en España. Poco tiempo después Semprún ya pudo recorrer el museo con la normalidad de cualquier interesado por la pintura. Y en los años 1988-90 visitó la pinacoteca como Ministro de Cultura, acompañando a autoridades de otros países. De todo esto habló él con frecuencia y sobre ello hemos escrito con anterioridad (FERNÁNDEZ 2019, pp. 231-243). El descubrimiento del cuadro por el pequeño Jorge fue el comienzo de una fascinación perenne por esta tabla y su autor. Podría tener siete u ocho años y fue aquella una etapa que no duró mucho, pues en 1936 su familia se exilió en Francia y él tardó mucho tiempo en volver a Madrid. Experiencia breve pero intensa, pues muchas mañanas de domingo su padre llevaba a alguno de sus hijos a recorrer las salas del museo, recordó aquel día en el auditorio del Prado: Mi infancia se ha desenvuelto a dos centenares de metros de este Museo y la visita dominical era, a la vez, algo impuesto por la autoridad paterna, y una fiesta, un regocijo, un descubrimiento (SEMPRÚN 1996, p. 108). En la Colección Fernández Rivero de Fotografía Antigua encontramos esta imagen parcial de la sala de los primitivos flamencos, fechada en torno a 1930, en la que estaban las cuatro obras de Patinir que conserva el Prado. En ella Jorge Semprún descubrió la laguna Estigia. Basta con echar un vistazo a las fotos que esta Colección posee del interior de Museo para comprobar que en aquellos años las salas estaban atiborradas de cuadros dispuestos de una manera abigarrada y eso hacía realmente difícil para un niño discernir entre lo que le gustaba y lo que no. Cabe entonces preguntarse por qué le cautivó precisamente esta tabla del pintor «de lo recatado y de lo recoleto», por qué la prefirió frente a otras que también estaban allí, por ejemplo algunas de El Bosco. O a las grandes composiciones de Velázquez y Goya. No lo sabemos, puesto que él no lo dijo nunca, pero ha de haber una o varias razones, así que vamos a hacer algunas conjeturas plausibles, verosímiles sin duda. Comenzaremos diciendo que desconocemos por completo qué les contaba José María Semprún Gurrea a sus hijos ante esta escena. Pero habida cuenta de que era un hombre católico y practicante, acudiría a algún texto escatológico de la Biblia, por ejemplo, el que se encuentra en el primer Evangelio (Mt. 25: 31-46): ahí están la resurrección y el juicio, los bienaventurados y los condenados, la gloria y el castigo. Esta historia tuvo que impresionar mucho al jovencísimo Semprún, es razonable pensar que así ocurriera. A la edad que Jorge tenía en aquella fecha la muerte empieza a poblar los juegos y los sueños de los niños. Pero a él y a sus hermanos se les manifestó de manera brutal, ocupó literalmente el piso de la calle Alfonso XI donde vivían, ya que en enero de 1932 muere su madre, Susana Maura Gamazo. Jorge acababa de cumplir ocho años: «Para los niños Semprún, esta fue la primera fase de la pérdida del paraíso, y fue decisiva» (FOX MAURA 2016, p.37). A partir de aquel momento el cuadro y las palabras de su padre explicando la historia que contenía tuvieron que empezar a cobrar un significado especialmente grave para él. Y que nuestra suposición no va descaminada lo indica el hecho de que en la conferencia pronunciada en el Prado recurrió, frente a otras, a esa interpretación iconográfica, y dijo lo siguiente: Todo ello (la simbología mitológica del agua), como apuntaba, se manifiesta con claridad, se condensa y se ejemplifica más claramente que en cualquier otro cuadro de Patinir en este de la laguna Estigia. Hay una referencia directa al simbolismo del paraíso y del infierno. Hay una elaboración cristiana de la mitología griega tradicional, de la mitología pagana. Hay una apertura a lo infinito de la habitual superficie acuática (SEMPRÚN 1996, p.109) Además de la historia que en ella se narra, sin duda fue el color de la obra de Patinir el otro rasgo que cautivó la atención de aquel niño, el azul del río, el de los suaves relieves que se ve al fondo y también en la estrecha franja del cielo. Por eso aquel día dedicó mucho tiempo a hablar del color y del paisaje que contemplamos en la tabla. Y además, porque la perspectiva acuática y el color que esta perspectiva impone en el cuadro, ese azul-patinir increíble, mezcla de verde y azul, ese azul tan original, que puede identificarse como algo insólito, como algo nuevo, algo que ha perdurado como específico a lo largo de siglos de pintura, ese azul-patinir se manifiesta de forma peculiar en este cuadro. Esa agua de Patinir, ese azul acuático de Patinir, es un azul originario, bautismal, mitológico, y su paisaje, el paisaje que él pinta, que él inventa, es en cierta medida una visión metafísica del mundo, abstraída de las contingencias sociales o políticas, pero que reflejan lo más íntimo del alma humana (SEMPRÚN 1996, pp. 109 y 111). Resultan muy sugerentes estos párrafos, pues nadie antes que Semprún había hablado de “azul-patinir”, solamente él identificó al pintor, nacido tal vez en Dinant hacia 1485 y fallecido en Amberes en 1524, con ese azul en el que se mezcla la densidad del lapislázuli con la ligereza de la azurita. No fue un término que se le hubiera ocurrido para aquella conferencia, venía de lejos, pues ya lo encontramos en su novela La montaña blanca, publicada en París en 1986. Así pues, aquel azul de su infancia había sido reelaborado por él para convertirlo, junto al río, en los dos verdaderos protagonistas del cuadro. Para buscar las posibles fuentes iconográficas de la historia que muestra Patinir los historiadores del Arte recurren a Hesíodo, a Virgilio y a Dante. Pero, tras analizarlas en detalle, alguno de ellos las descarta y buscan otra explicación al cuadro (MADERUELO 2012, pp. 77-83). Sin embargo, no suelen citar este texto de Platón que se encuentra en el Fedón, en cuyas últimas páginas el autor pone en boca de Sócrates el mito del viaje del alma por los ríos del inframundo una vez que se produce la muerte del cuerpo, y que creemos muy oportuno tenerlo en cuenta: Y, a su vez, de enfrente de éste surge el cuarto río, que primero va por un lugar terrible y salvaje, según se dice, y que tiene todo él un color como el del lapislázuli; es el que llaman Estigio, y Estigia llaman a la laguna que forma el río al desembocar allí (PLATÓN 2012). Desconocemos quién encargó este cuadro, pero podemos pensar en un cliente rico y culto que hubiese leído a Platón, pues sus obras completas circulaban por Europa tras haber sido traducidas al latín por Marsilio Ficino y editadas varias veces en los años en que vivió Patinir: Florencia (1483), Venecia (1491) y París (1522). Tenemos que imaginar a un comitente que va a Amberes, ciudad que se había convertido en uno de los grandes centros de la producción artística durante el Renacimiento, para encargar una obra a un pintor afamado, sofisticado y preciosista, con un tema iconográfico inspirado en este mito platónico y que acabaría, por caminos aún desconocidos, en la colección de los monarcas españoles. Un cuadro de dimensiones modestas destinado a un espacio privado, de formato apaisado, pintado con pigmentos caros y en el que se ve, en medio de un extraordinario paisaje plagado de mamíferos y aves, al barquero Caronte llevando a un alma a lo largo del río, una auténtica rareza en la producción que ha llegado a nosotros del pintor Joachim Patinir. En este punto tenemos que ir a la biografía de Jorge Semprún para recordar que en los años 1940-42 se preparaba en el Lycée Henri-IV de París para poder cursar la carrera de Filosofía más tarde. Estaba decidido a dedicarse profesionalmente a esta disciplina, pero la invasión de Francia por el ejército de Hitler y su decisión de alistarse en la Resistencia hicieron fracasar el plan. Aún así, en aquellos años comenzó a leer los textos de los grandes filósofos, cosa que seguirá haciendo a lo largo de toda su vida. En algún momento hubo de caer necesariamente en sus manos el Fedón, en el que halló el río Estigio con el color del lapislázuli. Platón y Patinir se daban la mano. El paisaje, el color y la escena central del cuadro tenían para Semprún un valor trascendente, metafísico, que no se presentó de modo súbito sino que se fue elaborando a lo largo de varias décadas, pues tienen que ver con algunos hechos muy relevantes de su biografía. A finales de 1943 fue hecho prisionero por la Gestapo en Francia y en enero del año siguiente es deportado al campo de concentración de Buchenwald, cerca de Weimar. Allí pasa quince meses. Una vez liberado el campo tardará muchos años en hablar del universo concentracionario y sólo comenzará a hacerlo en su primer libro, El largo viaje, publicado en 1963 por Gallimard, en París. En un párrafo de esa obra revela que mientras había deportados que robaban la magra ración de pan a sus compañeros empujándolos a la muerte, otros la compartían con sus camaradas para ayudarlos a sobrevivir (SEMPRÚN 1976, pp. 70-71). Fue un duro aprendizaje que no olvidó nunca. Allí descubrió la experiencia del Mal radical, un concepto tomado de Kant. En el libro La escritura o la vida, que se publica en España en 1995, apenas unos meses antes de pronunciar la conferencia en el Prado, pone en boca de uno de sus personajes estas palabras: Lo esencial es la experiencia del Mal. Ciertamente, esa experiencia puede tenerse en todas partes... No hacen ninguna falta los campos de concentración para conocer el Mal. Pero aquí esa experiencia habrá sido crucial, y masiva, lo habrá invadido todo, lo habrá devorado todo... Es la experiencia del Mal radical... El mal es uno de los proyectos posibles de la libertad constitutiva de la humanidad del hombre... De la libertad en la que arraigan a la vez la humanidad como la inhumanidad del ser humano... (SEMPRÚN 1995, pp. 103-104). Tras esta lectura regresamos de nuevo a la laguna Estigia de Patinir, pues ese ser humano, desnudo y solo, que viaja en la barca de Caronte y que mira decidido a su izquierda, hacia el infierno, desdeñando el gesto del ángel desde la otra orilla, ha elegido el Mal. Y lo ha hecho en uso de su libertad. Semprún era muy consciente de que Patinir se estaba convirtiendo en un pintor hermético y por eso se esforzó en buscar para esta tabla tan enigmática una interpretación que sirviese para todos y cada uno de los varios millones de visitantes que cada año llegan al museo del Prado procedentes de cualquier lugar del mundo, desde culturas muy diversas y visitan la sala 55A. La encontró en el campo de Buchenwald. La laguna se convirtió para él en río Estigio, una metáfora de la vida, con sus encrucijadas en las que ejercemos en la soledad más desnuda nuestra libertad, asumiendo que el mal es una de las opciones de las que dispondremos siempre. Como acabamos de ver, Jorge Semprún aquel 12 de diciembre de 1995 no acudió a los estudios académicos sobre Patinir. Citó a Dante y a algunos ensayistas como André Barret y Gastón Bachelard. Pero sobre todo habló de lo que más le gustaba: de filosofía y de poesía, de Platón y de Jorge Manrique. Y abrió y cerró la charla acompañado de Juan Larrea, un heterónimo suyo, un deportado que no resiste la pulsión del suicidio y se sumerge en el Sena acordándose del río Estigio y del azul lapislázuli. En algún momento de su vida Semprún declaró: «Por encima de todo soy un ex deportado de Buchenwald» (SEMPRÚN 2014, p.156). Sin embargo, nosotros pensamos que nunca salió del cuadro de Patinir que había descubierto cuando era un niño. Por eso puede Juan Larrea, y puede cualquiera que descubra a Patinir, acordarse de él no solo en el momento de la muerte, sino en cualquier momento crucial de la vida. Encontrarse frente a ese cielo, frente a esa laguna, más bien río Estigio que es el río de la vida, con, de un lado, la representación del Paraíso, con esos edificios cristalinos, tan directamente inspirados por El Bosco, que puede ser el palacio de la ensoñación, de la utopía de una vida feliz, y, del otro lado, las escenas minuciosas del Infierno, es como encontrarse al comienzo y al final del viaje. No solo el viaje de Patinir, el largo viaje de la vida misma (SEMPRÚN 1996, p.111). Bibliografía citada:
—Carlos FERNÁNDEZ: ‘El museo del Prado imaginario de Jorge Semprún, en De Arte, nº 18, 2019. —Soledad FOX MAURA: Ida y vuelta. La vida de Jorge Semprún, 2016. —Javier MADERUELO: Joachim Patinir. El paso de la laguna Estigia, 2016. —PLATÓN: Fedón, https://juanfermejia.com/wp-content/uploads/2012/07/platon-fedon.pdf —Jorge SEMPRÚN: El largo viaje, 1976. —Jorge SEMPRÚN: La escritura o la vida, 1995. —Jorge SEMPRÚN: ‘El paso de la laguna Estigia. Joachim Patinir’, en VVAA: Obras maestras del Museo del Prado, 1996. —Jorge SEMPRÚN: Vivir es resistir, 2014.
0 Comentarios
Deja una respuesta. |
ARTÍCULOS
El Coloquio de los Perros. 2025
2024
2023
2022
2021
2020
2019
2018
2017
2016
2015
ESTARÉ BESANDO TU CRÁNEO. "PRINCIPIO DE GRAVEDAD" DE VICENTE VELASCO
LOS AÑOS DE FORMACIÓN DE JACK KEROUAC ALGUNAS FUENTES FILOSÓFICAS EN LA NARRATIVA DE JORGE LUIS BORGES EDWARD LIMÓNOV: EL QUIJOTE RUSO QUE SINTIÓ LA LLAMADA A LA ACCIÓN EXILIO Y CULTURA EN ESPAÑA VIGENCIA DE LA RETÓRICA: RALPH WALDO EMERSON, MIGUEL DE UNAMUNO Y EL AYATOLÁ JOMEINI LA VISIÓN DE RUBÉN DARÍO SOBRE ESPAÑA EN SU LIBRO "ESPAÑA CONTEMPORÁNEA" PUNTO DE NO RETORNO JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD: ENTRE LA NOCHE Y LA CREACIÓN EL HIELO QUE MECE LA CUNA NO FUTURE MUERTE EN VENECIA: DE LA NOVELA AL CINE GUILLERMO CARNERO: DEL CULTURALISMO A LA POESÍA ESENCIAL ARCHIPIÉLAGOS DE SOLEDAD DENTRO DE LA PINTURA JUAN GOYTISOLO, NUEVO PREMIO CERVANTES, LA LUCIDEZ DE UN INTELECTUAL CONTEMPORÁNEO LA INFLUENCIA DE LUIS CERNUDA EN LA OBRA DE FRANCISCO BRINES EL LENGUAJE POÉTICO, REALIDAD Y FICCIÓN EN LA OBRA DE JAIME SILES EL ENSAYO COMO PENSAMIENTO GLOBAL EN LA OBRA DE JAVIER GOMÁ DESIERTOS PARADÓJICOS, DESIERTOS MORTÍFEROS DOS POETAS ANDALUCES Y UNA AVENTURA EXISTENCIAL "NEO-NADA", DE DOMINGO LLOR EL SOMBRÍO DOMINIO DE CÉSAR VALLEJO LAURIE LIPTON: DANZAS DE LA MUERTE EN UNA ERA DEL VACÍO MUJICA. LA SAPIENCIA DEL POETA IMITACIÓN Y VERDAD. JOHN RUSKIN LA OBRA LUMINOSA DE ÁLVARO MUTIS A TRAVÉS DE MAQROLL EL GAVIERO SIEMPRE DOSTOIEVSKI. REFLEXIONES SOBRE EL CIELO Y EL INFIERNO ANÁLISIS DEL PERSONAJE DE OFELIA EN HANMLET DE WILLIAM SHAKESPEARE EL QUIJOTE, INVECTIVA CONTRA ¿QUIÉN? ESQUINA INFERIOR DERECHA, ESCALA 1:500 BAUDELAIRE Y "LA MUERTE DE LOS POBRES" "ES EL ESPÍRITU, ESTÚPIDO" CONEXIÓN HISPANO-MEJICANA: JUAN GIL-ALBERT Y OCTAVIO PAZ LADY GAGA: PORNODIVA DEL ULTRAPOP LA BIBLIA CONTRA EL CALEFÓN. LAS IMÁGENES RELIGIOSAS EN LOS TANGOS DE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO VILA-MATAS, EL INVENTOR DE JOYCE. UNA LECTURA DE "DUBLINESCA" UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO: EL NUEVO PERIODISMO COMO LA VOZ DEL ANIMAL NOCTURNO. BREVES ANOTACIONES SOBRE LA TRAYECTORIA POÉTICA DE CRISTINA MORANO JOHN BANVILLE: LA ESTÉTICA DE UN ESCRITOR CONTEMPORÁNEO KEN KESEY: EL MESÍAS DEL MOVIMIENTO PSICODÉLICO CINCUENTA AÑOS DE UN LIBRO MÁGICO: RAYUELA, DE JULIO CORTÁZAR LA INCOMUNICACIÓN Y EL GRITO QUEVEDO REVISITADO: FICCIÓN, REALIDAD Y PERSPECTIVISMO HISTÓRICO EN "LA SATURNA" DE DOMINGO MIRAS LAS RIADAS DEL ALCANTARILLADO MÚSICA EN LA VANGUARDIA: LA ESCRITURA DE ROSA CHACEL MULTIPLICANDO SOBRE LA TABLA DE LA TRISTEZA: UNA APROX. A LA TRAYECTORIA POÉTICA DE JOSÉ ALCARAZ RUBÉN DARÍO EN LOS TANGOS DE ENRIQUE CADÍCAMO THE VELVET UNDERGROUND ODIABAN LOS PLÁTANOS "TREN FANTASMA A LA ESTRELLA DE ORIENTE" DE PAUL THEROUX: EL VIAJE COMO FORMA DE CONOCIMIENTO EL TEMA DEL VIAJE EN LA PROSA FANTÁSTICA HISPANOAMERICANA GUERRA MUNDIAL ZEUTA LA HAZAÑA DE PUBLICAR UN NOVELÓN CON SOLO 25 AÑOS JACINTO BATALLA Y VALBELLIDO, UN AUTOR DE REFERENCIA EL OJO SONDA: LA MIRADA DE TERRENCE MALICK SURF Y MÚSICA: MÚSICA SURF EL PERSONAJE METAFICCIONAL DE AUGUST STRINDBERG MARCELO BRITO: PRIMEROS PASOS HACIA EL TREMENDISMO EN LA OBRA DE CAMILO JOSÉ CELA EPIFANÍAS JOYCEANAS Y EL PROBLEMA AÑADIDO DE LA TRADUCCIÓN EL VALLE DE LAS CENIZAS RASGOS BRETCHTIANOS EN "LA TABERNA FANTÁSTICA" DE ALFONSO SASTRE AL OESTE DE LA POSGUERRA. JÓVENES EXTREMEÑOS EN EL MADRID LITERARIO DE LOS CUARENTA LORD BYRON Y LA MUERTE DE SARDANÁPALO JUAN GELMAN. UNA MIRADA CARGADA DE FUTURO FRANZ KAFKA: UN ESCRITOR DISIDENTE Hemeroteca
Archivos
Noviembre 2025
Categorías
Todo
|
Canal RSS